Aprender a golpes

Esquilo nos enseño que la mejor manera de aprender es a través del dolor. Los españoles salimos de un régimen autoritario, de control y dirección social en muchos aspectos de la vida (religioso, ético, político) sin apenas esfuerzos de la mayoría de la población, en apenas tres años pasamos a una democracia, donde muchos de los que nos opusimos a la Dictadura tampoco éramos demócratas. Pronto nos acostumbramos a vivir en libertad, continuamos con un desarrollo económico que venía desde los años sesenta y con la incorporación a Europa, todavía fue más espectacular.

Hubo mucho dinero, confortabilidad y luego vivimos el ensueño de una burbuja financiera prolongada. Fueron momentos propicios para que imperase el mantra proudoniano del buen salvaje, del buenismo, que nos invadió a todos y penetró en la legislación. Hemos vivido la democracia de una manera adolescente, recalcando mucho los derechos y olvidándonos de las obligaciones, nos vemos con derecho a casi todo gratis, y votamos reiteradamente a partidos sabiendo que habían caído en la corrupción, pero justificábamos que eran de los nuestros.

Los españoles, pasamos con suma facilidad de considerarnos los mejores a pensar que somos los peores, en un plis-plas. Pero el que hoy nos escandalicemos todos con la corrupción, demuestra que no estamos perdidos, que hay esperanza de que todos estos avatares hagan que seamos un poco más sensatos y tomemos medidas. Debemos esforzarnos en buscar buenas salidas a las crisis, económica, política y moral en las que estamos metidos.

En el inicio de la Transición se les dio demasiado poder a los partidos, con la sana intención de fortalecerlos y confiamos en que todo el mundo era bueno mientras no se demostrase lo contrario. Pero la realidad, hoy, es que el sistema tiene una corrupción intensa y extensa, siendo urgente regenerar la democracia. No olvidamos que nuestra sociedad a pesar de todo ha desarrollado muchos aspectos positivos: se atiende mejor a los más necesitados, a los más débiles, a los derechos de las minorías, etc. En el derecho a la vida hemos retrocedido. Hoy conocemos como en el pasado, también tuvo sus claro oscuros.

La situación actual plena de noticias de corrupción nos angustia y nos impide ser objetivos. No vemos que a pesar de todo el sistema funciona, la fiscalía no está manejada desde el Gobierno, ni la policía está al servicio de los políticos, y por eso muchos políticos corruptos, poco a poco van caminando hacia la trena. Olvidamos que las personas podemos actuar bien o mal, y para actuar bien hay que tener principios morales y ejercitarlos desde niños, sino fácilmente cualquiera caemos en la corrupción.

La moral no hay que legislarla, hay que legislar órganos y medidas de control, partiendo de que no todo el mundo es bueno sino más bien pecador si tiene facilidades, apoyemos la desconfianza cómo decía Lord Acton de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Hayek decía que el mal es más abundante que el bien. Debemos de desconfiar del poder, contar con mecanismos de control, un estado más pequeño, más cercano, que no pueda ningún cargo electo repetir más de dos mandatos, control fiscal de políticos y sus parientes, que sea agravante penal la condición de políticos, acortar los plazos procesales, nueva ley electoral, etc.

Necesitamos una visión sensata, conocemos que todo lo humano es cambiante y fluido. Las sociedades avanzan por una combinación de luchas de intereses e incluso de chapuzas, que interactúan y hacen que muchas veces dicho avance se positivo. Todo progreso necesariamente es tentativo y precario, cuando solucionados ciertos problemas, aparecen otros nuevos que no pudimos prever. La acción política no conduce a situaciones necesariamente firmes, y por ello lo bueno es ser reformador. Defender hoy la democracia y frenar la corrupción lleva a reformar resueltamente nuestro defectuoso estado de derecho.

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