El Gobierno tras el visillo

Javier Marcotegui Ros 4 junio 2017 Opinión

Llegó al Palacio de Navarra adornado con el vistoso ropaje político de Gobierno del cambio. Durante la campaña electoral no se había explicado el contenido de este objetivo. Su alcance y sentido quedó a libre interpretación o, mejor, imaginación de los ciudadanos que fueron atraídos por el señuelo vacío. Algunos fuimos conscientes de la vaciedad, fuera de lo nacionalista. Bastaba con prestar atención a que el Gobierno debía construirse con cuatro retales de colores y texturas muy distintas. Los había de restos de formaciones políticas que se habían encontrado próximas a los que no habían tenido más instrumento político que el terrorismo. Todavía no condenaban la violencia terrorista, tan solo la rechazaban. Otros eran el resultado de una amalgama o revoltijo populista que más se parecía a un magma que a algo políticamente estructurado. No faltaban restos, casi desaparecidos del arcón político, bastante desleídos y con un fuerte tufillo a naftalina. Finalmente, se añadía un trozo pequeño, de origen burgués que acabó alzándose con la presidencia. No tenían más trabazón que el nacionalismo y una autodefinición de otro concepto vacío: progresismo.

Pronto pudimos comprobar que llevaban un virtual cabestro en torno a la cabeza con unas inmensas anteojeras que limitaba el campo de visión a una estrecha banda del horizonte. Quedaron impedidos para ver sus 360 grados donde se encuentra el interés general y donde se refleja la complejidad y diversidad de la sociedad navarra. No han visto que hacia el Norte se encuentra un numeroso grupo de ciudadanos luchando por dar a sus hijos una enseñanza en inglés. Tampoco que hacia el Sur otros reclaman con insistencia el Canal de Navarra para llevar agua a sus regadíos y grifos de la cocina. Hacia el Este algunos solicitan ayudas universitarias generosas y hacia el Oeste levantan la voz familias numerosas que se duelen de un perverso sistema fiscal que los ahoga. En el centro, todos unidos, esperamos unas comunicaciones ferroviarias modernas que garanticen un desarrollo económico competitivo enlazado con Europa, con el corredor del Mediterráneo y la capital española.

Solo han visto los intereses del nacionalismo con sus obsesiones e imprescindibles enemigos, sus verdades a medias, sus demagogias encarnadas en el gobierno al que había que cambiar sin saber, realmente, por qué ni para qué, sino porque sí; con sus visiones oníricas de la integración del viejo e inmemorial Reino de Navarra en la moderna entidad política Euskadi. Comenzaron con la expansión del vascuence hasta territorios dónde nunca se ha hablado, como no sea que nos remontemos hasta los Iberos, y preparan la cabeza de puente de la colonización territorial. De la mano de las disposiciones sobre el conocimiento del vascuence para la incorporación a los puestos de funcionarios preparan la ocupación del territorio. Mas que el conocimiento de la lengua lo que buscan es la extensión de un sentimiento y una predisposición personal para la integración de Navarra que, previamente, habrán empobrecido y hecho dependiente. En caso de que así no fuera, ¿qué razones hay para que se opongan al TAV que paga el Estado o para rechazar al canal y otras infraestructuras de desarrollo? Necesitan que hasta el jardinero de Tudela sepa vascuence para hablar con las rosas o las mangueras o que prime el conocimiento de esta querida lengua, a la que los navarros nunca renunciaremos, sobre la excelencia de conocimientos técnicos. Las anteojeras les ha conducido a renegar de su propia bandera, la que simboliza a la Comunidad y a todos los navarros en beneficio de otra ajena y extraña.

Pero hasta aquí llegó la marea. Los navarros del Norte, Sur, Este y Oeste han reaccionado ante tamaño dislate. Al final de la manifestación pacífica para defender la bandera, alguien dijo que se había sembrado la semilla de la defensa de Navarra. Se equivocó, esta semilla lleva sembrada muchos años y afortunadamente, cuando es preciso, rebrota con fuerza para salvaguar su personalidad política.

Pero la manifestación ha servido para comprobar que el Gobierno no da la cara como las personas nobles, no viene de frente, sino por la espalda. Se encontraba detrás de la cortina, como hacen los taimados. Quería ver sin ser visto con algunas aviesas intenciones, seguro. Por tal razón no nos engañemos. El Gobierno no va a cambiar, no va a prescindir de las anteojeras para encontrar el justo, armonizado y difícil equilibrio entre los intereses contrapuestos. Por poner solo dos ejemplos: del vascuence y el castellano, de la defensa de Navarra y la leal colaboración política con las comunidades del entorno. El Gobierno solo entiende el lenguaje de las urnas y allí debemos derrotarlo.

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Esta noticia la publicamos el 26 de agosto de 2011