Los problemillas del nacimiento del Hijo de Dios en Belén

Redacción 24 diciembre 2014 Noticias
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Navidad.

Para muchas personas puede no significar nada.

Para otras representa la alegría de exaltar la familia.

Para otras, por lo mismo, es más bien una época triste.

Alguien puede reducirlo todo a una cuestión de vacaciones, viajes, regalos, consumo, que lo mismo da diciembre que julio salvo por el tiempo.

Para un cristiano puede ser algo de lo anterior o nada de lo anterior o todo lo anterior, pero sobre todo es, o debería ser, otra cosa.

Es la conmemoración de un acontecimiento que para él es real.

Este acontecimiento, aunque lo podamos abordar de muchas maneras, en definitiva es la decisión de Dios de aparecer en el mundo.

¿Y por qué iba Dios a hacer tal cosa?

De algún modo esto sólo tendría una explicación y es la de que a Dios le importa lo que pasa en este mundo y lo que hacemos los humanos. Es decir, que podríamos pensar en un Dios que fuera una especie de Demiurgo, causa primera, creador del mundo pero a la vez indiferente al mundo. O que creó el mundo porque lo que le apetecía realmente era ver nevar en Ontario y los seres humanos y toda la galaxia o el resto del universo entero son un mero efecto secundario irrelevante. Obviamente, como hipótesis, un Dios que se hace hombre es que se interesa desmesuradamente por los hombres.

¿Cómo?

Atención, porque parece que si se es Dios debe ser fácil comunicarse con los hombres o mezclarse con ellos, pero no lo es tanto. Es decir, que podrían abrirse los cielos en medio de una tormenta de rayos y una voz cavernosa podría decir: “¡Hola!”. O bien: “¡Os ponéis ahora mismo todos a bailar la conga!”. O incluso: “¡Os ordeno que os améis todos unos a otros!”. Para lo primero quizá no merecía la pena rasgar el firmamento. Para lo tercero puede que valiera. Lo que pasa es que en ese caso todo el mundo hubiera amado al prójimo como hubiera bailado la conga. Es decir, alucinado y aterrorizado. De algún modo se puede entender que a Dios no le interesara que todo el mundo amara al prójimo como si bailara a la conga a punta de pistola. De lo que podemos concluir que comunicarse con los hombres siendo Dios no es tan sencillo como parece sin desatar una cascada de efectos secundarios indeseados. Aparecer abiertamente ante los hombres como Dios, botando la Luna con una mano, sin duda captaría nuestra atención, pero a su vez se cargaría el libre albedrío. Tendríamos la misma libertad o el mismo mérito haciendo las cosas que alguien al que le pusiéramos delante sin ocultársela una cámara de seguridad. Si Dios se apareciera delante nuestro con un lanzallamas cada vez que vamos a hacer el mal seguramente habría menos malvados, pero habría en el mundo mucha menos libertad y por tanto menos moral. Es decir, habría mucho más temor al lanzallamas que auténtica bondad. La auténtica bondad requiere libertad. En conclusión, si Dios quisiera decirnos algo y comunicarse con nosotros sin anular el libre albedrío, por retorcido que parezca puede que la forma más sencilla fuera aparecer como alguien de apariencia humana, incluso como un auténtico hombre. Siendo Dios, por otro lado, podría haber chasqueado los dedos y aparecer súbitamente en el pico de un monte subido en un rayo. O chasquear los dedos y nacer de una mujer. Técnicamente la dificultad es similar, pero lo segundo resulta mucho más eficaz para acercarse a los humanos con una tapadera discreta.

¿Cuándo y dónde?

Aún asumiendo que Dios existe y se hace hombre, para EL quizá debió ser un problema el tener que elegir el momento y el lugar concreto en el que hacerse hombre. ¿Cuándo? ¿No hubiera sido mejor esperar a la invención de la ducha o la Nespresso? ¿Dónde? ¿Por qué no en Chicago en 1930 o en Marte en 2196? El caso es que para nacer y vivir entre los humanos hay que elegir una fecha y un lugar. Pensar en el por qué puede arrojar alguna luz sobre esta cuestión.

¿Por qué?

