Reflexiones de estío 

Ricardo Guelbenzu Morte 18 agosto 2014 Opinión

                                                     

Gracias a la existencia del Estado, no vivimos bajo la ley de la selva. Esto tiene grandes ventajas, pero también inconvenientes, ya que todo Estado tiende a ejercitar el poder de manera abusiva. El poder del estado, en su versión moderna de separación de poderes, ciertamente nos aleja de la selva. Pero no somos ingenuos, sabemos que cualquier estado, lleva parejo, un control oligárquico de los más poderosos.

Todos no somos iguales, vemos todos los días como los poderes fácticos, los grandes poderes económicos: representados por los principales bancos, las grandes empresas eléctricas, las grandes constructoras de obras públicas, etc., los altos funcionarios del estado, los staff de los dos partidos hegemónicos, los principales grupos de comunicación, los staff de las patronales y sindicatos: han cortado el bacalao antes de la crisis, lo siguen haciendo ahora  y lo continuarán cortando en el futuro, ellos o sus sustitutos.

Los impuestos son necesarios para alimentar al voraz Leviatán, en el que se ha convertido nuestro gigantesco Estado Autonómico Federal.  Para que los continuemos pagando, necesitamos un clima de cohesión social, que se obtendrá, en la medida, que funcione razonablemente la sociedad. Para ello deben funcionar mejor las instituciones (Consejos, tribunales, prensa, sociedad civil) que posibiliten una justicia lo más independiente posible, que garanticen que al poderoso pillado infraganti, termine con sus huesos en la cárcel, como antes paso Rafael Medina Duque de Feria, Ormaechea, luego Mario Conde, Bárcenas, Gerardo Díaz Ferrán, Roca, Del Nido, Mª Antonia Munar, Jaume Matas, Carlos Fabra, etc., y los otros muchos que todavía faltan (peperos de la Gurtel, Urdangarín&Co, sindicalistas y socialistas de los EREs, Pujoles, etc.)

Los españoles cuando criticamos, lo hacemos apasionadamente y con sectarismo. Necesitamos un juicio más ponderado, el periodo estival es una buena ocasión, para favorecer una visión desde la media distancia, lejos del agobio diario. 

Utilizando el sentido común, vemos que a pesar de sus defectos y limitaciones nuestro Estado está entre los menos malos, podríamos decir que estamos entre lo más alentador de las democracias occidentales. Conocemos sus defectos, sus dosis de corrupción, pero ¿en qué país no existen?, sabemos que estamos alejados de un nepotismo generalizado y que en todas partes cuecen habas.

Los poderosos, siempre que pueden utilizan su influencia para que sus ideas terminen por llegar al BOE, para favorecerse, muchas veces intentan socializar pérdidas, y siempre quieren privatizar al máximo las ganancias. Pero también sabemos que gracias al sacrificio de trabajadores, clases medias y pymes, las cosas empiezan a mejorar, poco a poco. 

Fijémonos en los datos positivos, pues sin esperanza nuestro quehacer cotidiano se complica mucho más. Sobran agoreros, tenemos muchos problemas, no sólo económicos, sino de regeneración democrática, en cómo parar la agresividad secesionista, etc, pero confiemos que con tiempo y con lo que todos aportemos, los podamos superar. Para ello deben funcionar mejor las instituciones, siendo imprescindible la libertad de los medios de comunicación, para destapar las corrupciones.


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Esta noticia la publicamos el 27 de diciembre de 2005