Cada empleado de la administración foral nos cuesta 33.500 euros

Redacción 12 noviembre 2015 Noticias
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Qué bonito es que crezca el empleo público y que, por tanto haya más profesores, más médicos, más policías, más bomberos…

Lo que pasa es que existen varios problemas respecto a esto.

Por un lado, hacen falta bomberos, profesores, policías y médicos, pero también hacen falta zapateros, libreros, camareros, abogados, pilotos y hasta periodistas.

Por otra parte, asumiendo que ni todo el mundo puede ser bombero o profesor, ni que el número de bomberos puede ser infinito, si la gestión pública es deficiente hacen falta 100 profesores ó 100 médicos para hacer el mismo trabajo que podrían hacer 75.

A menudo pensamos que un buen gestor y un gran amante de los servicios públicos es aquél que más gasta para ofrecer un servicio. Paradójicamente, la definición de un mal gestor público sería la misma. Sin embargo, solemos pensar que el político que mejor ha gestionado un servicio público es el que más dinero y más personal ha necesitado para ofrecerlo. Un político que, en cambio, hable de reducir el gasto o tener menos empleo público nos produce rechazo. Esto solemos pensarlo porque vemos el Intermedio o Salvados y porque solemos ser poco conscientes de que todo lo público lo pagamos nosotros con nuestros impuestos. Es por ello que, en general, por ejemplo nos suele parecer muy bien que los empleados públicos cobren más que los demás, pensando que simplemente es una suerte para ellos.

Si le pregunta a un empleado público, le dirá que lo que hay que hacer no es bajarles el sueldo a ellos, sino subírselo a los demás. Naturalmente cada uno defiende lo suyo, pero esto es pretender que hay que acomodar la realidad a los salarios de los empleados públicos en vez de acomodar los salarios públicos a la realidad. Como si los sueldos que se pagan fuera del sector público dependieran de un real decreto y no de vender tantas camisetas, tantos libros, tantos coches o tantas entradas.

La Cámara de Comptos acaba de presentar el Informe de fiscalización de las Cuentas Generales de Navarra 2014. En dicho informe se aprecia por ejemplo cómo se ha repartido el gasto público en el último año. Como puede apreciarse, aparte de la deuda, casi todo se nos ha ido en Sanidad, Educación, gastos sociales, seguridad y pagar los servicios que nos presta el estado central.

gastopres

No obstante, de esos 3.800 millones que nos hemos gastado en todas estas cosas, si los analizamos por capítulos resulta que 1.111 millones es lo que nos cuestan los gastos de personal.

¿Y cuántas personas emplea la administración foral?

Pues según el Boletín Estadístico, a mediados del año pasado del que datan las cuentas que estamos analizando, la plantilla de empleados públicos de las administraciones públicas de Navarra era de 33.174 personas.

Si dividimos los 1.111 millones que nos cuestan los gastos de personal entre las 33.174 personas empleadas por la administración foral, podemos deducir que cada empleo público que se crea nos cuesta 33.500 euros al resto de los navarros. Huelga decir que esa cantidad no es simplemente el salario del empleado, pero sí lo que nos cuesta a todos los contribuyentes como empleadores.

Naturalmente hacen falta empleados públicos para hacer una serie de cosas y prestar una serie de servicios. Pero si un político o un gestor público paga a un empleado público un salario 100, cuando a lo mejor podía pagar un salario 90, ¿es un buen gestor o uno malo?

Y si ese gestor contrata a 3 empleados públicos para hacer un trabajo que podrían hacer entre 2, ¿es un buen gestor o uno malo?

Spain-Average-Salary-Public-Private-Nov-2015

Aún hay al menos otra variable a considerar y es la siguiente. El mero hecho de crear un empleo público no es inherentemente bueno. Dicho de otro modo: crear un empleo en el sector público no significa que el paro vaya a bajar en una persona. La razón es que los 33.500 euros que hacen falta para financiar ese puesto extra hay que sacarlos de los impuestos. Para pagar esos impuestos extra, los contribuyentes nos vamos a quedar con un poco menos de dinero en nuestra cartera. Como consecuencia de ello, vamos a gastar un poco menos en el supermercado o en el bar de la esquina. Imaginemos además que el salario de ese empleado público es más elevado que el de un trabajador equivalente en el sector privado, o que ese empleado público es el tercer contratado para un trabajo que podría hacerse entre dos, con un poco más eficiencia en la administración pública. El resultado es que para crear un empleo improductivo en la administración a lo mejor se han destruido dos empleos productivos en el sector privado, uno de cajera y otro de camarero.

