Catadura moral

José Manuel Contreras Naranjo 30 septiembre 2014 Opinión

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Aun siéndolo, lo verdaderamente grave, no es que los partidos políticos estén a favor del aborto. Lo realmente grave es la catadura moral de los políticos que en uno u otro lugar se presentan dispuestos a gobernarnos. Y esta catadura moral no sólo queda evidenciada cuando se les pilla llevándose el dinero que no es suyo, como ya nos tienen acostumbrados. También se vislumbra cuando se les oye hablar a los unos de los otros. Cuando nos anuncian sus historietas en las campañas electorales y luego las incumplen sistemáticamente. Cuando se colocan por encima de la ley, o las hacen a su antojo para conseguir sus objetivos a toda costa. Cuando se sirven de quienes les votan para asignarse prebendas y beneficios vitalicios. Una catadura moral que también se percibe entre los afiliados de estos partidos, que miran para otro lado cuando los comités ejecutivos adoptan decisiones contrarias a sus principios programáticos, mientras que son capaces de vender su alma por ocupar un buen puesto en la lista electoral. ¿A quién debemos votar los ciudadanos? ¿A quienes enarbolan las soflamas de las llamadas “políticas sociales”, aunque luego nos lleven a la ruina económica? ¿A quienes fijan su objetivo prioritario en mejorar la economía subiendo los impuestos y congelando salarios, aunque esto signifique traicionar su programa electoral de cabo a rabo? ¿A quienes nos sacan de la guerra de Irak para meternos en la de Afganistán? ¿A los de los ERES, a los que dicen ganar más fuera de la política pero que luego la utilizan para enriquecerse más y más, a los que cambian sus decisiones según convenga para no bajarse de la poltrona del poder? ¿Los que promulgan leyes educativas que empobrecen cultural e intelectualmente a los alumnos?

Pero nuestros políticos no son más que el reflejo de la sociedad. Ellos se comportan según los réditos que puedan obtener de los
ciudadanos. Por eso es fundamental arrastrar al pueblo, empobrecer sus criterios, desprestigiar la moralidad y hacerla depender sólo de lo que “apetece”. En esta operación son fundamentales los nuevos predicadores mediáticos, entre los que destaca el sumo sacerdote Jorge Javier que todas las tardes pretende salvarnos desde su púlpito, repartiendo indiscriminadamente ostias sin consagrar. Por eso los políticos se arriman a estas nuevas iglesias desde las que el proselitismo camuflado resulta fácil. Es legítimo que haya diferentes formas de pensar. Es necesario que existan diversas opciones políticas. Incluso se debe admitir que las personas cambien de opinión. Lo que no es moralmente admisible es la hipocresía, el engaño, el oportunismo, la ambición desmesurada de poder. Y no lo es porque los ciudadanos estamos desprotegidos ante todo ello y nos colocan como espectadores atónitos ante una corrupción integral.

_JOSE MANUEL CONTRERAS NARANJO_

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