El Gobierno de Navarra reconoce que no sabe a quién va a homenajear como víctima de las “otras violencias”

Redacción 9 febrero 2017 Noticias
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El Gobierno de Navarra dice que va a homenajear a las víctimas de las “otras violencias” que no eran ETA, pero que no puede concretar exactamente a quiénes va a homenajear. Están enredados en su laberinto. Homenajean a las víctimas de violencia policial pero no pueden concretar exactamente a quién. No hay una lista. No por lo menos una lista cerrada. Sería demasiado complicado y contradictorio. ¿Qué es una persona abatida por la policía? ¿Un héroe? ¿Un terrorista? ¿Metemos a todo el mundo en el mismo saco y le hacemos un homenaje?

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El etarra Stein

Tiene una calle dedicada en Olazagutía. ¿Quién es este personaje? ¿Está incluido en el homenaje? ¿Está excluido? ¿Se sabe si está incluido o excluido? ¿Cuál es su mérito? Angel Gurmindo, alias “Stein” y “escopetas”, era un presunto miembro de ETA asesinado por los GAL en Hendaya, en 1984, en una época en que los etarras eran judicialmente intocables porque ostentaban el status de refugiado político en Francia. ¿Hay que hacerle un homenaje a este sujeto? ¿Por qué? Una cosa es rechazar el GAL o entender que el fin no justifica los medios y otra hacer un homenaje a un etarra porque lo asesinó el GAL. La pregunta de si Stein merece homenaje es retórica porque, como decíamos, ya tiene dedicada una calle en Olazagutía. Su retrato cuelga del salón de plenos del Ayuntamiento de la localidad. Y a nadie del cuatripartito le importa ni hace nada para evitarlo. Todas esas brigadas que recorren Navarra en busca de vestigios franquistas a eliminar no tienen nada que decir sobre Olazagutía. Escopetas es un héroe foral. Sin embargo, homenajear a un etarra por ser víctima del GAL sería tan absurdo como homenajear a un miembro del GAL por haber sido vícitma de ETA, situación que por cierto nunca se dio, para que se vea lo lejos que estuvo la realidad de ser una lucha entre ETA por un lado y los GAL por otro.

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El etarra José Luis Echevarría Aguirre

El 25 de enero de 1979 murió tras un tiroteo en Tudela el etarra José Luis Echevarría Aguirre. El etarra intentó atentar contra un cabo de la Guardia Civil de Tráfico que consiguió repeler la agresión con su arma reglamentaria. ¿Hay que homenajear a José Luis Echevarría Aguirre por haber muerto por los disparos de un funcionario del estado? ¿Es un héroe con el que estado y la nación tienen alguna deuda? ¿Está excluido del homenaje que prepara Barcos? ¿Dónde dice exactamente que está excluido? ¿Quién está incluido y excluido si el propio Gobierno de Navarra reconoce que no sabe quién está incluido y quién está excluido?

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Alfonso Yoldi Martínez y Emiliano Iturri Lizoain

Se trata de dos etarras que murieron en Tafalla en 1987 cuando preparaban una bomba en el interior de un coche, para atentar contra un concesionario de Peugeot. La Asociación por la Paz de Euskal Herría en Navarra convocó una concentración “de repulsa de todo tipo de violencia”, señalando no obstante que los dos jóvenes habían muerto “víctimas de sí mismos”.

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José Luis Cano y Germán Rodríguez

En el caso de José Luis Cano, un grupo de manifestantes partidarios de la amnistía en mayo del 77 arrojó piedras contra la policía, la cual respondió disparando pelotas de goma. Juan Luis Cano, tras arrojar una piedra, intentó refugiarse en un bar, siendo interceptado por varios policías que le golpearon, uno de ellos con una pistola, la cual aparentemente se disparó en ese momento hiríendole de muerte en la cabeza. Germán Rodríguez es otro caso de un manifestante que participaba en unos disturbios sumamente violentos, en los Sanfermines del 78, el cual fue alcanzado por un disparo de la policía. Su muerte puede ser desgraciada, desproporcionada e injusta, incluso asumiendo que en ambos casos no existiera una intención de matar por parte de la policía. Pero el mero hecho de que te mate un policía no es un mérito. Que ese hecho sea condenable no implica necesariamente el homenaje. A fin de cuentas, hablamos de homenajear a personas que tiraban piedras a la policía, ahora diríamos que practicaban la “kale borroka”. Lo que hicieron José Luis Cano y Germán Rodríguez no era aplaudible, aunque la respuesta que recibieron sí sea condenable.

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Mikel Zabaltza

Otra categoría de víctimas sería la de personas como Mikel Zabaltza, cuyo cuerpo apareció en el Bidasoa a su paso por Endarlaza 20 dias después de haberse dado a la fuga cuando, supuestamente, acompañaba a la Guardia Civil a localizar un zulo. Las sospechas son que Zabaltza, en realidad, murió en Inchaurrondo durante el interrogatorio y luego se trasladó su cuerpo al río y se elaboró la historia de la fuga para justificar su muerte. Mikel Zabaltza, que se sepa, no era miembro de ETA. Este tipo de casos son los más sensibles. Estrictamente, a lo que tiene derecho alguien como Mikel Zabaltza es a Justicia, no a homenaje. Hay que insistir en sólo tiene sentido que la nación haga un homenaje a alguien que a su vez ha hecho algo por la nación y por el estado de derecho, o que ha resultado víctima en el enfrentamiento entre la nación y quienes la intentaban destruir. Cierto es que en algunos casos, y no sólo por un lado (hay cientos de acciones de ETA sin resolver), hay personas que no han tenido ni justicia ni homenaje. Pero intentar subsanar lo uno con lo otro sólo genera confusión.

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La violencia legítima del estado

Es indudable que las fuerzas de seguridad del estado pueden ejercer una violencia legítima. De hecho ninguna fuerza parlamentaria lo cuestiona, la prueba es que la Polícía Municipal, la Policía Foral o la Ertzaintza llevan pistola. No tiene sentido que los agentes de esos cuerpos vayan armados si no se acepta el principio de que existe un uso legítimo de la fuerza por parte del estado. Por consiguiente, tampoco se puede condenar el uso de esa violencia legítima cuando se produce.

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¿Y la violencia que no es legítima?

Naturalmente un agente de seguridad puede ejercer una violencia ilegítima. Imaginemos a un policía que captura a un terrorista que ha puesto una bomba en un colegio, pero se niega a decir en cuál. El policía entonces tortura al terrorista para salvar a los niños. Es posible que la violencia ejercida por el policía sea ilegal, pero ni eso convierte a la Policía o al estado en general en torturadores, ni al torturado en un héroe nacional al que hay que hacer homenajes. No se puede confundir el hecho de que el estado tenga que perseguir todas las expresiones ilegítimas de violencia, vengan de donde vengan, con que el estado tenga que homenajear a todas las víctimas de esa violencia. Lo primero es lógico, lo segundo no.

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Esta noticia la publicamos el 29 de agosto de 2007