El recital de Ramón Vargas

Javier Horno Gracia 22 mayo 2012 Opinión

    Recuerdo que en una ocasión tocó en Pamplona el fabuloso pianista Richter, en el conservatorio Pablo Sarasate El gran pianista siempre iba -decían- a tocar gratis a los conservatorios. Fue la primera vez que me di cuenta de que un músico podía ser de una calidad sobresaliente. Recuerdo también a Rostropovich (¡qué grande era!) en el Gayarre, hombre humilde que nos recibió a una cola de pesados que queríamos saludarle, y uno por uno nos dio, afectuoso, la mano.

   No personajes tan míticos pero sí grandes artistas, más o menos populares, pasan por Pamplona. Y a veces tienen sus días, pero también a veces se nota cuándo salen del paso nada más. Daniela Barcellona, gran mezzosoprano, hizo un papel soberbio en La dama del lago de Rossini, pero al tiempo hizo un recital más bien soso.

    Es un mérito de la AGAO contratar a un tenor de primera línea, como Ramón Vargas, que estuvo el viernes pasado en el Auditorio Baluarte, acompañado por la pianista Mzia Bachtouridze. Pero luego, aunque estemos en una ciudad pequeña, ha de exigirse por parte del público algo más de lo que se exigió. O no, pero en todo caso, no está mal escuchar diversas opiniones.

    Un recital viene a ser un género en sí, un género que perfila el propio intérprete. En él se combina no sólo la calidad de las obras por separado, sino su conjunto y la gracia que tiene el solista para romper la posible monotonía de presentar un sólo instrumento, en este caso la voz, (acompañada, claro está, de piano). En mi opinión, Vargas se quedó a medio camino de lo que podría haber ofrecido.

    Vargas dependió de la partitura demasiado y eso se nota incluso en la proyección de la voz. Richter tocaba con partitura, pero no se notaba. Saber o no de memoria no es la cuestión, sino que parezca que se interpreta con total libertad.

   Ramón Vargas se ganó en parte al público por su sencillez en la comunicación y simpatía, es innegable. Fueron sus pianísimos lo que más entusiasmo provocó, porque son muy bellos (y qué manía la de aplaudir antes de tiempo). Tampoco me parece que haya que poner muchos peros a su ideas musicales. Falló el arrojo; en un recital, aunque sea escalonado (la voz no es una máquina), debe haber arrojo si quieres emoción.

   Me parece que hubo muchos bravos incondicionales, porque los hubo en una primera aria barroca que resultó poco más que un calentamiento. Lo cual (el calentamiento) no está mal, pero el recital debe despegar. Y lo hizo sólo en algunas obras. Pocas concesiones a lo popular (esas arias que todo el mundo conoce) y demasiada canción hispana que tampoco es que pusiera los pelos de punta. No todas las obras deben ser de primera, desde luego, pero si metes esas canciones de Turina y de Ponce, haz una parte con más garra, más pasión, más aria de ópera o zarzuela que haga llorar, que para eso es un recital de tenor. Lo demás (que si el estilo de esta aria, que si fulano lo hacía así y mengano asá) son detalles, a mi entender, que no van a ninguna parte, porque aquí de lo que se trata es de que el público, en la pŕoxima, ni lo dude. Y ahora, que el dinero se mira con más cuidado, esto es importante.

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Esta noticia la publicamos el 9 de diciembre de 2009