Reflexiones sobre el voto de los católicos

Ricardo Guelbenzu Morte 28 abril 2015 Opinión

Antecedentes

El oscurecimiento progresivo de Dios, viene de lejos: primero fue el debilitamiento del cristianismo por sus sucesivas escisiones y las guerras de religión, luego la Ilustración apostó por una ética y un derecho, un orden moral apoyado en la razón dejando al margen a Dios. En el siglo XIX se dio un paso más al decir que “solo sin Dios hay ética”, a pesar de ello, por la inercia cultural, se mantuvieron muchos aspectos esenciales de la ética cristiana en todos los Códigos Civiles y Penales, que en buena medida canalizaron ese sustrato de las enseñanzas morales cristianas que estaban arraigadas en las sociedades.

Evolución del voto en España: se inaugura con el voto censitario (de los que tenían determinadas rentas o censos) en 1846, se fue extendiendo poco a poco, y habrá que esperar hasta 1871 para llegar al voto universal masculino, el femenino reconocido por la II República, no llegará hasta el 1933 de la mano de la CEDA. Con Franco estaba la democracia orgánica, otra cosa. La Transición vuelve atraer las elecciones en 1977.

El Relativismo en la Europa de hoy, es el problema moral más importante:es el causante de que amplios sectores sociales desatinen en sus juicios, ya que menosprecian nuestros valores tradicionales occidentales (herederos de la filosofía griega, del derecho romano, junto a la moral judeocristiana). No aprecian la solidaridad occidental con los países en desarrollo; olvidan que el desarrollo de las ciencias, las técnicas y las artes es sobre todo occidental; desde aquí se propicia el respeto a los derechos humanos, la separación de poderes, y todo ello ha sido posible en países de cultura cristiana.

La Europapost cristiana, es hedonista y buenista:ya no se da ese sustrato común que teníamos hasta hace unas décadas. Algunos intelectuales no creyentes han planteado la necesidad de volver su mirada hacia la ética cristiana, para que partir de esa reflexión común se garantice la lucha por la dignidad del hombre (diálogo Habermas-Ratzinger) Necesitamos crear alianzas y juntar esfuerzos, buscando puntos de encuentro con otros muchos para superar la actual crisis de civilización.

Todo el mundo dice querer lo mejor: desde las distintas concepciones económicas y sociales, se pretender resolver los problemas de las personas. Todas postulan alternativas para los temas de la educación, de la sanidad, del desarrollo, etc. en definitiva, todo el mundo busca y defiende teóricamente soluciones justas y solidarias. Pero aunque la situación final a la que se pretende llegar sea la misma, los medios para alcanzarlos son contrapuestos muchas veces, e incluso antagónicos.

En la práctica todos se parecen más de lo que dicen: en muchos países europeos se han desarrollado modelos de sociedad bastante similares, aunque opuestas en lo ideológico. Las podemos denominar como socialdemócratas: de izquierda y de derecha. Salvo en ciertas cuestiones morales, mantienen la misma fe en el apoyo de un modelo de protagonismo estatal intenso y extenso, desde el que tutelan la vida y hacienda de los ciudadanos.

Marginación de lo religioso en la vida pública

En occidente se ha impuesto una visión materialista del mundo: de hecho es por lo que muchos Estados han apostado, al marginar y rechazar, cualquier opinión o argumento público de inspiración religiosa. Se exige a los creyentes que escindan su identidad entre lo público y lo privado. Para los creyentes el aborto no debe ser legalizado, ya que supone la aniquilación de un ser humano. Los partidarios de la despenalización, consideran que la política no puede apoyarse en convicciones religiosas. Para ellos el aborto -en las primeras fases de la gestación-  no es éticamente reprobable, al implicar sólo la eliminación de un ser que no posee inteligencia, ni viabilidad independiente, tan solo se trata de un agregado celular. Para esta tesis materialista, el alma no existe, ya que sólo somos una materia complejamente organizada.

En influyentes círculos progresistas el anticristianismo sigue de moda: es una de las características de la Europa actual, presentada como signo de modernidad, lo vemos en la escasa respuesta ante la persecución yihadista contra los  cristianos en amplias zonas de África, Oriente Próximo, Asia. Se desviven con  razón en la condena de atentados como el sufrido por Charlie Hebdo, y por miedo a los yihadistas, pasan de condenar los numerosos atentados contra víctimas cristianas.

