Inteligencia: el tamaño importa

Redacción 22 noviembre 2013 Noticias
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Para que un grupo prospere, sin duda son importantes los medios y los recursos de que disponga. No obstante, asumiendo la competencia de grupos diferentes con recursos similares, el tamaño marca la diferencia. Es muy difícil que Andorra pueda tener una selección de baloncesto mejor que la española, por una simple cuestión de tamaño. Si sólo uno de cada millón de españoles mide más de 2,10 metros (es un suponer), es improbable que Andorra pueda tener unos buenos pívots.

El problema es que con la inteligencia sucede algo similar.

En promedio, únicamente 1 de cada 7 personas tiene un coeficiente intelectual de más de 115.

Sólo 1 de cada 52 tiene un coeficiente de más de 130.

Para encontrar un coeficiente intelectual de 145, necesitamos 924 personas.

Pero es que sólo 1 de 41.916 personas tiene un coeficiente de más de 160.

Más aún, únicamente 1 entre 3,48 millones de personas tiene un coeficiente de más de 175.

Esto quiere decir que, por ejemplo, en un país con menos de 3,48 millones de habitantes es improbable que haya alguien con un coeficiente intelectual de 175.

Si Echarri-Aranaz fuera una ciudad-estado independiente, estadísticamente harían falta 1.400 generaciones para que apareciera alguien con un coeficiente intelectual de 175.

Por más que alguien odie a los EEUU, tendrá que resignarse a que sea el país que marque la pauta al mundo en materia de producción artística, investigación, desarrollo y descubrimientos. Por un lado porque tiene los medios, pero por otro porque cuenta con 300 millones de habitantes entre los que estadísticamente hay 86 personas con un coeficiente intelectual de más de 175 y más de 7.000 con un coeficiente de más de 160.

Naturalmente el problema es complejo. Si sólo hay un crío cada 3,48 millones con un coeficiente de más de 175, ¿qué hacemos con él? ¿Tratamos de que estudie con los demás y rinda con los demás o le ofrecemos un tratamiento especial para sacar el máximo de él?

Tampoco podemos dar por hecho que tener un coeficiente intelectual de 175 nos asegura que estamos ante el descubridor de una vacuna contra el cáncer. Tal vez se convierta en un supervillano o se dedique a mirar el cielo y contar las nubes.

¿Qué es más probable? ¿Qué encuentre antes la solución a un problema una persona con una inteligencia de 175 o que la encuentren 3,48 millones de personas con una inteligencia menor? En cualquier caso el tamaño importa, en cuestiones de inteligencia.

La cuestión es que si consideramos que la inteligencia sirve para algo, a lo mejor no es inteligente no tratar de sacar el máximo provecho de la inteligencia de cada uno.

Seguramente que el que tiene un coeficiente de 150 podrá, intelectualmente, hacer lo que hace uno de 100. No así a la inversa. Asumiendo que no para todo hace falta una inteligencia de 150 y que 100 no puede hacer cosas que puede hacer 150, en este sentido 100 y 150 son más complementarios que competidores. Entonces, quizá al grupo le interesa que el de 150 se dedique a hacer cosas parar las que hace falta un coeficiente de 150, o habrá cosas que no se harán, o se harán más tarde, o se harán peor. A fin de cuentas, sacar el máximo de cada cual seguramente es lo mejor tanto para el interesado como para el conjunto. Igual tampoco hay que tener miedo a que la gente más inteligente alcance sus límites. Hay sitio para todos. Algo podremos hacer con todos los que no son genios, aunque sea ponerlos a escribir en un confidencial.

Lo que en todo caso parece claro es que el tamaño de un grupo sí importa a la hora de alcanzar logros intelectuales y que a la hora de abordar el aprovechamiento de la inteligencia tenemos dos opciones, sobre todo desde el punto de vista educativo. Una de ellas es tratar de igualar las diferencias. Como no podemos forzar al de 100 a hacer lo que hace el de 150, la igualación pasa por que al de 150 se le limite a 100 su potencial. Esta sería la opción igualitarista-socialista. La otra opción sería la de aprovechar y poner al límite las diferencias. Conseguir que una inteligencia 100 y otra 150 rindan 250 en vez de 200. Esta sería la opción que apostaría por la libre competencia.

¿Estimular o limitar al que tiene más capacidad? Tentados estamos de considerar una opción como de derechas y otra de izquierdas. E incluso de preguntarnos cuál es la opción que las personas más inteligentes elegirían.

