Perdonar a un etarra arrepentido

Redacción 3 febrero 2012 Noticias
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En religiónenlibertad.com hemos encontrado una historia un poco especial. Se trata de la forma en que se encontraron en la cárcel trece años después María del Carmen Hernández y el etarra que mató a su marido. No es una historia de política penitenciaria. Es mucho más que eso. Es una historia de perdón y arrepentimiento.

El etarra le metió varios tiros en el cuerpo y corrió a un teléfono público para llamar a su familia: “Ya estás muerto”, le dijo el asesino a una de las hijas de Jesús Mari Pedrosa. Era el 4 de junio de 2000. Los siguientes días se repitieron las macabras llamadas al domicilio del asesinado: “Jesús Mari, hijo de puta”.

 Jesús Mari Pedrosa, de 57 años, era edil del PP en el Ayuntamiento de Durango (Vizcaya), además de militante del sindicato nacionalista ELA.

“Llevaba 13 años de concejal cuando le mataron -cuenta su viuda-. Los primeros años todo iba más o menos bien o así me parecía a mí. Él nunca trasladó a casa si tenía alguna preocupación al respecto y la política no era tema de conversación entre nosotros. Desde siempre había tratado con cualquier persona independientemente de su ideología o signo político. Tenía un talante abierto y eso hacía que participase en uno u otro sitio (Korrika, apoyo al euskera…) o entrase a tomar algo o pasar un rato tanto en el batzoki como en cualquier otro local. Creo que era muy confiado, pues para él todos eran amigos…”.

Los niños del colegio también intimidaban…

“Entre dos a tres años antes de matarle empezaron las amenazas en la calle y seguido el acoso de manera más directa. Empezaron a venir a casa un día sí y otro también. Cuando había manifestaciones terminaban debajo de casa, o venían expresamente a leernos pasquines y dejarnos mensajes. Venían con velas que dejaban encendidas, pancartas que dejaban colgadas. Muñecos poniendo frases como “zu ez zarz errugabea” (tú no eres inocente). Los chavales del instituto, que está en frente de casa, nos venían durante el recreo con las pancartas de los presos o nos empapelaban desde el portal hasta la puerta de la vivienda. Cosas increíbles de que estuviesen sucediendo en la realidad”.

Pintadas amenazantes en las paredes 

Cuenta Mari Carmen Hernández, la viuda de Jesús Mari Pedrosa, la tristeza con la que vivían en la familia por ese clima de persecución a la que estaban sometidos. “El miedo aparece y va dejando huella hasta el punto de necesitar ayuda profesional. Una de mis hijas lo estaba pasando muy mal. Yo solía pensar `no puede ser real que nos esté pasando esto´y me preguntaba cosas como ¿Hasta dónde se pude intimidar a la persona? ¿Por qué permanecen sin borrar las pintadas?… Ir por la calle, sobre todo la zona del casco viejo, y ver su nombre en medio de una diana o poniendo frases como `tú serás el próximo´. Sentía una angustia terrible. Encima te sientes mal por la gente que va contigo, por la gente con la que te cruzas. Es como si llevases encima un sentimiento de culpa”. 

Con el asesinado de su marido cara a cara

Mari Carmen aceptó entrar en un programa impulsado por Instituciones Penitenciarias y el Gobierno vasco de reconciliación con las víctimas. Todos aquellos etarras que se sienten arrepentidos por sus crímenes tienen la necesidad vital de pedir perdón, cara a cara, con la familia de sus víctimas, y es la Administración quién concierta, si todas las partes están conformes, una cita resrvada.

 Mari Carmen recibió esa llamada de Instituciones Penintenciarias y fue al encuentro con el asesino de su marido. Cuenta que nada más verle se abrazó al etarra y, éste se sintió completamente desarmado. Lugo vino el diálogo: “Me sorprendió lo joven que era -señala Mari Carmen al diario El Mundo-. Como una de mis hijas. Le conté mi triste historia, él me contó la suya… Me preguntó por cómo lo habíamos vivido. Le dije que en mi cabeza no entraba cómo se podía asesinar. Me contestó que en aquel entonces era un objeto… Nunca había estado con una víctima”, narra.

 “Le pregunté por qué se sentaba frente a mí. Me dijo que quería pedir perdón, mostró un profundo arrepentimiento. Me habló de que algún día tendría que contárselo a sus hijos, que no podía dormir. Le pareció increíble que no fuera dura con él”.

