El Partido en el que milito se define ideológicamente como una formación que tiene a la persona como eje de su acción política y defiende la dignidad del ser humano y los derechos y libertades que le son inherentes. Por eso, en la pasada legislatura, cuando el Gobierno de Zapatero acometió una reforma unilateral de la Ley del aborto que no la llevaba en su programa electoral, trató de evitar ese atropello y lo hizo, primero, en vía parlamentaria, a través de un voto particular, de sus aportaciones en la Subcomisión del aborto y con su voto en contra de tal proyecto de ley tanto en el Congreso como en el Senado, con lo que trató de mantener la doctrina del Tribunal Constitucional de 1985. Después, cuando el cambio ya había sido consumado, lo hizo recurriendo esa reforma ante ese mismo Tribunal.

Y siendo coherente con todo ello, se presentó a las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 con un programa electoral en el que decía que, si llegaba al Gobierno, iba a promover una ley de protección de la maternidad en la que habría medidas de apoyo a las mujeres embarazadas, especialmente para las que se encuentran en situaciones de dificultad, que iba a impulsar unas redes de apoyo a la maternidad y que iba a cambiar el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida y de los menores. En definitiva, que iba a proponer una reforma de la ley del aborto que en lo sustancial supondría acabar con la actual ley de plazos y volver a la que se estableció en base a la doctrina del Constitucional.

Con ese programa, mi Partido logró el mejor dato electoral de su historia, obtuvo la confianza de casi once millones de españoles, 186 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados y más de 160 de los 265 del Senado.

Por eso, ahora, cuando afrontamos la recta final de la legislatura, el anuncio que ha hecho de que retira el anteproyecto de ley del aborto ha dejado descolocados a muchos de sus afiliados y votantes que no entienden tal decisión.

Yo me resisto a creer lo que algunos dicen, eso de que a la hora de tomar esa medida lo que han primado han sido las encuestas. Quiero pensar que ese no es el motivo porque, si así fuera, nos encontraríamos ante una especie de idolatría pues, por unos votos, estaría renunciando a un principio fundamental, como es el derecho a la vida, que ha sido consustancial con su discurso histórico desde que se fundó. Y, si eso fuese cierto, a partir de ahora sería otro Partido diferente.

Yo sigo pensando que, como hasta ahora, el Partido en el que milito desde 1977 va a seguir defendiendo ese derecho fundamental y troncal que está reconocido en el artículo 15 de la Constitución. Por eso, le he dado muchas vueltas a las palabras que pronunció el presidente cuando anunció esa retirada y quiero pensar que, quizá, en los próximos meses el Tribunal Constitucional puede fallar sobre el fondo del recurso que se presentó en junio de 2010 y puede darnos la razón en los temas que en él se planteó; es decir, que puede acabar con el sistema de plazos consagrado por la ley de Zapatero y en ese conflicto de intereses que siempre se da en un aborto entre el ser más indefenso, el nasciturus, y la mujer gestante, cuya decisión, por diferentes motivos, es acabar con la vida de aquél, puede hacer que el Estado tenga que volver a proteger al primero. Si esto es así, sería lo más prudente porque si en vez de fallarlo el Constitucional es una ley de Cortes la que lo cambia, sabemos que cuando haya otra mayoría en las Cámaras lo tumbarán.

Yo también estoy expectante sobre el alcance que tendrán los cambios anunciados por el presidente para que las jóvenes de 16 y 17 años puedan contar con el apoyo de sus padres a la hora de adoptar una decisión tan importante en la vida de una menor, como es la de continuar adelante o no con su embarazo, y sobre ese Plan Integral de apoyo a la Familia y a la Maternidad que, dice, se va a aprobar para que ninguna mujer tenga que renunciar a ser madre por razones económicas, laborales o de otro tipo.

Yo soy de los que creen que las legislaturas duran cuatro años y que hasta que acaban no se puede hablar de incumplimientos del programa. Por eso, quedo a la espera para ver qué da de sí ésta con relación al aborto. Todavía hay tiempo. Mi Partido tiene la legitimidad y los votos para hacer en el año que resta lo que nuestros votantes esperan de nosotros en esta materia. Lo contrario sería dejar en manos de la izquierda los asuntos relativos a las libertades, los derechos y las voluntades y convertirnos en simples gestores para reflotar la economía, cosa que nadie nos lo perdonaría porque en esos temas nos exigen que también seamos líderes.

* El autor es senador del PP por Navarra  

 

 

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