Sólo somos un ingenuo pueblo

Carlos Amat 22 febrero 2012 Opinión

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De buenas a primeras, nos enteramos los ciudadanos de a pie que nuestro país es una empresa, con una marca “España”, que últimamente no se vende muy bien; por que nos la han arruinado.

Nos percatamos, en un inciso de nuestro estado de bienestar, de que nos han creado unos problemas cuantiosos: Desarticulación del tejido industrial –que se tarda años en reconstruir-, con la acumulación lapidaria de parados –cinco millones-. La falta de beneficios industriales y, por lo tanto, de recaudación publica. Lo que trae la consiguiente pérdida de servicios, a veces imprescindibles para la ciudadanía; en sanidad, cultura, educación y otros tan elementales como vivienda, alimentos, agua luz y teléfono, de los que tan bien nos hemos servido con asiduidad –incluso regalando- en los últimos años.

Ahora comprendemos lo que ha significado, para nosotros, la globalización y la caída de las políticas proteccionistas, frente a los mercados emergentes del tercer mundo. Y lo que esto nos ha supuesto, con el cierre de mas de 500.000 empresas, en nuestro país – ¡Casi nada!

En un improvisado acto de contrición, reconsideramos, que hemos estado durante años derrochando en la mejor sanidad del mundo, donde a una persona recién inmigrada se le hacían intervenciones del tipo “Houston” americano, absolutamente gratis. Y otra multitud de lindezas y derroches que no enumerare para no cansar. Reconocemos, también, que hemos estado votando a aquellos partidos políticos que mas gasto eran capaces de desarrollar –en sus cuatro años de ejercicio-, en forma de edificios públicos, subvenciones de ideas quiméricas y gasto en innumerables servicios que, en muchos casos, rallaban el fastuoso lujo.

Indagando, descubrimos que tenemos un estado muy tecnocrático y muy caro. Que es capaz de elaborar un mayor número de leyes, que cualquier otro del planeta –que nadie cumple. Y, también, de que contamos con el tejido parlamentario y político más extenso del orbe. Por encima, incluso, de países tan enormes como Rusia, Australia o Brasil. Con 18 parlamentos y todo lo que eso conlleva.
Resulta que hay, en España más directores generales y jefes de negociado que en todo el continente africano, desde El Estrecho De Gibraltar hasta el Cabo de Buena Esperanza.

Hasta hace muy poco había más guardaespaldas contratados en España que entre las dos Alemanias, en plena guerra fría, y casi tantos embajadores –entre estatales y autonómicos- como entre todos los países Europeos.

Poseemos, en fin, un estado ruinoso en su gestión, e imposible, absolutamente, de mantener en su dimensión actual. Y, por si esto no fuese suficiente; tenemos unas autonomías que, entre todas, poseen más empresas públicas que la Rusia de Gorbachov. En fin, Tenemos mas fuerzas policiales, entre autonómicas y estatales, que Estados Unidos –sin contar las municipales
Descubrimos sorprendidos como, aun teniendo un sistema educativo costosísimo y masificado en docentes y tecnócratas, contamos con un nivel educativo espantoso y de los peores del mundo, en cuanto a resultados obtenidos.

Nos damos cuenta que hemos montado una economía basada en la subvención y en la competencia desleal. Donde casi nada funciona por si mismo y en base a sus propios recursos.

Con este panorama nadie puede estar en la seguridad de mantener sus ingresos a futuro. Sin embargo, hay colectivos que siguen instaurados en sus inamovibles ventajas y prebendas. Este es el caso de los servidores públicos. Quienes ganan, prácticamente lo mismo que antes de la crisis. Pero, con la salvedad de que les cuesta todo mucho mas barato –un chollo.

Esta situación, de no cambiarla, nos llevara a un profundo pozo de donde no saldremos durante generaciones. Debemos, los ciudadanos –padres de familia, parroquias, sociedades vecinales y profesionales- exigir de nuestros políticos un drástico cambio. Un cambio hacia un estado mas uniformista y rentable en su gestión –“economía domestica”. Con unos gestores sobrios en sus propias dadivas y que prediquen con el ejemplo. En una política hecha bajo premisas de rentabilidad y de esfuerzo -demostrable y patente- de nuestros gestores públicos. Desterrando para siempre, del ejercicio político bravucón y la demagogia barata del siglo IXX, que tan bien se ha instaurado en nuestro sistema.

Solo los ciudadanos, unidos, seremos capaces de hacer que se produzca el cambio. Un cambio, de entrada, en el que nuestros gestores no están, para nada, interesados. Pues atenta contra el estado de bienestar de estas nuevas castas surgidas de entre las filas de los Servidores Públicos -“Gastadores Profesionales”. No se trata de recortar si no de evitar Hay que crear una conciencia social del ahorro. Eso no lo puede conseguir el gobierno de una nación, sin esta evolución radical en su funcionamiento y sin el apoyo, consiguiente, de la población. Para concienciar hay que predicar con el ejemplo. Los ajustes, si queremos que sean efectivos, los deberemos de hacer primero en nosotros mismos y nuestras mas intimas necesidades.

No se le pueden pedir sacrificios desde la excelencia que da la plutocracia. Hay que estar con el pueblo que sufre. Hay que recuperar la figura de censor, del inspector y del auditor de las cuentas públicas; que fueron defenestrados por los últimos gobiernos de izquierdas, de nuestro suelo patrio. Hay que castigar las malas actuaciones con contundencia. Hay que castigar al ladrón aprovechado del erario con firmeza. Hay que satanizar el mal gasto público con sanciones ejemplarizantes. Hay que castigar al parasito, al prevaricador, al estafador y al derrochón de las arcas públicas.

…Y hay que votar, en conciencia, al austero, al trabajador esforzado y muy bien preparado para su difícil labor.
¡…Y después de esto, que Dios reparta suerte!

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Comentarios (3)
  1. elena sanz-orrio says:

    De los mejores artícilos sobre este problema que he leido.
    Mi enhorabuena al autor.
    Elena

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  2. director says:

    Hola
    El problema es que no nos llegó el nombre del autor.

    Un saludo
    Alfredo Urquijo
    Director NC

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  3. FERMINY says:

    ¿LA MEJOR SANIDAD DEL MUNDO? Dese una vuelta por los hospitales de España y ya verá a que altura quedan las cutres habitaciones de “maternidad” del HVC y las obsoletas y tercermundistas del HdN. Por no hablar de las Urgencias y la “sala” de UCI del HdN, que estaría prohibida en cualquier país occidental al no tener habitaciones individuales y estar los pacientes separados por cortinas que, demostrado está, son el mayor acúmulo de bacterias nosocomiales.

    Como médico y paciente crónico pluripatológico he tenido la oportunidad de conocer muchos hospitales de España, puedo asegurar que los dos hospitales públicos de Pamplona están a la cola de los hospitales del país. Por no hablar de donantes y trasplantes, donde estamos a la cola -decimoterceros- de las 17 autonomías.

    En sanidad, la gente habla por hablar y sin conocimiento de lo que ocurre en el resto de España. Somos enfermos onfálicos, pues no hacemos más que mirarnos el ombligo, mientras los demás hace tiempo que espabilaron y nos han sobrepasado. Dejo al margen de mi comentario a CUN; hablo de la sanidad pública.

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