Barcelona o la cutre BCN

Daniel Celayeta 3 abril 2014 Opinión
La cutre BCN
Soy un humilde elaborador de un producto alimentario en la Ribera Navarra, como había quedado con un posible distribuidor regional en Barcelona, hice planes para ir a Barcelona, en acrónimo BCN, como lo escriben los modernos.
El Hotel al que suelo ir cuesta la habitación 100 € la noche, y ahora me pidieron 300 €. No están los tiempos para capulladas y decidí ir a dormir la noche anterior a Zaragoza a casa de mi hermana, y de allí madrugar para estar temprano en BCN, y hacer el par de citas que teníamos programadas, y así madrugando nos ahorramos una pasta, y a la noche nos volvimos a casa.
A las 6 arriba, a las 7 menos cuarto en marcha, y a toda pastilla, cogemos la autopista. Hace tiempo que no pasaba, y vimos que han retirado varios peajes, y pagamos en el último, eso sí, 30 € del ala. Pero ¡que importa! no la cogemos habitualmente, y no felicitamos por el buen viaje, tomamos la Ronda Litoral, e hicimos caso a las exageradas limitaciones de velocidad que implantó un concejal de IU del Ayuntamiento de BCN, pero ¡por fin! cuando estábamos ya a un kilómetro de la FIRA (en ningún sitio pone Feria) ¡vale se entiende! nos encontramos con un tapón que tardamos casi una hora en recorrer, por ningún lado vimos a algún municipal de la Guardia Urbana, que ayudase a descongestionar semejante tapón, para que accediésemos a la tierra prometida, Alimentaria 2014.
Las colas para sacar las entradas las dirigían unos azafatos que te parlaban en catalán, por fin estábamos en la cola buena, la de visitantes, y estuvimos así unos minutos esperando, nos hicieron pasar en numeroso tropel al vestíbulo. Allí nos pusimos en la cola de pago en cash, parecía que no se movía nada y entablamos conversación con los de atrás, unos visitantes guipuzcoanos, y de pronto me sorprende un hombre de unos 60 años, que se me acerca y espeta “que si quiero me pasa, sin hacer cola y por la mitad de coste” me sorprendió tanto que se lo hice repetir. Allí me enteré de sopetón que la entrada para un día, costaba 60 €  ¡viva la crisis! En 2 segundos hice la reflexión que entrar menos tiempo, y ahorrarnos no sólo el IVA, sino 60 euracos, entre los dos no tenía duda. Le dimos el ok, a mi acompañante le entrego una invitación, y yo le acompañe. Pasamos el control, al exhibir dos pases.
Una vez dentro y a distancia de las miradas de los azafatos, le dimos las perras, nos costó la mitad y nos dio la explicación. Era un minero prejubilado, que todavía le faltan dos años para cobrar la jubilación y aprovecha la Alimentaria para complementarse el sueldo.
¡Nos quedamos con el corazón confortado por nuestra buena acción! Recordamos que en las Ferias en Alemania a nadie profesional le supone ningún coste acceder a una Feria, y es que aquí la “pela es la pela” y al parecer no tienen nada de parné.
Nos adentramos a nuestros quehaceres y a las tres horas, no topamos con la pareja de guipuzcoanos, les saludamos y nos comentaron que después de esperar casi una hora, terminaron por aceptar la oferta del prejubilado y entrar por el sistema rápido y a mitad de coste.
Para colofón cuando recogimos el coche del parking, por cinco horas nos cobraron, 18 €. Salimos corriendo camino de vuelta.
Qué artículo hubiese escrito Luís Carandell, aquél barcelonés ilustre en su columna de Celtiberia Show. Recordamos a la vuelta, la diferencia con la pasada Feria del Gourmet en el Juan Carlos I de Madrid, donde todo fue más fácil, más rápido y más asequible.

 

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Esta noticia la publicamos el 19 de septiembre de 2013