¿Quién cree en los hobbits?

Javier Horno Gracia 13 diciembre 2012 Opinión

Estoy releyendo El Señor de los anillos. Me lo leí hace 25 años y ahora me doy cuenta de que me enteré de muy poco, aunque probablemente sí de lo indispensable.

El Señor de los anillos está lleno de travesías por un mundo inventado, y cruzan la ensenada, bordean pantanos al oeste, y más al norte ya te has perdido, como ocurre en casi todas las descripciones de paisajes. El único paisajista que me ha convencido siempre es Miguel Delibes.

Pero a lo que iba: en El Señor de los anillos hay buenos y malos y parece que eso basta para mantener una historia en vilo.

Parece, pero no basta. El autor ha de creérsela. Tolkien cree en su Señor. Ese es uno de los encantos del libro. Y de la trilogía cinematográfica: el director parecía creer en su proyecto. Y a pesar de las cursiladas de las películas, de lo insoportables que llegan a ser Merry y Pipin, de la evidencia de babas y mocos de los trolls y de lo que cansan las pantallas de ordenadores, las pelis de Peter Jackson son un espectáculo entretenido. He oído que El hobbit es un peñazo, y me convencen las razones: anacronismos, conversaciones interminables, no hay héroes guapos… Probablemente no han creído en el proyecto, sino en su suculenta y previsible venalidad.

Tengo un amigo radicalmente ateo, que adora El Señor… Se lo ha leído unas decena de veces. No me atrevo a decir que el Señor de la joyería enanoide haya sustituido al Señor de los cristianos. Pero, cuando menos, es curiosa la afición que le tienen algunos a Tolkien. Será que el imaginativo surafricano se creía a pies juntillas su mundo de mentirijillas. Aunque parezca mentira, una de las razones por las que El Señor… ha tenido tantos fans es por esas tediosas descripciones. Imposibles de imaginar, pero convencen al lector de que lo que ahí se dice va en serio. Que si van al norte es que hay norte, que si al sur, hay sur, que si el collado está ribeteado de nubes, es que hay collado, nubes, elfos etéreos y un tal Tom Bombadil que es un petardo, pero que de un salto desde Ered Luin se te planta en el Parque de la Media Luna. Yo empecé la relectura con mapa y todo, pero desistí de guiarme por Mordor y alrededores. Bastante tengo con España. Soy de la época de la Transición y sé muy poca geografía española.

Y dirá el lector que por qué esta divagación. Porque veo que no hay cosa mejor que creerse lo que uno dice para ser convincente. Lo cual me lleva a hablar del PP gobernante -no de Cervera, precisamente- que ha dejado de creer desde antes de ganar las elecciones. El PP no cree en su mundo de principios. No elaboró mentirijillas del noble mundo de la ficción, sino mentiras oportunistas sobre la realidad.

El PP de Rajoy no cree en María San Gil, saca de la cárcel a Bolinaga, no detiene a Josu Ternera, deja que siga flotando la ley de aborto de menores y no se atreve a polemizar con la comunidad del anillo de bodas matrimoniales homosexuales. No cierra televisiones ni cierra el grifo de sindicatos. No emprende una reforma de las autonomías, que es lo que aplaudiría la mayor parte de su base y de la base de la oposición. Una prueba cruda de su decadencia moral es que el Fiscal Torres Dulce da por juzgado (y cerrado) el mal llamado 11M  (los atentados del 11 de marzo del 2004), de los que todavía no sabemos quién los organizó ni por qué se investigó tan mal.

El hobbit nos coja confesados.

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Esta noticia la publicamos el 29 de septiembre de 2011