Defendamos España

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Los separatistas afirman que tanto Cataluña, como Euskadi o Galicia son naciones, que tienen derecho a Estados propios y quieren ejercitar el derecho a decidir. La respuesta española es débil, nadie discute si las periféricas son naciones o no, tan solo se arguye lo que se decidió en 1978 con la Constitución y que su cambio tiene un procedimiento. Los separatistas ante argumentos jurídicos enfrentan argumentaciones emocionales. No hay posible negociación, no les apoyan un % importante de los que viven en territorios que llaman suyos. Para nosotros la soberanía reside en conjunto del pueblo español, el respeto a la Ley es básico en cualquier democracia, es clave acatar los procedimientos de cambio. Los separatistas apoyan un relato romántico de identidad nacional, estamos ante combate desigual: un bando apela a la historia, a la épica, a la lengua; los constitucionalistas argumentan tan solo -sin defender una idea de España- con conceptos universales como “libertad e igualdad”, cosa que los separatistas aseguran que ellos también respetaran.

Muchos españoles de izquierda están atrapados por una hispanofobia histórica, tan solo ven discutible la identidad nacional española. Prefieren eludir la argumentación histórico-cultural sobre España, ceñirse a las leyes en la defensa de los derechos individuales, pensando que estratégicamente se terminara por superar las obsesiones de las pequeñas naciones dentro de una Europa más fuerte. En un mundo globalizado no es viable gestionar 130 pequeñas naciones&regiones europeas. Hoy los europeos vivimos asustados: por la crisis, por la afluencia masiva de inmigrantes islámicos, por problemas de convivencia, por atentados terroristas, por las disfunciones en la construcción europea. Abandonamos las señas de identidad propias, las sustituimos por un relativismo atroz, por un laicismo radical, por nuevos conceptos de familia y genero, cediendo mucha soberanía en pos del libre comercio y erramos las políticas: en Ucrania, conflictos árabes, Turquía, alineados con los intereses norteamericanos achicamos el espacio a Rusia. Muchas directrices europeas no se entienden, por ello los nacionalismos están resurgiendo por toda Europa: el Brexit, el avance de Alternativa por Alemania, el Frente Nacional francés, el éxito de Orban, refuerzan la dinámica del retorno a lo nacional. El fenómeno Trump tampoco es ajeno.

En España seguimos deslegitimando la idea de nación (salvo que sean catalana, vasca o gallega). Ni siquiera los más lúcidos hablan claramente de identidad española; reducen la idea de España a un espacio jurídico neutro, quieren evitar cualquier mirada al pasado español, craso error ¿como no estar orgullosos de Sancho VII el de las Navas? Orgullosos de pintores como Velázquez, Goya, Picasso, de escritores como Cervantes, Lope, Quevedo, Góngora, Valle Inclán, Unamuno, Baroja. Orgullosos de Teresa de Jesús, de Ignacio de Loyola; de nuestros navegantes, descubridores y colonizadores de Colon, Elcano, Hernán Cortés, Valdivia; de evangelizadores, Francisco de Javier, Bartolomé de las Casas, de la Escuela de Salamanca,…de músicos como Padre Vitoria, Albeniz, etc.

Estamos orgullosos de nuestros grandes deportistas; de la calidad de nuestras selecciones deportivas; de tantos españoles anónimos que trabajan en el mundo de la Cooperación; de los numerosos misioneros españoles en todos los confines del mundo; de los soldados españoles en misiones de Paz o en las de Guerra en caso necesario; de los jóvenes investigadores que trabajan en las universidades o en el I+D de empresas punteras. Orgullosos de las empresas españolas multinacionales que llevan nuestro buen hacer por multitud de países, de los profesores de español en los Institutos Cervantes. Orgullosos de nuestros conciudadanos que trabajan silenciosamente y honradamente en el día a día. Algunos siguen pensando que ser español es una cosa de “fachas” y ven a los nacionalismos periféricos como progresistas. Nuestra derecha vergonzante tímidamente defiende la “Marca España” como marketing comercial, no como nación.

Si nos situamos en cualquier punto de Europa y viajamos en cualquier dirección más de 150 kilómetros, veremos como cambian los acentos, ciertas costumbres gastronómicas, sus trajes regionales, etc., el particularismo elevado a la categoría de “nacional” es simplemente ridículo en un mundo como el actual. Otra cosa es el amor a la patria chica en sentido cervantino: a quién no le gusta donde nació, donde vivió su juventud, estos afectos nunca impidieron la pertenencia a una comunidad de ámbito mas grande. España tiene luces y sombras como cualquier nación, entre sus luces figura que descubrió un continente y evangelizó medio mundo. La historia siempre tiene un sabor agridulce, lo mismo sucede en la propia familia, unos nos caen mejor y otros peor, unos son listos y otros tontos, pero todos son familia. Dejemos de rehacer la historia para adecuarla a cada momento histórico, no sería justo ni con nuestros antepasados ni con la historia.

