Prevaricación parasitaria ¿Y que hay de lo mío?

José Bustinza 9 enero 2014 Opinión

Supongo que va por barrios… y sectores y personas, pero desde que vivo por el sur se me ha hecho familiar esta pregunta. Parece de general aceptación que si uno se encuentra en un lugar de paso, aunque sea en figura de Don Tancredo, “tiene derecho” a intervenir en cualquier negocio que discurra a su vera. En ocasiones el único mérito para intentar participar de un supuesto beneficio es adivinar que éste existe.

En ciertas capitales meridionales, y pueblos y playas y plazas, hay unas figuras desdentadas por causa de distintos consumos, que cobran por situarse a la altura de donde encontramos aparcamiento. Con un leve movimiento de la mano (a veces del mentón) indican a quien ya está aparcando que puede aparcar donde ya lo está haciendo. Tras esto, alargan la mano en espera del euro de su salario. Ganan más que un empleado, es verdad, pero también gastan mucho más rápido. Sus ingresos provienen de la íntima convicción de que si desarrollan un horario “tienen derecho” a recibir una remuneración. ¿Es esto inusual? Por costumbre o por miedo, o quizá porque el miedo es costumbre, el paisano apoquina.

Quien asiste a negocios públicos desarrolla una patología similar, no en cuanto a los dientes, que en nuestros políticos brillan (a secas), sino que se vencen ante la fiebre de las ganancias. “¿Qué hay para mí?” –preguntan al del otro lado de la ventanilla que acude obligado a cumplir trámites incongruentes. “Lo que hace éste, bien lo podía hacer otro que yo conozco” es el disparo de salida de un entramado de corrupción. El tiro perdido se incrusta en la eficiencia económica, pero es lo de menos, “el otro que yo conozco” se convierte en empresario de postín y su postín pasa por caja.

Cuando interesa se descubre la situación y entonces entra en barrena el sentido común y asombra que el botín se reparta entre los dirigentes de la organización ¿pero alguien pensaría que Gatto* se llevaba más que Corleone? y asombra que se destruyan pruebas, que se distorsionen las explicaciones, que retuerzan argumentos y que acaben con el “y tú más”, que en realidad es “sí, yo también”.

En España –cita de El Mundo- se tramitan actualmente 2.173 procedimientos judiciales de “especial complejidad”, de los que 1.661 son casos de corrupción política y económica: prevaricación, cohecho, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, estafas o apropiaciones indebidas, entre otros. Sin embargo, esto es más bien dejarse vencer por la propia naturaleza y abandonarse en las aguas que transcurren por la política, que en ocasiones mutan en torrentes, pero ninguno de esos procedimientos persigue a los partidos políticos que no aplican el programa electoral con el que se presentan, ni a los jueces que acumulan años de retraso y muestran impúdicos los mamotretos acumulados en almacenes y pasillos, ni a los responsables de organismos públicos de los que ni ellos mismos saben a qué se dedican, ni las leyes injustas.

En este universo, cada agente responde a su propia naturaleza y superpone sus intereses personales, familiares o de clan a los intereses de “la nación”. Está en las mismas hechuras del poder democrático. Los depositarios de la “soberanía nacional” dictan esas leyes que limitan las donaciones a las organizaciones que ellos mismos se permiten desobedecer. No se entendía la tirria que tienen los políticos a los billetes de 500€, -¿sabrían que un mileurista podría recibir dos al mes?- hasta que se descubrió que lo que deseaban era restringir su circulación a sus propias letrinas.

Los españoles asisten al espectáculo sin levantar siquiera la voz -alguno quizá una ceja- y los votantes esperan de la fortuna que nos provea de héroes como gerentes de lo público, y a estas alturas ya no quedan. Esta Delegación de Economía Familiar tuvo la simpática iniciativa de solicitar de la caballerosidad de Carlos Floriano, Vicesecretario General de Organización y Electoral del PP, que su organización se abstenga de participar en nuevas elecciones. No porque los extraños movimientos de dinero de los que informa la prensa  –se le decía- sólo puedan corresponder a supuestos cohechos practicados con el aval de su formación. Tampoco porque en el reparto del botín aparezcan los nombres más sobresalientes, ni porque gobiernen con el programa contrario a aquél con el que se presentaron, ni porque las comunidades autónomas que gestionan sean las más deficitarias, ni porque su ayuda a la banca haya contrarrestado sus dolorosas reformas e incluso aumentado el déficit….Pero por todo ello.

Aunque, seamos razonables, héroes no hay y caballeros tampoco. Algo habrá que hacer.

 

Gatto* “soldato” de Vito Corleone en cierta película.

 * Publicado en la revista Ahora Información, www.ahorainformacion.es 

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