Los Estados laicistas practican una falsa neutralidad: como públicamente están mal vistos la utilización de los argumentos religiosos, y estos son expulsados al terreno de la privacidad. En la práctica facilitan que los argumentos de inspiración atea se apropien del espacio público. Con este toro tenemos que lidiar, la historia no está cerrada, en nuestro recuerdo cercano está derrumbe del coloso comunista, tengamos esperanza en Jesús resucitado. Seamos humildes y trabajemos para que en la práctica nos ganemos una mayor igualdad, cara los demás.

Tengamos una aptitud y una mirada optimista: no estemos mal humorados; no debemos estar siempre mirando por el retrovisor, comparando la realidad actual con otras pasadas. Hay que resaltar hoy lo positivo de nuestra sociedad, y denunciar con frescura y descaro los aspectos que no nos gusten, para cambiarlos. Huyamos del quejido inoperante y de los malos rollos.

La razón de ser de la política está en el bien común

La política no debe servir intereses particulares o partidistas, con daño del interés general: los graves y frecuentes casos de corrupción en la actividad política, ponen de relieve la pasividad política y la debilidad moral de muchos ciudadanos, que no se escandalizan si los corruptos son los que les favorecen, a él o a los suyos.

Los derechos y libertades fundamentales, deben respetarse: no es posible un verdadero orden democrático si alguna voz queda excluida del debate público. La libertad hemos de conquistarla y defenderla cada día.

En España, ciertas libertades en situaciones puntuales son objeto de restricciones: la libertad de conciencia, la libertad religiosa, la ideológica y la de educación, ciertas izquierdas las intentan restringir al imponer una ética pública particular que quieren hacerla pasar por común. Defender la libertad religiosa es sencillamente proteger una libertad constitucional. Como las restricciones a autorizar un nuevo Colegio en el Seminario de Pamplona; las amenazas con quitar los conciertos educativos a colegios de niños o niñas separados; prioridad de lo público y rechazando del cheque escolar.

Una política al servicio del bien común ha de asegurar el derecho a la vida: necesitamos una política de protección de la maternidad, ayudas que permitan a toda mujer, acoger y educar a sus hijos. Proteger a la familia, que une a un hombre y a una mujer. La llamada ideología de género es muy negativa para la gente normal. Hoy desde la legalidad, se deteriora la concepción del matrimonio natural y su seguridad jurídica.

Toda actividad económica tiene una dimensión moral: necesitamos que el mercado no desatienda las exigencias éticas que lo ordenen al bien común, teniendo en cuenta la caridad &solidaridad y la subsidiariedad. Las políticas meramente financistas, están en el origen y gravedad de la actual crisis económica, donde las salidas están orientadas a marginar a los más débiles.

¿Políticos católicos?la actividad política como cualquier actividad humana es un buen lugar donde trabajar por la santificación personal. La presencia de católicos será eficaz si dan buen ejemplo. Si son capaces de ofrecer una verdadera alternativa moral, luchando hoy contra los privilegios de la casta política. Tenemos la urgente necesidad de regenerar moral y democráticamente nuestras deterioradas instituciones políticas.

La disposición al diálogo y a la colaboración: es muy importante para poder distinguir entre el obligado respeto a todas las personas y la necesaria confrontación de ideas, para poner la acción política al servicio de las personas, al servicio del bien común.

Sólo en situaciones extremas, la autoridad de la Iglesia: puede señalar la obligatoriedad moral de un determinado comportamiento social o político. Abandonar la ética en la actividad política, y someterlo todo al éxito personal, a la obsesión del poder, son otras tantas formas de inmoralidad y de idolatría, que corrompen nuestra convivencia.

Necesitamos una distancia crítica respecto de cualquier ideología, y mantenernos fieles a la fe de nuestros padres. Se trata de no transferir al partido, al programa o a la ideología el reconocimiento y la confianza que solamente podemos poner en Dios. Esto es hoy más necesario que nunca, cuando en todos los partidos políticos hay puntos concretos contrarios a la moral cristiana

No se trata sólo de cumplir con las normas legales, pues hoy sabemos que no todas moralmente son aceptables, el católico deberá obedecer antes a Dios que a los hombres. La pobreza cristiana, la caridad, el amor a la justicia y a la paz, han de prevalecer sobre la voluntad de poder, sobre la ambición o la soberbia.

