BARCINA, Yo parto muy lejos de aquí

José Ignacio Palacios Zuasti 20 marzo 2014 Opinión

Me da la impresión de que en el almuerzo posterior a la sesión matutina del pleno del Parlamento de Navarra del pasado día 13 entre los parlamentarios socialistas tuvo que haber un doble motivo para beber. Por un lado, y a pesar de lo declarado por la Sra. Nieves, por los técnicos de Hacienda, por algunos miembros de la comisión de investigación y por el propio secretario general de su partido, Sr. Rubalcaba, que habían descartado la existencia de actividades corruptas o ilegales, ellos habían logrado reprobar a la presidente Barcina, cosa que les llenaba de gozo y tenían que celebrarlo. Y al mismo tiempo, y como la alegría nunca es completa, en la otra cara de la moneda, y como se canta en el famoso Brindis de Marina, obra genial de nuestro paisano el puentesino Emilio Arrieta, sabían que “el vino hace olvidar las penas del amor” y como  Jorge en la zarzuela querían “ahogar el grito del dolor” que les invadía. Porque, la verdad es que la mañana había sido muy dura para ellos y era mejor pasar página cuanto antes porque, además de tener que acatar la orden de Ferraz y ver frustrada su moción de censura, se habían tenido que tragar su “o se va o la echamos” y el no menos famoso “el PSOE en Navarra soy yo”, habían leído en las páginas del periódico de ese día a un ilustre socialista navarro que les decía que sus bravuconadas eran más propias de un chulo de burdel que de un político y, por si todo esto fuese poco, habían tenido que escuchar cómo desde la tribuna de oradores se desvelaba su gran secreto, ese ‘pacto del almacén’ que habían alcanzado con Bildu, Nabai, I-E y Geroa Bai sobre las conclusiones de la comisión de investigación. Por eso, y aunque solamente fuera un receso para almorzar y la sesión siguiera por la tarde, es lógico que tuvieran prisa en beber pues sabían “que la vida más ligera con el vino pasará” y, como Jorge, necesitaban cantar eso de “¡A dónde vais huyendo las ilusiones, las ilusiones, que nos dejáis sin vida los corazones, los corazones!”.

 

Y es en esa perentoria situación en la que únicamente puedo encontrar una justificación a esa inexplicable intervención vespertina de su portavoz en la que iba a ser la segunda reprobación del día de la presidente Barcina. Y es en ella en la que quiero encuadrar sus soeces manifestaciones porque, por más vueltas que le doy, no alcanzo a entender que todo un caballero pueda hablar en el pleno del Parlamento de si una señora ha ido al baño y mucho menos pueda decir que “no puede salir ni hacer pi-pi”. Y tengo que reconocer que por más atenuantes que busco no encuentro razón suficiente para que algo así se pueda decir desde la tribuna de oradores a la presidente del Gobierno de Navarra que por cien veces que la puedan reprobar en un solo día, de conformidad a lo establecido en el artículo 10 del Amejoramiento del Fuero, es, junto a ese Parlamento y al Gobierno de Navarra, una de las tres “instituciones forales” que representan a la Comunidad Foral y a todos los navarros. Y solamente por eso se merece un respeto, por lo que no le puedo admitir que le ordene que “si está fuera, que entre”.

 

No quiero ni imaginar qué habría pasado si algo similar hubiese salido de los labios de un parlamentario de UPN o del PP dirigido a una presidente del Gobierno socialista o militante de cualquier otro de esos partidos que se autodenominan “progresistas” y “feministas”. Estoy seguro que inmediatamente habría sido acusado de machista, de misógino y de acosador, y habría sido condenado a galeras de por vida, eso sí, asegurándose de que tuviera una larga vida para que pudiera penar su condena. Pero, como el que ha vertido todos esos improperios es un socialista, y como tal tiene patente de corso de feminismo y de progresista, aquí no ha pasado nada, ninguna asociación de mujeres ha alzado la voz ni se ha rasgado las vestiduras y, lógicamente, ni se le ha reprobado, ni ha recibido ningún reproche ni condena.

 

En mi afán por explicar este grave hecho quiero pensar que los socialistas navarros no pueden olvidar la luna de mil que vivieron en el momento de firmar el pacto de Gobierno en 2011, y que por eso, además de cantar, como Jorge, eso de “Barcina, yo parto muy lejos de aquí; cuando no me veas piensa en mí, piensa en mi”, estoy convencido de que, para que la presidente no se olvide de ellos, en lo que resta de legislatura, le seguirán sometiendo, junto al resto del sector femenino del Gobierno de Navarra, al mismo acoso y derribo que han padecido hasta ahora porque, aunque presumen de feministas y de “progresistas” hacen con ellas lo que no se atreven con los otros seis consejeros varones de ese mismo Gobierno. ¿Por qué será? 

 

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