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Comentarios (4)
  1. Con el buenismo que impregnaba la Logse y similares, el “progresa adecuadamente” y el “no vamos a estresar al alumno obligándole a ser competitivo”, calculen lo que puede pasar con un alumno así si no tiene la suerte de toparse con un maestro de los de fuste, que se empeñe en echarle una mano. Desde castigarle a la última fila para que no moleste o regañarle en público por no ser solidario con sus compañeros, sobre todo los que a mitad de curso se incorporan,muy probablemente desde un país de habla no española, por lo que hay que echar el freno a la clase hasta que los nuevos compeñeritos se unan al grupo…si es que pueden. …Y quieren.
    Y luego llegaron los informes PISA.

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  2. Hemengo says:

    Esta claro que en esta sociedad los que estan y han estado en el poder, son los mas ” listos “, y sino podemos mirar como se han dedicado a robar y expoliar del erario Foral.
    No se si por su coeficiente intelectual, o por el de sus votantes.

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  3. PTV says:

    El problema es que una persona inteligente que nazca en una familia con pocos recursos, no va a poder desarrollar su inteligencia y va a ser una pérdida para la sociedad.
    Y si por casualidad accede a una formación adecuada, se va a tener que ir a otro país a desarrollar sus capacidades.
    En cambio un listillo nacido en una familia con buenas relaciones políticas, no solo va a tener una formación adecuada, sino que al final de la misma va a tener un puesto fijo en algun puesto político, administración, o empresa de la misma o de un amiguete.
    Así nos va cuando se promociona a los listillos en vez de a los inteligentes. Y es que a los políticos no les gusta promocionar a gente inteligente que igual les quita el puesto, cuando en un mundo de listillos, con navajazos bajo la mesa, se mueven como pez en el agua.

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  4. zumalacarregui says:

    Como aficionado que soy al tema de la psicometría me encanta ver que Navarra Confidencial entra en el asunto. Es muy necesario, dada la importancia del CI, tan denostado por la izquierda incluso en su mismo concepto.

    Ahora que hemos empezado a hablar de él, podemos hablar de su poder predictivo, tan potente que, de tener que seleccionar un solo indicador para profetizar el éxito económico de una persona, el CI es el mejor predictor. (Entiéndase esta afirmación correctamente: de tener que elegir uno solo de entre todos ellos…)

    O de su fuerte correlación con las tasas de criminalidad o divorcio (correlación inversa, claro).

    A continuación yo seguiría por mencionar su fuerte heredabilidad. Por encima del 50%. Esto es ya algo ligeramente peligroso de contar, pero muy necesario. Ya saben: hijos listos de padres listos. Hijos no tan listos de padres no tan listos.

    Pero que nadie tema: hay algo aún más incómodo que eso: la regresión a la media. Es decir, que a medio plazo lo que más importa es la media de la población madre.

    Luego podemos seguir hablando de su distribución social en campana de Gauss (o “curva de Bell”).

    Pero si lo anterior les ha parecido peligroso de mencionar, esperen, que la cosa mejora.

    Podemos mencionar como dicha campana de Gauss no tiene la misma distribución para hombres y mujeres. Hay más retrasados masculinos. Muchos más. También hay muchos más genios. Muchos más.

    Y más. Atreverse a contar esto es ya peligroso de verdad, pero bueno, ya que estamos… la media de las diferentes poblaciones no es la misma. No es la misma ni siquiera dentro de países altamente homogéneos, como España (Iberia) o Japón, en los que hay un claro gradiente positivo hacia el norte (felicidades a todos los navarros). Tampoco en continentes enteros, como la muy homogénea Europa, que muestra el mismo gradiente.

    Imagínense a nivel planetario.

    Exacto. Mejor no hablar mucho de eso, no se sufra el destino de los Jensen, Watson, Jason Richwine, John Derbyshire y otros.

    Pero también hay para quienes creen que el CI es el principio y fin de todas las cosas.

    Como explica el gran Satoshi Kanazawa, el coeficiente de inteligencia general, o esa capacidad para resolver correctamente problemas abstractos muy complicados, trae consigo sus maldiciones.

    La gente con muy alto CI tiene muy pocos hijos. Poquísimos.

    la gente con CI elevado es especialmente propensa a comportamientos autodestructivos, como la restricción de sueño.

    La gente con CI elevado es especialmente propensa a los problemas de relación y la introversión. Sus habilidades sociales, por lo general, no son muy envidiables.

    Y como han señalado algunos críticos del concepto de CI (en algo tenían que tener razón): ¿quién es más “listo”, quién sabe resolver una ecuación no lineal o quién sabe seducir y mantener una pareja sentimental de “alta calidad”?

    Kanazawa tiene incluso un libro sobre el tema: “The Intelligence Paradox”. La gente muy inteligente no suele adoptar la postura lista.

    El CI es, simultáneamente, muy importante y predictivo y una maldición para quien lo tiene muy alto.

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