Reflexiones para un Primero de Mayo políticamente incorrecto

El Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, es el día en que los sindicatos salen a la calle y justifican su existencia subvencionada reclamando, básicamente, menos despidos y más salarios. El Primero de Mayo, por eso mismo, puede ser un buen día para pensar un poco contracorriente acerca de esos tres conceptos: despidos, salarios y la existencia subvencionada de los sindicatos.

Como prólogo al resto del texto, es preciso subrayar que el discurso de los sindicatos y sus actos discurren por caminos opuestos, algo que a los trabajadores debería resultarles bastante significativo. Es decir, cualquiera que busque en Google no tendrá ninguna dificultad para encontrar noticias relacionadas con despidos en las plantillas de UGT y CCOO. Tampoco para comprobar que trabajar para UGT o CCOO no es mejor que trabajar para casi cualquier empresa normal. Con la diferencia de que los sindicatos además tienen asegurada su financiación a través de los Presupuestos. ¿Qué credibilidad tienen los sindicatos para reclamar a las empresas mejores condiciones que las que ellos ofrecen a sus propios trabajadores? ¿Y por qué no las ofrecen? ¿Por maldad o porque no es tan fácil ofrecer condiciones laborales fuera de la realidad? Pero si no es tan fácil, ¿por qué los sindicatos no adaptan su discurso un poco más a la realidad?

El despido

Los sindicatos han pedido este Primero de Mayo la derogación de las últimas reformas laborales. Desde su punto de vista, cuanto más se facilita el despido más despidos se producen, algo que a primera vista podría parecer lógico, pero que si se piensa con un poco de detenimiento no lo es. Llevando a su extremo este punto de vista, prohibiendo el despido se acabaría con el paro, por ejemplo. ¿Alguien cree que realmente sucedería esto? ¿Hay algún país en el que prohibiendo los despidos se haya conseguido acabar con el paro?

Alguien podría pensar también que en los países en los que asumimos que existe mayor nivel de vida y hay menos paro será que resulta más difícil para las empresas despedir a los empleados. Pues bien, esto no es así. En países como Suiza, Noruega, Austria, Dinamarca, Bélgica, Suecia, Alemania o Finlandia, el despido es prácticamente libre. Y sin embargo son algunos de los países con menos paro y mayores salarios del mundo. Algo falla en la teoría de los sindicatos.

Para empezar, las barreras de salida actúan como barreras de entrada. Si una empresa no va a poder despedir a alguien, o sólo a un coste muy alto, se va a pensar mucho contratar a un trabajador y sólo lo va a hacer cuando no le quede más remedio. Las barreras de salida actúan por tanto como barreras de entrada. Si usted tuviera que contratar un línea telefónica con una permanencia de 50 años o una penalización de 1.000 euros se lo pensaría dos veces antes de firmar un contrato con esa compañía. A cualquier empresa le gusta contratar gente, no despedirla, porque eso significa que el negocio va bien, que la facturación aumenta y que la plantilla no da abasto para atender el crecimiento de la demanda. Sin embargo, todo empresario tiene que lidiar con la incertidumbre de no saber qué va a pasar en el futuro, de hecho si algo sabe del futuro es que en algún momento, no sabe cuándo, habrá crisis, problemas y cambios de ciclo, y tampoco sabe cuándo habrá recuperación y fases de crecimiento de la demanda. Las empresas nacen, se desarrollan y mueren como los seres vivos. Y entretanto pasan por diversos problemas a través de su existencia, lo que nos devuelve al planteamiento inicial.

Si se prohibiera el despido no se acabaría con el paro, sino que se colapsaría la economía. Una empresa cuyas ventas bajaran y a medio plazo no pudiera acomodar su plantilla a sus ventas acabaría quebrando. De este modo no sólo acabaría en el paro una parte de la plantilla, sino toda la plantilla. Habría que prohibir entonces no sólo los despidos, sino las quiebras empresariales, ¿y cómo se hace eso?

Imaginemos una calle en la que hay 10 tiendas, una de las cuales quiebra, una sombrerería, por ejemplo, por falta de demanda. La única forma de evitar esa quiebra es que las otras 9 tiendas paguen un impuesto especial para pagar los gastos y los sueldos de la sombrerería para evitar su quiebra. Al pagar más impuestos, la tienda número 9 que ya iba un poco justa de negocio entra en pérdidas y pasa a tener que ser rescatada por las otras 8, a las que a su vez hay que subirles de nuevo los impuestos para pagar el rescate no sólo de la tienda 10, sino de la 9. Al subir los impuestos, el comercio 8 que es una peluquería decide actualizar las revistas cada 15 días en vez de cada semana, para reducir gastos. Como consecuencia, la tienda número 7 que es un quiosco entra en pérdidas y también necesita ser rescatado para que no haya quiebras ni despidos… Al final se producirá un colapso, todas las tiendas se irán a la ruina y todos los trabajadores acabarán en el paro. Por eso el comunismo no funciona.