“Gracias a mi fe no siento odio”

“A mí lo que me mueve es mi fe. Soy muy devota del Sagrado Corazón de Jesús. Pensé: ´Ese chico ha sido muy malo. Si ahora quiere ser bueno, le tengo que ayudar´. Le dije: ´Con esa carita, nadie diría que tienes el haber que tienes´. Gracias a mi fe, el odio no está en mí. Puedo haber sentido rabia, impotencia, puedo haberme hecho preguntas sin respuesta… Pero odiar, no”.

 “Mi lucha ha sido y es día a día muy fuerte en lo referente a alcanzar una paz espiritual, porque la rabia sale sin querer y las preguntas ahí están, sin respuesta”.

“Cada día me pregunto si soy capaz de perdonar”

“Cada día, cuando hago mi examen de conciencia me pregunto si soy capaz de perdonar. Es muy difícil perdonar (sobre todo sin que te lo pidan), pero me es necesario hacerlo. El perdón no es una obligación, no es el olvido, no es una expresión de superioridad moral ni es una renuncia al derecho. El perdón es un acto liberador. Perdonar es ir más allá de la justicia. Esforzarnos en plantear el perdón, en proponerlo y hablar de él es invitar a ser cada vez más persona”.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=20292

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Comentarios (6)
  1. Hay que ser muy valiente y muy fuerte para perdonar ésto..
    Yo no se si lo conseguiría.

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  2. Juanjo says:

    Pues lo siento pero no me creo esos arrepentimientos, cuando suceda de uno que esté fuera de la cárcel “mako” como le llaman ellos me lo creeré.
    Por otro lado la entereza de la viuda muy emocionante, yo tampoco creo que fuese capaz de perdonar aunque la fe ayuda mucho a ello.

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  3. jgvaquero says:

    Pues yo sí que me creo esas historias de arrepentimiento.
    Me parece que creérnoslas y tener la hombría de bien de aceptarlas es una de las “tareas” que tenemos los demócratas, por más que algo se nos revuelva en el interior.
    Si además somos cristianos, como la protagonista de esta bonita historia, encontraremos mucho más sentido al perdón.

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  4. arana goiti says:

    La diferencia es más que evidente. De la actitud del asesino es razonable dudar por el hecho de que va a obtener un beneficio evidente, real e inmediato de su actitud. De la víctima es imposible dudar.
    Tampoco cabe dudar de las víctimas que odian, que no perdonan y que exigen justicia. No por ello son peores que Mari Carmen.

    Es la brutal diferencia entre etarras y víctimas, esa misma diferencia que la repulsiva mayoría de la clase política (y la izquierda en pleno) tanto se esfuerza en borrar.

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  5. Celebro el cambio mostrado por algunos etarras en la cárcel, aunque desconfío de su sinceridad y no basta con pedir perdón sin un abandono también de la ideología que les “justificó” el asesinato. Ello me confirma que no basta con: (1) la acción policial contra ETA, (2) y/o la condena social, manifestaciones, etc. (3) o la negociación para la entrega de las armas (?). Necesitamos una “cuarta vía”: atacar y DESPRESTIGIAR las tesis separatistas vascas con objeto de que los jóvenes no se vean atraídos hacia esas tesis que conducen a la violencia. Los jóvenes etarras han reconocido que al entrar en ETA “parece que eres importante en tu pueblo”. Esa es la raíz que hay que atacar. Si desprestigiamos las tesis separatistas (!!! y hay de qué ¡¡¡) los jóvenes que entran en ETA no se sentirán con la “cabeza alta” como ocurre ahora. Las ikastolas tienen una función que cumplir impresionante. Y este etarra que ahora pide perdón ¿renuncia también a la ideología que le movió a cometer el asesinato?. Sin eso, no hemos conseguido nada. Pedir perdón no basta, aunque a lo mejro te saca de la cárcel…

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  6. obabatarra says:

    Hace ya un tiempo leí esta declaración de la viuda de Pedrosa y me puso los pelos como escarpias. Que entre nosotros haya gente capaz de llamar a la mujer de un asesinado, diez minutos del asesinato, y decir “ya te hemos matado” es de una crueldad supina. Es de un odio exacerbado. Es terrible, y nos hace a todos peores, por ser copartícipes y miembros de una sociedad tan radicalizada. Es terrible. Por supuesto que se puede perdonar; es más, es en mi opinión una respuesta muy adecuada. Este país, me refiero a España y al país vasco, tiene demasiados resquemores de este tipo. Tener que ver a personas pidiendo poder recuperar a sus familiares muertos me hace recordar este asunto también. El perdón, tras la administración de justicia y reparación, es una parte del proceso de recuperación. Desgraciadamente, muchos nunca dejan de recuperarse. El que llamó para insultar a la viuda de Pedrosa, estará enfermo siempre.

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