¿Es buena o es mala una amnistía fiscal?

Redacción 22 abril 2015 Noticias
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A primera vista una amnistía fiscal es algo malísimo. Supone dejar que una serie de personas que tienen grandes cantidades de dinero en negro pasen a tenerlo legal sin sufrir ningún castigo. ¿Cómo no pensar que esto es injusto?

Además el perfil de personas que tienen dinero en el extranjero es el de defraudadores ricos. Los de abajo pagan esforzadamente, los ricos esconden sus capitales y luego se acogen a amnistías fiscales. Maldición y anatema, ¿dónde está la parte buena?

Sin embargo, el asunto se puede considerar desde un punto de vista más pragmático.

Hay una serie de personas que tienen dinero escondido, que no sabemos quiénes son, que no sabemos cuánto dinero tienen ni dónde, que escapan al radar de Hacienda, que no están pagando nada y que siendo realistas hay muy pocas esperanzas reales de recuperar nunca ese dinero.

Desde luego podemos seguir con esta situación, pero el resultado es que tenemos cero ingresos.

Por el contrario, podemos ofrecerles regularizar su situación a cambio de pagar un 10%. Para estas personas es un estímulo apetitoso porque es menos de lo que tendrían que pagar y les permite legalizar su situación y gastar ese dinero con libertad. Para el conjunto de los contribuyentes, supone cobrar un 10% con la regularización y que el dinero aflorado empiece a pagar impuestos con normalidad a partir del año siguiente a la regularización.

Desde luego se trata de un punto de vista discutible, pero no es un punto de vista completamente absurdo.

El punto de vista estrictamente moral implica no ingresar ningún euro, además en un momento de enorme necesidad de ingresos públicos.

El punto de vista pragmático, aunque poco glamuroso, permite ingresar al menos una parte.

En concreto, la “amnistía fiscal” del PP permitió aflorar 40.000 millones de euros e ingresar directamente 1.200 millones.

Si no hubiera habido amnistía, habrían dejado de ingresarse 1.200 millones menos en las arcas públicas.

La amnistía fiscal no es que excluya a la lucha contra el fraude, pero siempre habrá fraude. La pregunta es qué hacemos con lo que se consigue defraudar.

Esos 1.200 millones que se habrían dejado de ingresar, por lo pronto hubiéramos tenido que ponerlos el resto de contribuyentes.

Pero además, esos 40.000 millones que han aflorado empezarán a tributar en el futuro según se gasten o se inviertan, generando nuevos ingresos públicos.

¿Hubiera sido mejor no haber perdonado nada y no haber ingresado nada? Pongan ustedes cada opción en un plato de la balanza.

Aún existen algunas consideraciones que nos ayudan a afinar el análisis.

Lo que se ha producido no es propiamente una amnistía, sino una regularización. Es decir, que se ha pagado una parte de los impuestos debidos y que lo que se “perdona” es la evasión fiscal, pero no otro tipo de delitos. Por consiguiente, la regularización ampara al que ha ganado el dinero legalmente pero luego lo ha ocultado fiscalmente, no al que ha ganado el dinero ilegalmente vendiendo droga o cobrando comisiones ilegales.

Es por esto que, por ejemplo, se puede perseguir judicialmente a Rato, si el origen de su dinero no es legal. No existe por tanto una especie de amnistía total, como sí se ha promovido otras veces por parte, por cierto, de algunos de los que ahora se rasgan las vestiduras.

Alguien habrá notado que si han aflorado 40.000 millones y se han ingresado 1.200 eso no es el 10%. La razón del desfase es que se relajaron las condiciones para aumentar el número de personas y el capital que se acogía a la regularización. Así, se perdonó la parte debida de todo ese dinero que en teoría había prescrito. En consecuencia sólo se cobró la parte generada entre 2007 y 2010. Todo esto forma parte de otro subconjunto de lo que se podría discutir, incluso estando a favor de la regularización.

Como decíamos, las cuentas con Hacienda quedan regularizadas hacia atrás, pero no hacia el futuro. Ahora Hacienda tiene en su radar 40.000 millones que antes no estaban. Si sus propietarios los invierten en acciones de Telefónica o se compran un Mercedes o un piso, todo eso generará nuevos ingresos a Hacienda.

En el lado negativo, aparte de las consideraciones morales o de estricta justicia, puesto que las amnistías y regularizaciones empiezan a ser ya una práctica periódica el defraudador puede esconder el dinero y esperar tranquilamente la próxima regularización. Las amnistías periódicas envían un mensaje poco estimulante para cumplir con la legalidad fiscal.

El debate se intenta reducir a una cuestión de blancos y negros, pero defienda uno la regularización o la rechace no hay una opción en la que todo sean ventajas y otra en la que todo sean inconvenientes, o al menos parece un asunto discutible. Decidan ustedes mismos, pero estaremos de acuerdo en que estar a favor o en contra sólo según qué partido sea el que apruebe la amnistía es un argumento grosero.

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Comentarios (2)
  1. Y lo de el PSOE ya es de mear y no echar gota, cuando el tal Pedro Sanchez, próximo expresidente del partido, se desgañita contra la regularización del PP y su partido hizo DOS, y encima en vez de cobrarles, les daba dinero al aflorarlo como compra de deuda pública al 2% (que entonces era un tipo de interés bajo). Vaya desparpajo tiene el tipo…aunque para lo que le queda en el convento, ya vemos que se mea dentro.

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  2. ikerzeta says:

    Las amnistías fiscales son una inmoralidad, la haga quien lo haga.

    Con los ladrones defraudadores mano dura.

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