En una calle capitalista, se hubiera cerrado la sombrerería, pero al poco tiempo hubiera abierto en ese mismo local una tienda de zapatillas de running, que ahora son más tendencia que los sombreros. En el capitalismo hay tiendas que abren y tiendas que cierran, pero no hay tiendas zombies, las tiendas que cierran son sucedidas por otras y todas las tiendas abiertas funcionan.

¿Qué se puede hacer entonces contra los despidos y el cierre de empresas? La respuesta más lógica, aunque al principio pudiera parecer una paradoja, es facilitar la contratación y la creación de empresas. Las barreras de salida, como decíamos, es inevitable que también actúen como barreras de entrada: pues rebajemos las barreras.

La reforma laboral

La reforma laboral tendrá aspectos criticables pero al menos ha tenido una consecuencia muy beneficiosa. Antes de la reforma, para que la economía española creara empleo tenía que crecer a tasas de un 2%, mientras que tras la reforma le ha bastado para crear empleo con un crecimiento del 0,7%.

La reforma laboral, por otra parte, se aprobó en febrero de 2012. En aquel momento había en España 5,6 millones de parados y 17,4 millones de ocupados. Pues bien, ahora hay 4,7 millones de parados y 18 millones de ocupados. Adiós al mito de que abaratar el despido genera paro.

El salario

El otro mito es que si se abarata el despido se precarizan las condiciones laborales y bajan los salarios. Ya hemos visto que no y que algunos de los países con un mercado laboral más flexible son también algunos de los que ostentan salarios más altos para los trabajadores. ¿Cómo es posible esto?

Para entenderlo hay que tener en cuenta que el salario depende sobre todo de dos factores: la productividad y el coste de contratar a otra persona para hacer lo mismo.

Es decir, si alguien se dedica a fabricar 10 botijos al mes que se venden a 10 euros, nunca podrá cobrar más de 100 euros. Hay un límite por tanto determinado por la productividad. Incluso asumiendo que se venden los 10 botijos y que no tuviera ningún coste fabricar 10 botijos.

El otro límite es si hay otra persona dispuesta a fabricar 10 botijos al mes por 95 euros. Si hay 20 personas en paro dispuestas a fabricar botijos por 95 euros, o por 90, o por 80, es imposible que suban los salarios y mejoren las condiciones laborales.

El salario no depende por tanto de la maldad o bondad del empresario. Por bueno que sea el empresario, no podrá pagar más que lo que permite el beneficio de vender botijos. Por malo que sea el empresario, no podrá pagar salarios de 90 euros si todo el mundo está cobrando salarios de 100 euros.

Así pues la mejora de los salarios pasa por hacer ANTES alguna de estas cosas o todas ellas: mejorar la productividad de nuestra economía (quizá vender cohetes sea más productivo que vender botijos), bajar el paro o conseguir formación más cualificada para los trabajadores (alguien que además de fabricar el botijo es capaz de pintarle un pájaro cobrará más que otro que sea incapaz, si se venden más botijos pintándoles un pájaro).

La autofinanciación de los sindicatos

El último asunto pertinente para una celebración alternativa del Primer de Mayo sería plantear la autofinanciación de los sindicatos. ¿A quién sirven los sindicatos? ¿A los trabajadores? ¿A los parados? ¿Al estado-gobierno-partido que les paga la subvención? La autofinanciación de los sindicatos tendría al menos tres ventajas importantes sobre la situación actual. Primero que sería un peso que se descargaría de los hombros de los contribuyentes. Segundo que garantizaría la independencia de los sindicatos. Tercero que obligaría a los sindicatos a tener que hacer cosas en beneficio de los trabajadores de modo que sólo cuando estos percibieran este beneficio llegarían a pensar que tiene sentido afiliarse o pagar una cuota. Naturalmente todo esto que es aplicable a los sindicatos obreros es exactamente igual de aplicable y en virtud de la misma lógica a los sindicatos de los empresarios.

¿A quién favorece más el actual funcionamiento de los sindicatos?

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