Qué pasa en España

La doctrina episcopal española nos recuerda que el bien común no se refiere sólo a los aspectos materiales de la vida, siendo estos muy importantes, sino también incluye los aspectos culturales y morales. Distinguir bien entre los fines y también valorar los medios, es esencial en cualquier actividad.

Desde la Transición, en el contexto de un Concilio Vaticano todavía fresco, en seguida se descartó la posibilidad de la consolidación de un partido demócrata cristiano que no cuajo, acordémonos del intento de Ruiz Jiménez. Entonces muchos católicos españoles apostaron por partidos de izquierda, y los siguen apoyando hoy –Cristianos por el Socialismo, Asociación de Teólogos Juan XXIII, Foro Gogoa- desde la justificación de que apoyar al centro izquierda es la mejor manera de asegurar más los aspectos sociales, con el apoyo a los más pobres haciendo frente a los intereses de los más ricos. Otros muchos católicos optaron por alternativas de centro derecha, pensando que es la mejor manera para alcanzar una sociedad más justa, donde para ayudar a los más necesitados, lo primero será crear riqueza.

El voto útil: desde que llegó la democracia, y tras la utilización por los socialistas del voto útil con el objetivo de empequeñecer a sus competidores, cosa que consiguió, la derecha les imitó y ya llevamos muchos años habiendo interiorizado como buena la teoría de votar el mal menor. El voto útil busca votar a los partidos / candidatos que cuentan con más probabilidades de sacar escaños. Esto lógicamente beneficia al instalado, al partido grande consolidado. Muchas personas votan a aquello que más les apetece por comodidad, afinidad, interés o dependencia.

La vida en libertad necesita de la responsabilidad moral de los ciudadanos y de los dirigentes, tanto en el orden político como en los demás ámbitos de la vida social. No puede haber una sociedad libre y próspera sin un patrimonio moral común compartido y respetado. Las dos alternativas negativas serían, la de querer imponer -por medio de coacción- las ideas de la Iglesia al resto de la sociedad; o por el contrario la de los que consideran que la no confesionalidad, lleva a eliminar cualquier intervención de la Iglesia o de los católicos, en cualquier campo de la vida pública.

Sólo en situaciones extremas, la autoridad de la Iglesia, puede señalar la obligatoriedad moral de un determinado comportamiento social o político para los miembros de la Iglesia. No se debe aparcar la ética, en la actividad política y menos someterlo todo al éxito personal, a la obtención del poder, a la eficacia, al dinero. Pueden constituir otras formas de inmoralidad y de idolatría, que corrompen la convivencia.

Estos años de crisis económica, al centrarse el PP en resolver los temas económicos, y llevar una política errática en el tema del aborto, han sido las gotas que para muchos católicos han llenado el vaso. Todo esto lleva a poner en cuestión el tema de qué hacer ante las próximas elecciones, donde muchos católicos, aun sabiendo que el PP mantiene aspectos importantes contrarios a sus valores morales, se han creído en la obligación de votarlo porque piensan que es una obligación votar el mal menor frente a partidos de izquierdas que se perciben como un mal mayor.

Hacer el bien y evitar el mal: es lo que los católicos deberíamos apoyar. Pero en la práctica siempre nos encontramos en terrenos llenos de claro oscuros donde no siempre es fácil discernir, demasiados católicos españoles han llegado a identificar opción política católica con el mal menor. Después de la experiencia de tantos años, muchos empiezan a pensar que para muchos católicos españoles su participación política se reduce a un mínimo, muy mínimo: hay que votar el mal menor. Hasta tal punto, que renuncian a creer que pueda haber una política buena y, en vez de buscarla, buscan sólo dónde encontrar el mal menor.

El mal menor en la moral, nos puede conducira situaciones que deberíamos tener en cuenta que:

  • Optar por el menor de los males puede ser lícito a título excepcional.
  • Optar por el mal menor no es nunca obligatorio.
  • Quien recurra a él rectamente no lo hará sin dolor.
  • Ojo con que se convierta en un hábito contagioso y creciente.