En la medida en que se repite este esquema de destruir puestos productivos en el sector privado para crear otros improductivos en el sector público, un país camina a la ruina. Es por esto que no se puede acabar con el paro contratando el sector público a todos los desempleados, o poniendo a medio país a cavar y al otro medio a tapar agujeros, como decían algunos. Volviendo al razonamiento inicial, que el gasto público o la plantilla de empleados públicos aumente no diremos que es automáticamente malo, pero desde luego tampoco es automáticamente bueno, como a veces creemos. Y por tanto, recortar gastos o personal en la administración tampoco tiene por qué ser automáticamente malo.

Alguien podría alegar que si los empleados públicos cobran mucho dinero, incluso aunque sus puestos no sean necesarios o aunque sus salarios sean mucho mayores que los de los trabajadores equivalentes del sector privado, eso es muy bueno porque esos empleados públicos irán luego a comprar al bar de la esquina o al súper y también pagarán más impuestos. Pero esto no es del todo cierto.

De entrada tendremos a dos personas menos trabajando, dos personas más cobrando un subsidio y sólo una persona más cobrando un salario. El resultado del balance es menos empleo y más gasto público a soportar por menos contribuyentes, lo cual nos mete en un círculo económico destructivo.

Hay además una diferencia esencial entre los empleados públicos y los demás, y es que el dinero que cobramos los demás sirve para financiar el presupuesto público mientras que el dinero que cobran los empleados públicos viene del presupuesto público. Hasta los impuestos que pagan los empleados públicos para financiar el presupuesto sale previamente de los gastos de personal presupuesto. Es por esto que no se puede acabar con el paro haciendo funcionario a todo el mundo ni se puede ofrecer a los empleados públicos un sueldo infinito sin que se arruine la economía. Es también la razón por la que cuando uno se sube en un cubo no puede volar aunque tire del asa hacia arriba.

Seamos conscientes entonces de que por cada persona nueva que contratan nuestros gestores públicos hay que poner 33.500 euros más y que los tenemos que pagar entre todos. Exijamos por tanto una gestión eficaz y que los salarios y las plantillas públicas responden a una necesidad real. Vayamos desechando la idea de que el mejor político es el que gasta más, paga más o infla más la plantilla de la administración.

Después de toda la crisis que hemos padecido hay un riesgo pavoroso y es que una parte importante de la población llegue a la conclusión de que ser austero es malo y ser un derrochador es bueno.

http://camaradecomptos.navarra.es/imgx/informes/2015/InformeComptos1520_firmado.pdf

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Comentarios (5)
  1. Otra de las grandes falacias es que el servicio público lo tenga que dar un funcionario público o un contratado laboral. En un hospital público …¿qué razón hay para que el de mantenimiento, los que limpian, hacen la comida, o abren las puertas sean funcionarios? Ninguna.
    ¿Y los que auscultan o pinchan culos, o acaso operan? Ninguna tampoco.
    Si el funcionario profesional nació para que los puestos decisorios de la administración no cambiaran con el turno político, y hubiera respeto a la legalidad, y a los procedimientos, no hay razón alguna para que salvo un nucleo administrativo de enjundia por su labor, el resto del servicio sea hecho por personas capaces y contratadas por la empresa privada que oferte el servicio.
    Porque pagamos impuestos para recibir el servicio, no para que quien nos lo de sea funcionario …o tenga ojos azules.

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  2. La Ribera says:

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  3. zarra says:

    La Ribera: Y esa deuda se ha acumulado recortando. Imagine que UPN hace caso a bomberos, auxiliares de enfermería, policía foral,…y sigue gastando a ritmo pre-crisis. Sin recortes y con dos cojones, como se pedía desde la izquierda.

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  4. clarete 2011 says:

    Declaraciones de Roberto Jiménez en el año 2009, condicionando la aprobación de los Presupuestos desde la oposición:

    “En los noventa tuvimos una deuda muy superior a la actual, y no pasó nada. Ahora debemos ser expansivos. Ya amortizaremos cuando lleguen periodos más benévolos para la economía”.

    “No vamos a aceptar que se contenga el gasto para no tener que recurrir al endeudamiento. La amortización de la deuda es secundario, hay que apostar por el empleo”.

    “Apostar por unos presupuestos ambiciosos y expansivos en el gasto, desde luego que no es de derechas”.

    Como puede comprobar, L.a. Ribera, Roberto Jiménez le ha dejado a Vd. con el cul…, perdón, con el ipurdi al aire.

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  5. clarete 2011 says:

    Para superar la crisis de los 90, Suecia, paradigma de la socialdemocracia, introdujo la prestación privada de los servicios públicos y decidió reducir su gasto público 8 puntos del PIB. O sea, logró salir de aquella crisis aplicando dos medidas de corte netamente liberal.

    Eso viene a demostrar que lo importante es que las prestaciones sean eficientes, buenas y universales, no que sean públicas y, para favorecer la eficiencia, lo mejor es introducir incentivos económicos a quien presta los servicios, no ampliar las plantillas.

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