Varios cientos de personas se manifestaron ayer en la Plaza Merindades contra el aborto. No rompieron nada. No quemaron nada. No llevaron una guillotina. Seguramente no serán noticia, pero plantearon nada menos que reconstruir nuestro estado del bienestar desde el peldaño más básico: la protección a los niños más indefensos, no por molestos e indeseados menos humanos. También dieron un testimonio de dignidad recordando que, mientras se mata a cientos de miles de no nacidos, no todo el mundo lo considera normal ni lo contempla en silencio

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