Qué puede pasar

No hicieron autocrítica, ni pública ni privada pero la caída del muro de Berlín supuso la aceptación por las izquierdas de la bondad del capitalismo como generador de riqueza. Cambiaron sus viejas banderas por las de homosexuales; la de discriminación positiva a la mujer; la de extensión del aborto convirtiéndolo en derecho, y atacar a los católicos (los musulmanes les dan miedo). Lo vaticinó A. Gramsci, “la conquista del poder cultural es previo, a la del poder político”. Por eso las izquierdas dan la matraca todo el día, como la lluvia fina. Las derechas siguen sin dar la batalla de las ideas, y solo hablan de economía.

Llevamos para siete años de crisis, al principio el Gobierno navarro apostó por la inversión, apoyando a ciertos consumos. Hoy tenemos un endeudamiento de más de 3.000 millones. ¡A nadie le gusta gobernar en época de vacas flacas, y menos a la izquierda! Para ellos cualquier solución pasa por aumentar el gasto, intentando sostener lo insostenible. Para Navarra es imprescindible que UPN siga siendo la primera fuerza, pues así dificultará cualquier otra construcción de alternativas. El calendario le favorece, ya que a Podemos le perjudicaría el facilitar un Gobierno con o apoyado por Bildu, pues les restaría credibilidad para las generales.

El escenario después de las generales de 2015, determinará en gran medida la configuración de la política Navarra. Si se cumplen los pronósticos y tienen un descalabro el PP y el PSOE, y se formase un Gobierno frentepopulista de todos contra el PP, dejaría a UPN/PP en una situación de gran debilidad y se necesitarían una nueva reorganización para acumular fuerzas desde la oposición. Deberían construir un discurso realista, practicar la lucha de ideas, romper con los vicios del pasado, y tener actuaciones más próximas a la gente.

Pero lo más previsible es que se forme un gobierno minoritario del PP (con unos presupuestos aprobados antes de las elecciones). Luego volverán a convocar nuevas elecciones para abril del 2017, en un nuevo escenario, cuando se haya consolidado la recuperación económica, y se visualicen las imperfecciones de los nuevos partidos emergentes. Con lo que no se debe dar por enterrado fácilmente el bipartidismo.

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