¿Qué dicen los obispos? Hemos tenido de todo, desde obispos muy proclives al nacionalismo vasco y catalán, con gran escándalo de parte de su feligresía. Recientemente dos obispos se han pronunciado de manera clara contra la idea del mal menor; el de Alcalá de Henares Juan Antonio Reig Plá contrario al apoyo al PP, y José Ignacio Munilla Obispo de San Sebastián que dice que no hay ningún partido político en el arco parlamentario que un católico pudiera votar en conciencia.“Si el voto en conciencia no es práctico”. “Yo creo que entre practicismo y voto en conciencia está claro hacia donde nos tenemos que inclinar, hacia el voto en conciencia”. “El voto útil es un problema que arrastramos en España”.

También nuestro emérito cardenal Don Fernando Sebastián, como buen intelectual, polemizo en su día diciendo que algún partido extraparlamentario al analizar su programa reflejaba una visión cristiana de la vida.

No parecen tan alarmistas las posturas de Don Ricardo Blázquez y de Don Carlos Osoro, que son los responsables de la Conferencia Episcopal, siendo mucho más templados en sus apreciaciones, rechazando explícitamente Osoro que nos encontremos en una situación de persecución religiosa en España.

Desde los medios de comunicación de la Iglesia Española COPE, 13TV, etc., se apoya claramente al PP y en menor grado al PSOE, y se les da muy poca cancha a otras opciones más claramente católicas pero de muy escasa implantación como Vox, Alternativa Española, Comunión Tradicionalista Carlista, Solidaridad y Autogestión Internacionalista. Todos ellos se quejan, porque les gustaría que les ayudasen desde la Conferencia Episcopal a darse a conocer. Vivimos en una sociedad tecnológica y lo que no aparece en los medios, es como que sino existiese. Hoy comprobamos como la presencia de los nuevos líderes en los medios, sobre todo en las Teles, posibilitan el surgimiento con fuerza de nuevos partidos.

Los obispos en la CV Asamblea Plenaria de la CEE nos recuerdan la necesidad evangelizadora de la Iglesia, que viene marcada por las coordenadas de independencia y colaboración. La Constitución determina que hay que respetar la aconfesionalidad del Estado, que contempla el hecho religioso como positivo para la construcción social, por su aporte de valores y servicio solidario y humanizador, además de su misión sobrenatural. Los obispos recuerdan que a la hora del voto habrá que tener en cuenta los valores innegociables como son:

  • el derecho a la vida desde la concepción hasta su fin natural.
  • el verdadero matrimonio y la armonía y estabilidad familiar.
  • el derecho de los padres a la educación de sus hijos conforme a sus convicciones.

 

En los valores del Evangelio, prima ante todo la opción preferencial por el amor y la misericordia de Dios para con los más débiles y pobres de la sociedad.

Es un tema complejo. Se pueden sostener distintos puntos de vista que ayuden a tomar distintas posiciones concretas. La realidad muestra que no se pueda hablar de un voto católico -estricto sensu- en cualquier caso éste está disperso, es muy variado, como consecuencia de nuestra peculiar trayectoria histórica en los últimos decenios. Pesa también la actitud moderada de los obispos que han andando con pies de plomo en este tema. Cierto que han dado unas directrices generales desde un punto de vista doctrinal, pero muchos católicos no siguen las directrices de sus obispos. En cualquier caso no hay uniformidad de un “voto católico”, y hace tiempo que se descartó acertadamente cualquier apoyo expreso de la jerarquía eclesiástica a ningún partido.

Para terminar, pienso que no está de más recordar lo que sobre la verdad y la mentira nos dijo el insigne jesuita aragonés Baltasar Gracián:

Sin mentir, no decir todas las verdades. No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón: tanto es menester para saberla decir como para saberla callar. Piérdese con sola una mentira todo el crédito de la entereza: es tenido el engañado por falto, y el engañador por falso, que es peor. No todas las verdades se pueden decir unas porque me importan a mí, otras porque al otro. Oráculo Manual y Arte de Prudencia.

Documentación utilizada:

  • Los Católicos en la Vida Pública. Instrucción pastoral, Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española. 1986
  • Manifiesto del XI Congreso Católicos y Vida Pública“La política, al servicio del bien común”  23-XI-2009 de ACdP.
  • Catecismo de la Iglesia Católica: 1901ss ; 2242 ss.
  • José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, entrevista al diario El Prisma 25/03/2015
  • ¿Es lícito no votar al mal menor? Manuel Morillo 2015.
  • AES y el fracaso. Carta ante las próximas elecciones. 2015.
  • Intervención de D. Ricardo Blazquez en la CEE abril 2015.
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Esta noticia la publicamos el 17 de marzo de 2017