Hoy España es una realidad histórica con una gran proyección de futuro, tenemos una realidad plural donde la inmensa mayoría vivimos satisfechos, con nuestra cultura popular, nuestras fiestas, nuestra gastronomía, somos una suma de individuos libres y no una suma de diferentes pueblos, que tan solo existen en el imaginario de los pequeños nacionalismos y ahora entre los oportunistas de Podemos. Lo que nos une a todos los españoles, es mucho más que lo que nos separa, vivimos a la vez la unidad y la diferenciación. Entendemos como un enriquecimiento las distintas señas de identidad, coloquémoslas como círculos concéntricos, donde todas suman y no se colisionan, sino que definen la forma de ser españoles en el siglo XXI.

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Comentarios (21)
  1. Lekunberri says:

    Estimado Ispan,

    lo que habría que hacer es defender a los españoles de quienes siempre han enarbolado la bandera y el concepto de “España”.

    Hace unos días vi en Nájera una exposición fotográfica sobre la España de finales del XIX y principios del XX. La miseria que allí se reflejaba era tremenda, muy triste, sobre todo cuando siempre has sabido que las clases dominantes no tenían ninguna cultura de progreso, eran muy pocos los que arriesgaban patrimonio e invertían en futuro, la filosofía de aquellas élites era seguir viviendo a costa de un pueblo sumiso, lo que condenaba a toda aquella plebe a poder debatirse sólo entre la miseria y la pobreza.

    En esa exposición había una foto, la última cronológicamente hablando, de 1933, creo; en ella aparecían en las paredes los clásicos pasquines electorales de la época. Aquellos de los partidos de izquierda hablaban de pan, de justicia, de futuro; los de las derechas hablaban sólo de la patria, de su historia, del imperio, es decir, hablaban de la más absoluta vaciedad, hablaban para lo más nulo del país, a fin de cuentas, hablaban para que nada cambiase. Algo tan terrible como eso.

    Voy a copiar y pegar lo que dejé en un comentario anterior:

    “””Me decía el otro día la directora de una sucursal bancaria: “Pero en España hay industria y empresarios en ese sector muy relevantes”. Le respondí que efectivamente, había industria y empresarios muy competentes, pero le añadí que lo hay en un número ideal para un país de unos 20 millones de habitantes, por lo que, ¿qué hacíamos con los otros 26 millones que sobraban?. Evidentemente, acabó ahí la conversación.”””

    Claro que hay cosas que unen pero otras que separan, claro, y una de las más gordas que separan es esa obsesión del nacionalismo español de no querer reconocer que este Estado está habitado por gente que no es española y que, además, por gente que no admite que se les obligue a ser lo que no quieren ser: españoles.

    Muchas cosas deberían haberse cambiado en este Estado en su momento para evitar que fuese lo que hoy es, un proyecto que conduce a la pobreza a los millones de habitantes que lo habitan, pero desgraciadamente, la bandera de España sólo ha servido para tapar las cabezas de sus ciudadanos para que no pudiesen ver cómo les han ido estafando su futuro sus corruptas élites.

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  2. Ispan says:

    Pero sr.Lecumberri su comentario viene a decirnos siempre lo mismo.Es un poco tautológico. Que en el siglo XIX y primeros del XX habia pobreza no es algo que tenga Vd. que demostrar? ¿ No es una buena cosa que la situación hoy no es igual que hace 100 años? ¿ No indica una cambio a mejor en España , que para Vd. es todo desdicha?.
    En cuanto a las fotos de propaganda electoral de 1933 , no las he visto por lo que nada puedo opinar sobre lo que vd. dice .No obstante eso de imperio me suena mas bien a otra propaganda posterior a 1933 Sin embargo que curioso que la izquierda sufriera en las urnas un derrota en Noviembre de ese 1933, que tal no sentó bien que desde ese momento empezaron a considerar como derribar al gobierno y por supuesto en el caso del ala izquierdista del PSOE mayoritario a imponer una dictadura del proletariado y todo el poder para ellos de ello sale ese golpe de estado de octubre de 1934.
    Y ya para finalizar , ¿esta Vd. o no por ” defendamos a España” ?.Ya hemos leido que mas bien no. Pues ya que está Vd. tan preocuopado por esa falta de futuro, arrime el hombro y deje de huir como hicieron los separatistas de primeros del XX cuando vinieron mal dadas para todos los españoles.

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  3. Lekunberri says:

    Estimado Ispan.