Todas las reflexiones anteriores no tienen mucho sentido si a fin de cuentas no existe un porqué. Puede que a Dios le importemos los humanos. Puede que para comunicarse con nosotros más eficazmente tuviera que hacerse humano y aparecer en un momento y un lugar concretos de la historia de la humanidad. Pero correr con todas esas molestias no tendría sentido sin un por qué o un para qué. ¿Y para qué querría Dios hacerse humano y aparecer en la Tierra? Pues de creer a los cristianos, para contarnos una serie de historietas sobre un samaritano que ve a un judío malherido al borde de un camino y que se para a ayudarle, a pesar de que los samaritanos y los judíos eran archienemigos. O sobre un hijo que le pide la herencia a su padre, abandona su familia y se marcha a vivir la vida hasta que tiene que volver arruinado a pedir ayuda. O sobre que hay que amar a los enemigos porque lo de amar a los amigos lo hace cualquiera. ¿Qué tendría que poner en un papel que nos dijeran que lo ha escrito Dios para que no nos muriéramos de la risa al leerlo? Si nos detenemos a pensarlo un momento, es muy fuerte que alguien nos pueda prestar un libro que supuestamente recopila una serie de historias originalmente narradas por Dios. Pero más fuerte es aún que muchas personas, después de leer esas historias, no estén seguras de que realmente no puedan haber sido relatadas originalmente por Dios. Podría ser una fórmula para viajar más rápido que la velocidad de la luz, pero para eso nos la podría haber pasado una mano gigante bajando del cielo. Y puede que tampoco sea tan importante la velocidad de la luz.

Reflexionábamos antes sobre el problema de Dios para elegir un lugar y un momento concreto en el que nacer. Si lo que quería contarnos era que materialmente la limosna discreta de una viuda pobre era menor que la de un rico ostentoso o una estrella de Hollywood, pero que moralmente valía mucho más, seguramente necesitaba aparecer en un momento de la historia con el suficiente desarrollo e interacción entre los pueblos como para que sus palabras pudieran ser registradas y transmitidas, de modo que incluso 2.000 años más tarde aún se recordaran. Pero para conseguir eso probablemente tampoco hacía falta esperar a que se inventaran los whatsapp. De hecho se ha conseguido el objetivo, luego la elección del momento y el lugar no debió de ser del todo mala.

¿Quién?

Quizá por deformación profesional hemos ido analizando el nacimiento de Jesús como una noticia periodística, según el clásico patrón del quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. Entonces otro de los problemas de Dios para protagonizar esta historia es que, quizá, haciéndose un hombre y escogiendo el lugar y la época adecuadas para asegurar su divulgación sin esperar a internet y sin que se abrieran los cielos, todavía podía surgir un problema. Que el mensaje llegara pero que la gente, tan lejos o tanto tiempo después, no tuviera claro quién era el autor. Lo que pasa es que eso podía ser un cierre genial de la operación. Por un lado así se garantizaba el libre albedrío. Por otra parte, pensándolo fríamente, ¿que será a lo mejor lo que prefiere Dios? ¿Un mensaje que, si no sabemos que es Dios el que lo manda, no tendría ningún interés? ¿O bien un mensaje capaz de seducirnos aunque no tengamos al autor atado en la camilla debajo de un microscopio?

En fin, la conclusión de todo esto es que si hubiera un Dios que nos hubiera creado, que sintiera un aprecio por nosotros y que hubiera querido decirnos algo, más o menos tendría que haber hecho las cosas tal como según la Navidad se supone que pasaron. O al menos hubiera sido lógico que las cosas hubieran sucedido así dentro de un abanico de posibilidades alternativas disparatadas. Lo cual es notable. Porque de todas las formas en que se podía haber contado o inventado esta historia, casualmente coincide con la que posiblemente sea más lógica.

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Comentarios (5)
  1. jabier says:

    Y olvidáis lo más destacable de todo, la humildad de haber nacido en Belen pudiendo haberlo hecho en Bilbao.

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  2. arana goiti says:

    Feliz, santa, católica y apostólica Navidad. Que la felicidad que nos produce recordar la encarnación de Dios en la Historia llegue a todos los corazones. Especialmente a todos los españoles y muy especialmente a las personas de buena voluntad.

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  3. navarrisimo says:

    Sea humilde o no,Que El Niño que nació en Belén,bendiga vuestra mesa y a vosotros también.Feliz Navidad.

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  4. Feliz Navidad. Tan sencillo. Tan importante.

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  5. Infanzon says:

    “FELIZ NAVIDAD” para todos los hombres de buena voluntad.

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