La dimisión

Javier Marcotegui Ros 28 agosto 2015 Opinión

 

La dimisión es un acto personal en el que sólo al dimisionario compete considerar y ponderar las razones que le han impulsado. A los demás sólo nos corresponde juzgarlas acertadas o desacertadas.

Además, por pudor o por un equivocado sentido de la lealtad, no debemos abstenernos de formular el juicio valorativo, en especial si la dimisión nos afecta por estar vinculada con la cosa pública. Nos va en ello la salud y fortaleza de lo público y, en el caso concreto, la de UPN. Ello no supone poner palos en la rueda. Al contrario, mediante la confrontación de las ideas, busca la unidad de acción.

 

De manera sorpresiva ha dimitido la presidenta de UPN. Dice que es por responsabilidad. Por el beneficio de la duda debemos creerle, pero yo no encuentro la responsabilidad por ninguna parte. Responsable hubiera sido mantenerse en el ejercicio del cargo hasta llevar a UPN al congreso extraordinario que se anunció, liderar al partido ahora que es preciso dirigirlo con tacto y sin sobresaltos hacia un congreso que debería ser inminente, no dejarlo en manos de quienes están cuestionados y sobre los que sobrevuela la sospecha del interés personal. Responsable hubiera sido hacerlo el día después de las últimas elecciones regionales, asumiendo la responsabilidad del fracaso electoral, junto con algunos otros muy directamente vinculados con él y convocar de inmediato el congreso extraordinario
 
No es la primera vez que doña Yolanda adopta la táctica de la sorpresa. Por cuatro veces se ha planteado y en las cuatro ha llevado a UPN al fracaso. Fue sorpresa la defenestración del vicepresidente de su gobierno de coalición, secretario general del PSN. No previó una salida y su Gobierno quedó enrocado y ya desde entonces perdido en la contienda electoral. Por sorpresa anunció que se presentaría a las elecciones e impidió que el más amplio número de militantes y simpatizantes participara en su designación. Por sorpresa dijo, dos meses más tarde, que no lo iba a hacer y forzó una designación sin participación suficiente, casi digital, con el argumento de que no había tiempo para otro método. Por sorpresa lo hace ahora y también se argumenta que no hay tiempo para el congreso extraordinario antes de la nueva cita electoral. El congreso se hará tan pronto como sea posible, lo cual es igual a no decir nada. Todo parece indicar que algún interés se encubre. Seguramente dejar a algunos bien situados en la parrilla de designación de candidatos.
 
Ser cesado o ser sustituido es cosa bien diferente. Otros son los que plantean la oportunidad, los que consideran y valoran las razones y los que toman la decisión. En este caso, el colectivo de personas militantes de UPN que se constituyen en congreso extraordinario. Al menos, debería haberse escuchado la voz del Comité ejecutivo actual y del Consejo político sobre el modo de proceder.
 
UPN ahora no necesita dimisiones, necesita una discusión serena, leal y transparente de ideas, programas, estrategias, actitudes en un congreso extraordinario que al final y sólo al final, designe los nuevos dirigentes llamados a hacerlas efectivas. Si sale del ensimismamiento de los intereses de algunos y mira al de los ciudadanos tiene una buena oportunidad de ofrecer la participación a sus afiliados de base para refundar el partido, modernizar sus mensajes y programas y recuperar la confianza que el 49,27%.de votantes le dieron en las elecciones del año 2000.
 
En 1979, hace 36 años, Jesús Aizpún tuvo un sueño. Era necesario fundar UPN para frenar las pretensiones nacionalistas sobre Navarra. Pero ahora, por los errores de UPN, ya están en el Gobierno de Navarra. Habrá que tener un nuevo sueño y no esperar a que los demás fracasen. ¿Y si no fracasan y se quedan? ¿Cómo es posible encarar una nueva cita electoral con los programas, ideas y personas que nos llevaron al fracaso en la anterior?

 

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Comentarios (1)
  1. Para llegar a ese 49,27% de votantes del 2000 habrá que contar con la gente que estaban en el 2000 y que Sanz se ocupó junto con Pepiño Blanco de alejar, y asumir los errores de la etapa Sanz, enterrando en ataud de acero y boca abajo a la Teoría del Quesito, raiz y fuente de la corrupción que abrió el boquete por donde se han colado nazis, comunistas, podemitas y filoetarras que ahora “disfrutamos” en el poder.
    Todo lo que no sea eso, es pelea callejera, trifulca de patio para pillar un mejor puesto al calor de presupuesto y la sombritandel cargo.

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