Preocupados

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La actual crisis, tan brutal, se ha llevado demasiadas cosas, ilusiones y proyectos, por delante. La juventud está abandonada, sin apenas perspectivas; la tasa de natalidad está bajo mínimos; los trabajadores soportamos una devaluación salarial importante, para posibilitar que las empresas puedan competir; y la clase media, está más hundida que nunca.

Más del 30% de la población soporta especialmente la dureza de la crisis, y esto produce dolor, insatisfacción y frustración. Los costes de la crisis no han estado bien repartidos. Los han soportado los comercios, las pymes y los asalariados principalmente. Los poderosos, las grandes empresas, los bancos, etc., siempre intentan privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, consiguiéndolo, la más de las veces. La clave está en que el actual estado del bienestar, hoy, no lo podemos costear. Nuestro déficit está entorno 50.000 millones € anuales.

Hasta qué no llegue una reactivación firme y prolongada, no avanzaremos. Tan sólo una mirada crítica sobre los abultados gastos públicos, nos muestra su mucho despilfarro, sus muchas ineficiencias y demasiados sobre costes, por la corrupción. Habrá que racionalizar los gastos públicos, para recuperarnos, sostenidamente, con un estado menos elefantiásico. El modelo económico de antes de la crisis, petó, hay sectores que no se pueden seguir subvencionando, dejemos de producir cosas y servicios, que hoy no se demandan. Necesitamos ofrecer nuevos productos y servicios, capaces de competir mejor. Incluso en el futuro, habrá que repartir el trabajo disponible.

No sabemos qué va a ser de nuestros hijos, ni desde el punto de vista laboral, ni si tendrán pensiones, eso sí, intuimos que vivirán peor que sus padres. La crisis ha producido una profunda inflexión en las expectativas. Hoy muchos son los que cuestionan, el estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea. Hemos vivido, y seguimos viviendo obsesionados con la creación de riqueza. Llevamos demasiado tiempo trabajando, como virtud principal, la búsqueda del beneficio material, viviéndolo como un fin, y no como un medio.

La crisis no sólo es económica, también es una crisis de valores, de regeneración democrática. La desconfianza de los ciudadanos en los políticos, es total, existe una situación objetiva que favorece el crecimiento de nuevos o viejos populismos, estos siempre ofrecen un cielo en la tierra. Muchos les votan por no tener otra alternativa, pues la clase política está reaccionando demasiado tímidamente. Esta situación es muy delicada. La vieja Europa ha perdido la fe en sus valores, se ha olvidado de sus raíces, que la convirtieron en la zona más avanzada del mundo. Hoy nuestros dirigentes, ya no creen en ellos, y no los defienden. En el día a día, hacen políticas alicortas, de tenderos.

En nuestra tierra, contamos con la desorientación general de las izquierdas que, en buena parte, han dejado de ser patriotas, al apoyar a los independentistas. Estos continúan mirando por el retrovisor de la historia, proponiendo una inviable Europa de más de 200 regiones, con la monserga del derecho a decidir en busca de “su” tierra prometida. Tampoco hacemos mucho por defendernos de la radicalidad yijadista, que ya la tenemos a la puerta de nuestras casas. Todo este panorama nos produce preocupación.

Pero no debemos desesperar, donde estemos no podemos callarnos, debemos postular políticas moderadas&reformistas, debemos proponer la supresión de tanta subvención chorra, debemos denunciar tantas ineficacias, en definitiva comenzar a ver las cosas desde otros puntos de vista. En Navarra Confidencial ofrecemos esos otros puntos de vista, que nos ayuden a mantener la esperanza, a luchar para que las preocupaciones sobre nuestro futuro, no nos abrumen.

 

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