Fagor, el final de un mito

Redacción 18 octubre 2013 Noticias
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Una vez un famoso muñeco de Playmobil, vecino de una atareada diputada, dijo: “Marcadona acabará con Euskal Herria”. Pues bien, parece que no iba del todo desencaminado.

Durante muchos años el cooperativismo de Grupo Mondragón ha sido una especie de referente alternativo de éxito al… ¿capitalismo?

Se nos intentó convencer de que en el Grupo Mondragón, a diferencia del resto de grupos empresariales del mundo, si una de las empresas va mal se mantiene a costa del grupo.

No hay crisis.

No hay despidos.

No hay recortes.

No hay cierres.

En vez de todo eso sólo hay prosperidad perpetua, solidaridad y justicia social.

Pero resulta que no era oro todo lo que relucía en el paraíso.

Algún apunte habíamos tenido porque este mismo verano los trabajadores del Eroski veían reducido su salario un 7%.

Así mismo, este mismo mes de mayo la Corporación Mondragón tuvo que poner más de 70 millones de euros para un primer “rescate” de la división de electrodomésticos de Fagor. Ello supuso reducciones de sueldo, renuncia a dividendos, etc.

Tan sólo unos meses después se estaba pidiendo un rescate de otros 120 millones de euros y esta vez los cooperativistas de Mondragón han dicho que NO.

Las pérdidas recurrentes y una deuda de más de 800 millones, sumadas a la debilidad del resto de grupo, hace que o se ampute el miembro gangrenado o se ponga en riesgo la vida de todo el cuerpo. Se acabó el espejismo socialista de que las empresas rentables pueden sostener sin límites a las que tienen pérdidas.

Pero es que en el mes de mayo del año pasado Eroski tuvo que renegociar su deuda (entonces más de 2.300 millones) por no poder hacer frente a los pagos, cosa que ya había tenido que hacer en 2009 y le había obligado a vender todos sus activos en Francia, donde había intentado expandirse en los tiempos de la burbuja de crédito.

Y en medio de todas estas dificultades tenemos también el escándalo de las “preferentes abertzales” con las que, cual cajas tóxicas desesperadamente necesitadas de liquidez, Eroski y Fagor intentaron obtener financiación a costa de deuda perpetua basura encasquetada a pequeños inversores, sólo que disfrutando de un manto de silencio y comprensión que no ha amparado en cambio a las cajas tóxicas, pero que evidenciaba problemas financieros similares.

Al final resulta que el milagro del cooperativismo en Fagor pasa por vender lavadoras y que las ventas se han desplomado en los últimos años. El problema es que si para que la cooperativa funcione hace falta vender lavadoras y, si no, hay que reducir plantilla y recortar salarios, incluso cerrar, entonces los problemas esenciales de las cooperativas se parecen bastante a los de una empresa no cooperativa cualquiera.

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El problema para Mondragón es que no sólo Fagor Electrodomésticos tiene problemas y hay quien teme que lo que acaba de suceder sólo sea la caída de una primera ficha del dominó. Diversos análisis señalan que Eroski ha perdido competitividad en el conjunto de España y salva sus cuentas por la hegemonía que todavía ostenta en la CAV, lo cual a su vez se debía en buena medida a que Mercadona, que fuera del País Vasco le ha comido terreno a todas las cadenas de supermercados, ha retrasado durante muchos años su llegada a la CAV y a Navarra, y sólo a la CAV y Navarra, por alguna inimaginable razón que a todo el mundo se le escapa. Hasta ahora. Y por eso empezábamos citando a nuestro vecino favorito, que lleva tiempo advirtiendo particularmente de todo ello.

El caso es el que el plan de viabilidad de Fagor Electrodomésticos, según los datos que barajan los medios,  prevé cerrar ocho de sus 12 plantas actuales, trasladar toda su producción a Polonia y asociarse con la empresa china Haier, reduciendo la actual plantilla casi a la mitad: de los 5.700 empleados actuales a cerca de 3.000.

No es la primera vez que Mondragón despide empleados. De hecho la plantilla del Eroski ha perdido más de 11.000 empleados desde el inicio de la crisis, si bien es difícil saber cuántos han podido ser reubicados.

Y aún quedarían muchos aspectos por comentar al respecto, como el de que los cooperativistas que se van al traste (a diferencia de los empleados) no tienen un ERE, ni cobran paro, precisamente porque no son empleados sino cooperativistas, y para cubrirse tienen que tener un seguro o algún otro tipo de perverso mecanismo capitalista alternativo. Sin embargo, por cada cooperativista Mondragón tiene dos empleados, creando un doble rasero en el que los empleados, por lo que a despidos respecta, son la carne de cañón de la cooperativa. O sea, que no sólo hay despidos sino que el paraíso igualitario, en la práctica, no lo es tanto.

Como tampoco lo es respecto a los sueldos. Un artículo de The Economist señala hace algún tiempo que Mondragón inicialmente limitaba el sueldo de sus ejecutivos al triple del de los cooperativistas peor pagados. Pero los buenos ejecutivos se le iban y tuvo que subirlo a 8 veces. Y seguía perdiendo a sus mejores ejecutivos. Es decir, que las cooperativas están condenadas a igualar los salarios de sus directivos a los del resto de empresas o a funcionar con directivos subprime. En fin, que tampoco en esto triunfa el igualitarismo.

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El mismo artículo en The Economist señala otro dato perturbador, como que últimamente Mondragón ha tenido problemas a la hora de mantener en su seno a las cooperativas exitosas. Por ejemplo Irizar, un fabricante de autobuses de lujo, que se separó debido a que no quería seguir manteniendo a las cooperativas con pérdidas de todo el grupo: un precedente de la decisión actual de dejar caer a Fagor Electrodomésticos. Adiós al mito de la solidaridad y al socialismo empresarial.

