Los más listos de la clase: ni cantidad, ni calidad

Redacción 12 septiembre 2014 Noticias
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Un amable lector, al hilo de la escasez de intervenciones de algunos parlamentarios forales que denunciábamos en un análisis anterior, nos sugirió que sería muy interesante distinguir los diferentes tipos de intervención. No es lo mismo la intervención en un proyecto o proposición de ley, que en una interpelación, una moción, una comparecencia o una pregunta escrita. Tampoco lo es según el resultado de las votaciones, si las hubo, o posiciones parlamentarias a favor o en contra. No es igual la intervención en una interpelación o en una moción en contra de todos los grupos parlamentarios que otra en la que los grupos están todos de acuerdo. En la primera hay que echarle muchos arrestos, en la segunda basta con una intervención de aliño. No es lo mismo una intervención desde el ambón que otra desde el escaño. No es lo mismo intervenir para defender una iniciativa del grupo que posicionarse a favor o en contra de la iniciativa de otro grupo.

El día 23 de enero de este año, por ejemplo, una de las diputadas que mencionábamos en el anterior artículo por su escasa actividad intervino en una interpelación sobre un asunto socialmente tan trascendente como lo es el aborto. Decíamos también en el anterior artículo que si un diputado interviene una vez cada 6 meses en el Parlamento al menos su discurso ha de ser memorable, capaz de eclipsar a Cicerón y Churchill juntos. Pues bien, la intervención de esta diputada duró 21 segundos durante los cuales pronunció el siguiente e importante discurso:

“Gracias señor Presidente, buenos días señorías. En primer lugar agradecer a la consejera su explicación clara y concisa. Cumpliremos la ley anterior, actual y posterior porque así hacemos con todas las leyes”.

Una interpelación es una de las iniciativas parlamentarias más granadas. En ella se fijan las ideas políticas de los grupos parlamentarios. No basta cubrirse con la intervención de un consejero que es el que debía argumentar sobre su obligación de cumplir la ley. Un parlamentario debe dar doctrina al ciudadano al que representa. ¿Qué piensa UPN sobre el aborto? ¿Qué sobre el contenido del borrador del proyecto de ley de Gallardón? ¿Qué sobre las políticas de apoyo a las mujeres embarazadas? ¿Qué sobre las prácticas abortivas empleadas como mecanismo de control de la natalidad? ¿Qué se entiende por el derecho a la vida? ¿Hasta dónde alcanza este derecho? ¿Cuáles son sus principio bioéticos?

De todo esto nada, aunque tales intervenciones son ocasiones de oro para fijar el pensamiento político y proyectarlo a la sociedad. También son ocasiones de oro para que un parlamentario se de a conocer.

Si es mejor que un parlamentario no se de a conocer o carece de una mínima capacidad dialéctica y oratoria es mejor que no sea parlamentario. Luego nos preguntamos quién podría sustituir al líder con estos mimbres. Nadie, nadie. Evidentemente.

Esta debe ser la política del grupo de UPN en materia de aborto. Y en cualquier otra materia importante. Cumplir la ley… para eso no se necesitan parlamentarios, ni parlamentos, sólo jueces que juzguen a los incumplidores.

Así pues, el rasero para medir el trabajo parlamentario no debe ser solamente el número de sus intervenciones, que también, sino también la calidad de todas esas intervenciones.

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Comentarios (4)
  1. navarrisimo says:

    Ya sabemos de que pie cojea la izquierda rancia y la extrema izquierda,Parlamento elefantiasico,con más Parlamentarios que su querida ONU.Por vergüenza que no tienen ni la conocen en la izquierda,por ese pueblo al que mienten a diario…Aprueben 25 Parlamentarios en Navarra.YA! o 15 mejor todavía…..Que dineral de derroche,casi como la EITB.

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  2. Mientras la aprueban y tal, de paso podemos copiar a los alemanes, tan listos y democráticos ellos, y prohibir partidos comunistas y nazis. Por precaución e higiene democrática.
    Y mandar a esos diputados a sus casitas, a soñar con gulags y jugar con campos de concentración….de juguete.

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  3. wallace says:

    Respecto a la falta de intervenciones de los parlamentarios destacaría que los políticos son los únicos “trabajadores” que no tienen que justificar nada ,incluso la no asistencia al centro de trabajo ,para cobrar un generoso salario.Así nos va.

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  4. peztondo says:

    Será por todos estos motivos y más que alguno llama a eso el charlamento?

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