Es insuficiente analizar la realidad política desde el corto plazo. Conocemos que las causas fueron muchas y variadas, pero los abusos financieros desencadenaron la crisis económica. Tampoco olvidamos que la cultura occidental se puso en entredicho desde el famoso Mayo del 1968 del siglo pasado. Veníamos de una larga posguerra, donde la disciplina, el esfuerzo y el mérito eran lo que se estimaba y estimulaba. Fruto de un largo desarrollo económico, vivimos hoy en una sociedad mucho más rica, muy acostumbrada a las satisfacciones inmediatas, acompañada de una débil responsabilidad individual, en muchos casos de la falta de esfuerzo, de tendencias al puro hedonismo, y de un bajo reconocimiento de cualquier autoridad.

Conocemos que la naturaleza humana siempre ha tenido una vocación de trascendencia, el comunismo no pudo con el cristianismo como comprobamos con la fuerte recuperación de las creencias religiosas en los antiguos países comunistas. Con la caída del muro en Berlín 1989 se visualizó el fracaso del socialismo real. La izquierda quedó en estado de parálisis, desorientada en unas sociedades donde ya no era viable la revolución proletaria por lo que dejaron de cuestionar el modelo económico capitalista. Pronto cambiaron de chip, al caminar por nuevas sendas en su lucha por la preeminencia cultural. Tardaron un tiempo en levantar las nuevas/viejas banderas del Mayo del 68, también incorporaron las reivindicación contraculturales de los nuevos movimientos norteamericanos, que en un principio habían despreciado.

Su nueva estrategia consistió, en centrarse en la ampliación de nuevos derechos individuales en las sociedades desarrolladas. Soslayando la confrontación ideológica, apoyaron la lucha radical en favor de la voluntad individual, presentándola como ejemplo de modernidad. Todo ello ha contribuido a fortalecer un individualismo atroz, donde se olvidan todos del bien común. Las izquierdas apostaron por establecer ilimitadamente nuevos derechos, en España fue ZP el claro impulsor de este modelo de ampliación de nuevos derechos: matrimonio homosexual, política de género, Educación para la Ciudadanía, el aborto como derecho, eutanasia, ejercicio privado de la religión. Siguen intentando desvincular cualquier referencia de España con su histórica identidad católica. Su principal enemigo somos los católicos que nos oponemos a sus planes, a los que nos califican como ultras, porque somos los únicos que les disputamos la batalla cultural de las ideas, al apoyar el modelo clásico de familia. Ellos están empeñados en romper la cadena de transmisión de valores de unas generaciones a otras, huyendo del sentido común, de la ley natural y de nuestra tradición occidental. Queda mucho por hacer, la batalla no ha hecho sino comenzar, tampoco ellos lo tienen fácil porque aunque cuentan con cuantiosos medios, sus propuestas van contra lo que dicta la vida, tanto la razón como el corazón de la mayoría.

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