Por no mencionar el hecho de que la gran cooperativa vasca tiene hace tiempo deslocalizadas plantas (como en el caso de Fagor) en China, Marruecos o Polonia. ¿Dónde queda la teoría de que si el centro de decisión está en Euskadi no se deslocalizan empleos fuera de Euskadi? Otro mito caído y otro punto de igualación con el resto de empresas, incluidas las multinacionales.

¿Y son por esto las cooperativas más perversas que el resto de empresas? Obviamente no, pero a lo mejor habría que sacar algunas de conclusiones respecto a lo que ha puesto de manifiesto el fracaso de Fagor:

-Que el mito del corporativismo idílico no existe y al final, con algunas ventajas y algunos inconvenientes, presenta básicamente el mismo tipo de problemas que cualquier otra empresa. Eso sí, perfectamente legítimo para que cada cual opte por la fórmula que quiera, pero sin esperar que resulte milagroso.

-Que si todo lo que ha hecho, está haciendo y va a tener que hacer el Grupo Mondragón lo hubiera hecho cualquier otra empresa, lloverían todo tipo de improperios y acusaciones sobre esa empresa insistiendo sobre lo malísimos que son los empresarios.

-Que si el mismo tipo de medidas de recorte que ha tenido que adoptar el Grupo Mondragón las adopta un gobierno cualquiera, lloverían todo tipo de improperios y acusaciones sobre ese gobierno.

Al final, si la gran cooperativa vasca tiene que hacer lo mismo que los demás, o sólo eran tan buenos o sólo eran tan malos como los demás. Y nosotros creemos que es lo primero, pero que decida cada uno. Eso sí, una vez descartados El Terrat, Público, el Grupo PRISA, el Grupo Noticias, Cegasa y hasta el Grupo Mondragón, seguimos buscando esa empresa de progreso que aunque tenga problemas no hace recortes, no baja salarios, no despide a nadie y en definitiva demuestra que el resto de empresas y empresarios son muy malos y que hacen todas esas cosas porque disfrutan haciéndolas. Pero seguimos sin encontrarla.

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Comentarios (18)
  1. Don Pimpon says:

    Grupo Mondragón hace tiempo que se ha alejado del concepto de cooperativa. Ya son más los empleados por cuenta ajena que los socios cooperativistas.
    Yo pienso que el problema es de estrategia empresarial… una mala estrategia replicada en el resto del Estado.
    Parece que la solución con más refrendo para la crisis es la productividad. La diferencia viene en cómo entenderla. En España, la visión más extendida es la de trabajar más horas por menos dinero para que la unidad de producto sea más barata.
    Esta estrategia sencillamente nos hace retroceder y bajar varios escalones en la historia para competir frente a frente con China. La estrategia de la mano de obra barata. Es una tentación en la que están entrando también muchas grandes empresas europeas, lo cual sólo sirve para cavar la propia tumba. En esa línea, la otra parte siempre va a ganar.
    La tecnología puede hacer que un trabajador pueda multiplicar por 5, 10, 50 o 100 su productividad. Alargando la jornada y reduciendo el salario, quizá pueda multiplicarla por… 1,5?
    La tecnología requiere dinero. Inversión. Por parte de las empresas y de las adminitraciones (ojo, digo inversión, no gasto y sobre todo y por favor… inversión productiva, no grandes infraestructuras inútiles). Nuestra estragia sin embargo es la contraria: recortamos inversiones y bajamos salarios. Estrategia defensiva absurda. Nos introducimos en un ring a pelear con un gigante 5 veces más grande que nosotros en lugar de entrar en el ring con un arma fulminante. No es tranquilizador pensar en la economía como una batalla o pelea, pero lo cierto es que no todo el mundo puede ser rico en el planeta a la vez.
    Los países emergentes están incorporando grandes masas de población al consumo intensivo y su crecimiento exige decrecimiento en otros estados (los menos competitivos). Los estados emergentes incorporan tecnología en sus procesos para crecer. Nosotros desinvertimos y abaratamos salarios para… qué diantres, para ocupar el lugar que ellos están dejando!

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  2. spurgus says:

    Totalmente de acuerdo con Don Pimpón. El problema sobreañadido es que los chinos además de mano de obra semiesclava, tienen tecnología y la capacidad financiera y la voluntad de invertir lo que haga falta en I+D. Ya son la fábrica, pronto serán la ingeniería.

    A este respecto, la situación de nuestra industria es similar a la africana: el “gap” es ya de una dimensión sideral. Y la ruina de nuestro país, endeudado por décadas para pagar ladrillo, nos condena a la imposibilidad de invertir en bienes de capital e inversión y desarrollo.

    SI a este panorama le unimos la escasa dimensión de nuestras industrias (muchas pymes), su enorme deuda, las fronteras internas, el envejecimiento de la población, una europa dividida y sin proyecto ni idea común, más la diarrea legislativa, anticompetitiva y absurda con que nos afligen nuestros 18 parlamentos españoles más el de Bruselas, y la mentalidad de buena gente que, con todo lo que está cayendo, aun cree que lo fundamental es defender el statu quo en base a la identidad y el fuero.

    El riesgo no es ya que Navarra pierda competencias, sino que podemos tener un desierto humano en unas décadas.

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  3. obabatarra says:

    Adiós al sueño del padre Arizmendiarreta y los cuatro chavales que comenzaron Fagor…. Adiós a la ensoñación de ser una Suiza aislada del mundo (y de China). Adiós a lo bueno…

    Hola a lo malo. Así están las cosas.

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Esta noticia la publicamos el 11 de septiembre de 2015