La introducción del órgano en la liturgia de la Iglesia (I)

Raul del Toro. Infocatolica.com 19 diciembre 2012 Opinión
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El órgano de tubos es el instrumento propio del culto cristiano occidental.

En el imaginario colectivo su sonido está asociado inconfundiblemente a lo sagrado, a lo sobrehumano. Es curioso que en ausencia de un contexto religioso el sonido del órgano aparezca, por ejemplo en el cine, como ambientación musical de fantasmas, misterios y oscuridades. Para muchas personas el comienzo de la famosa Toccata en re menor de Bach trae a colación casi inmediata al conde Drácula surgiendo del ataúd. A mi juicio estavisión tenebrista del órgano participa de la misma mala uva por la que la cultura moderna, desde la Ilustración, pretende siempre cubrir de paños lúgubres a todo lo relacionado con el cristianismo.

Más allá de esto, es claro que el órgano se ha desarrollado en tamaño y complejidad más que ningún otro instrumento musical, a lo largo de un proceso sostenido y animado  mayormente por su función en el culto religioso cristiano, primero en la Iglesia Católica de rito latino y después también en las diferentes confesiones protestantes surgidas de los cismas del siglo XVI.

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Los testimonios conservados indican que el órgano fue inventado en el siglo III antes de Cristo por Ktesibio de Alejandría. Es por tanto un fruto de la ciencia griega. Después de varios siglos de existencia en el mundo helénico el órgano llegó a la ciudad de Roma a mediados del s. I. Obviamente en esos momentos carecía por completo del significado sacro que adquirió con posterioridad. Difería también de los órganos actuales en que el aire era empujado hacia los tubos no con un fuelle, como ahora, sino por la presión del agua ubicada en una campana. Por eso era llamado hydraulos.

Suetonio nos informa de la gran afición del emperador Nerón por la música en general y por el órgano en particular. Poseía una colección ejemplares que gustaba exhibir tras las reuniones con sus consejeros. En el Imperio Romano el órgano se usaba en las fiestas, en el teatro y en los circos. Algunas representaciones iconográficas sugieren que también era conocido en casas de gente adinerada.

En general, los primeros autores cristianos mencionan el órgano solamente para extraer de su complejo y eficaz mecanismo símbolos edificantes.

Orígenes, comentando el salmo 40, compara los diferentes instrumentos con aspectos espirituales y dice: “el órgano es la Iglesia de Dios, que comprende las almas contemplativas y las activas”.

Tenemos un texto de Teodoreto, obispo de Ciro (ca. 393-ca. 466), que compara el órgano con la lengua humana:

En efecto, este órgano (la lengua) se parece al instrumento con tubos de bronce que, usando el aire suministrado por unos fuelles, produce, gracias a los dedos del artista, estos armoniosos sonidos que todos conocemos (…). El arte ha aprendido de la naturaleza el ingenioso proceso de crear esta deliciosa música (…). Mirad cómo el pulmón funciona del mismo modo que los fuelles, comprimiéndose y dilatándose, no por el pie del hombre, sino por los músculos alrededor del tórax. (…) Entonces el cerebro (…) empuja el aliento hacia los dientes, como el aire es empujado hacia los tubos de bronce (…) y así la lira, la cítara y el instrumento de tubos de bronce son capaces de, mediante el uso del aire o el toque de los dedos, dar lugar a un  rítmico y agradable son. Pero la voz modulada sólo puede ser producida por el órgano que acabamos de describir.

A ojos de la Iglesia el órgano seguía muy asociado a los lujos domésticos del paganismo romano. En el año 454 Sidonio Apolinario, obispo de Auvergne, elogiaba al rey visigodo Teodorico II por la sencillez de sus costumbres: en su mesa los platos son similares a los de cualquier otro ciudadano, y “las estancias nunca resuenan con los órganos hidráulicos”.

Los estudiosos han observado en Occidente un periodo de silencio respecto al órgano a partir de la deposición del último emperador en el 476. Los pueblos bárbaros que fueron conquistando el imperio occidental no parecían demostrar inicialmente mucho interés por la música. Eso sí, el órgano como sofisticación de la civilización grecorromana no dejó de cautivar a los bárbaros sensibles. En el 507 el rey ostrogodo Teodorico el Grande escribe a Boecio, su magister officiorum, expresándole su admiración ante el funcionamiento del hydraulos pese a no comprender del todo su complicado mecanismo.

En estos siglos de silencio organístico europeo destaca la alusión al órgano que poco antes del 630 hace San Isidoro de Sevilla en el libro tercero de sus Etimologías, pero viendo el predominio de referencias griegas no parece poder inferirse que fuese un instrumento frecuente en la Hispania de aquellos días.

Hay un par de testimonios que atribuyen a San Vitaliano, papa entre 657 y 672, la introducción del órgano en la liturgia de la Iglesia. Se trata de sendos textos de Platina, prefecto de la Biblioteca Vaticana con Sixto IV, y de su contemporáneo el poeta Battista de Mantua. Ambos datan de una fecha mucho más tardía (hacia 1480) y dicen basarse exclusivamente en una tradición, por lo que sus relatos tampoco gozan de mucha credibilidad.

 

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Esta noticia la publicamos el 27 de septiembre de 2013