Dicotomía perversa

Juan García-Vaquero 13 noviembre 2011 Opinión

 

 

El otro día ví “el debate”. El de Rajoy y Rubalcaba, me refiero. Me llamó mucho la atención su desarrollo en todo lo que tiene que ver con la distinción entre los ámbitos público y privado. D. Alfredo cargaba constantemente con el tema de lo público, y Rajoy, a mi modo de ver, mostró un rostro bastante timorato con este tema. No entró, de hecho. Y no me causó buena impresión, porque no aclaró su postura: ni defendía el ámbito público con la rotundidad de Rubalcaba ni mostraba una postura alternativa.

A mí me asombra todo esto. Pienso, sinceramente –entrando al mundo de “las intenciones” al que D. Alfredo arremetía constantemente-, que a Rajoy y a su partido no les termina de gustar el ámbito público pero no se atreven a decirlo. O bien, que no saben presentar una alternativa y entran irremediablemente al juego de la izquierda de construir un discurso ideológico en este ámbito. Estar a favor de lo público sería propio de las izquierdas, que se preocupan por el bienestar social, y estar a favor de lo privado sería más de las derechas, a las que “el vulgo” no les importa en absoluto. Tenemos otra vez a la vista dos viejas –y falsas- consignas: “los pobres son de izquierdas, los ricos de derechas”, y “lo público da libertad al pueblo, lo privado es elitista”. Rajoy entra a este juego y ese es su fallo, por más que sepa capear el temporal con dignidad.

Deberíamos darnos cuenta de que el futuro está en superar esa dicotomía. Mientras sigamos hablando en términos de primar un tipo de gestión –pública o privada- sobre la otra, seguiremos dando al tema un matiz ideológico que debe ser desterrado del debate. Porque la cuestión no es ideológica, sino ciudadana: lo público y lo privado no tiene por qué estar reñidos si centramos el debate en el ciudadano, en sus libertades y en sus derechos.

Lo que queremos los ciudadanos es una educación de calidad, una sanidad fiable y con listas de espera razonables, y que esos servicios estén al alcance de todos. Y si tenemos eso, nos va a dar exactamente igual que su gestión sea pública o privada.

Si en este país se estableciera un sistema para que cualquiera, al margen de su nivel de renta o ingresos, pudiera acceder a los mejores colegios, a los mejores hospitales, etc. –sean públicos o privados, ¿qué más da?-, se eliminaría de raíz la actual situación de elitismo económico que lastra nuestra sociedad. Los colegios y hospitales que no estuvieran a la altura, fueran públicos o privados, tendrían que cambiar a mejor para poder competir y si hubiera alguna línea educativa o sanitaria con escasez de plazas, la iniciativa pública o privada la llenaría de inmediato porque ahí habría mercado para seguir creciendo con soluciones rentables.

En un sistema garantizado, como la salud o la educación, la libre competencia proporciona inmediatamente a los ciudadanos la libertad de elección y por tanto hace mejorar la calidad de los servicios. Y permite a la Administración pública centrarse –principio de subsidiariedad- en la atención en aquellas zonas o colectivos a los que no llega la iniciativa privada.

Desconfío absolutamente de los gobiernos que quieren tener en sus manos la educación y la sanidad de un país. Me traen a la cabeza inmediatamente a Orwell y a Huxley, qué le vamos a hacer. Creo que el sistema tiene que estar diseñado para que haya variedad de opciones y para que cada ciudadano pueda elegir la que prefiera, que para eso pagamos todos nuestros impuestos.

Ahora bien, alguien que tuviera un poco de malicia podría pensar que, si se liberaliza el sistema manteniendo su garantía, es posible que aumentase el número de centros de gestión privada en detrimento de los centros de gestión pública. Y en ese caso… los gobiernos de turno gestionarían menos presupuesto, habría menos puestos disponibles para “colocar” a los amigos, menos votos cautivos de funcionarios, etc. ¿Quizá vayan por aquí los tiros, más que por la “libertad ciudadana” con la que a algunos se les llena la boca?.

 

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Comentarios (1)
  1. Oscar says:

    Dices verdad.

    Por cierto ¿Alfredo y otros colegas que tienen la cobertura de MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado) han elegido la Sanidad gestionada por entes privados o de titularidad pública? Y, en su caso, pensando mal, cuándo abandonaron la primera?

    (1) Para la protección de su colectivo de alrededor de 1.550.000 personas (*), MUFACE gestiona un importante conjunto de prestaciones como son la asistencia sanitaria, el subsidio por incapacidad temporal o por riesgo durante el embarazo o durante la lactancia natural, las indemnizaciones por lesiones permanentes no invalidantes o la prestación económica por gran invalidez, etc.

    En lo que concierne a la asistencia sanitaria, incluyendo la farmacéutica, MUFACE forma parte del Sistema Nacional de Salud en su calidad de entidad gestora del Régimen Especial de la Seguridad Social de los Funcionarios Civiles del Estado

    Dicha asistencia sanitaria se proporciona, a elección anual del mutualista, bien en el sistema sanitario público o bien a través de los medios de las entidades de seguro libre que hayan concertado con la Mutualidad dicha asistencia.

    (*) En Navarra, 15.840 mutualistas

    PD La mayor parte, como es bien sabido, optan por esta última, lo cual -como promedio- supone un “ahorro” importante para la Hacienda, tanto que las compañías de seguros dicen que así no se puede seguir.

    A 31 de diciembre de 2010, del total del colectivo nacional asegurado, un 82,81%, correspondiente a 1.283.677 personas, estaba adscrito a alguna de las entidades privadas de seguro libre. El 17,16% (266.036 personas) optó por el sistema sanitario público. Y no pasa nada ¡viova la libertad!

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