    El problema no era el que en la España de finales del XIX y primera mitad del XX hubiera miseria (no pobreza) sino que los más españoles, las élites, pasaban olímpicamente de tener una iniciativa que los hiciera más prósperos a ellos, al conjunto del país y, por ende, a sus “compatriotas”, a los cuales sólo los veían como sirvientes de sus intereses o como carne de cañón para la “grandeza de la patria”.

    Vd. pregunta: “¿No es una buena cosa que la situación hoy no es igual que hace 100 años?” y esto me lleva a recordar la parábola de los talentos.

    Desde un punto de vista economicista e, incluso, empresarial, la situación ahora es un puro fiasco por dos motivos:

    a) por la riqueza que se podría haber producido y no ha ocurrido.

    b) por el destino que se ha dado a la producida, con su escasa inversión en futuro, convirtiendo la gestión de esa riqueza en una auténtica estafa.

    No, no estoy, ni mucho menos, por el “defendamos España”, porque esa “España” no es más que un concepto de propaganda para embaucar a un pueblo que es incapaz de reaccionar ante el robo que se viene acometiendo contra él desde la invención del nacionalismo, allá por el siglo XIX.

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  4. Javichu says:

    Sr. Lekumberri, gracias por sus argumentos, ¿Podría usted explicarnos al Sr. Ispan y a un servidor cual es exactamente su proyecto de Estado (ya sabemos que eso de España le produce urticaria) y cómo solucionaría usted la situación para corregir lo que hasta ahora se ha hecho mal?

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  5. Ispan says:

    No insista don Javichu , al sr.Lecumberri se le puede amontonar argumentos tras argumentos pero al final seguirá inasequible al desaliento .aunque los hechos le demuestren la evidencia de su error. Lo último ya es lo de esa ” España ” no es más que un concepto de propaganda para embaucar al pueblo. Menos mal que existen gentes como el sr.Lecumberri que se dan cuenta que se embauca al pueblo, y que España no debe de tener pueblo . Bueno al menos cuenta con vd. Don Javichu, Don Daniel, algunos mas y yo.!Caramba! ¿No somos pueblo? . Aunque me da que lleva razón en lo del nacionalismo, pero ya sabemos el separatista de un racista émulo de los menos de los condados orientales cabe el Mediterraneo.Eso si que son pueblos , sin tragarse las mentiras de unos señoritos rentistas .

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  6. Lekunberri says:

    Estimado Javichu,

    me pregunta, con amabilidad, cuál es mi proyecto de Estado y cómo solucionaría yo lo que ahora se está haciendo como se está haciendo. Con la respuesta a la primera pregunta, creo que le responderé la segunda.

    Mi proyecto de Estado ha de ser uno que tenga futuro para mi y los míos, así de simple, y para que eso sea posible ha de estar forzosamente organizado no para servir a las élites económico-financieras sino a la totalidad de sus ciudadanos.

    Y para que lo anterior sea real, su organización política ha de basarse en la separación blindada de poderes, donde agentes con gran poder económico no puedan hacerse con el control de los tres poderes del Estado para ponerlos a su servicio como ocurre actualmente el el Estado español así como en otros estados autodenominados “democráticos”.

    Por supuesto, no confundamos “separación de poderes” con “división de poderes”, cosa que la Constitución Española hace, con toda la intencionalidad que aquellos “padres de la patria” tuvieron en 1978.

    Existe el famoso llamado “cuarto poder”, el de los medios de comunicación, controlado por los grandes grupos financieros, que son, casualmente, los que apoyan interesadamente, a través de las entidades financieras, a los partidos políticos importantes, llevándonos a vivir en un sistema con “libertad de prensa” pero sin “prensa libre”.

    Un Estado que aspire a servir a sus ciudadanos, no dejándose controlar, necesita de una ley de medios que ponga fuera del alcance del poder económico-financiero un gran medio informativo con claros mecanismos de salvaguarda de su independencia y al margen de intereses políticos.

    Evidentemente, en un Estado mastodóntico y corrupto como el español, con una población servil, sumisa y sin preparación, pedir lo anterior no es más que una quimera, por lo que el camino hacia el hoyo, iniciado con los diferentes gobiernos de Felipe González y continuado con los que vinieron detrás, es inexorable y a las pruebas me remito.

    Esto lo saben los catalanes, lo saben los vascos y por eso está pasando lo que está pasando y encastrarse en el infantil argumento del 3% de los catalanes, para indicar que ellos también son corruptos no sirve más que para distraer de una terca realidad, que hará que el susto que está por venir será aún mayor.

    Me parece muy bien que los españoles se refugien en la bandera, en la unidad de su país, en su monarquía, pero no son conscientes que, quienes siempre ha vivido de los ciudadanos, utilizan y dosifican esos conceptos para seguir en su situación privilegiada de control de los resortes económicos de todo un Estado.

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