LA PROTESTA DEL PRECURSOR: Arturo Campión. 1936.

José Ignacio Palacios Zuasti .Senador por Navarra (PP) 21 septiembre 2011 Opinión

El pasado día 14, un día después de que se cumpliera el 75 aniversario de la entrada de los “40 de Artajona” en San Sebastián, Diario de Navarra hacía referencia en su sección ‘Diario en el recuerdo’  a “una nota firmada de su puño y letra” por Arturo Campión que estaba dirigida a ese periódico, en la que mostraba su “adhesión inquebrantable” al Movimiento, al tiempo que expresaba su “protesta más enérgica por el incalificable proceder del nacionalismo vasco”. La nota decía así:

 

“San Sebastián, 14 de septiembre de 1936

Tengo el gusto de hacer constar que liberada esta ciudad de la tiranía roja, quiero manifestar, a la vez que mi protesta más enérgica por el incalificable proceder del nacionalismo vasco, mi adhesión inquebrantable a la Junta Nacional de Burgos.

 

Arturo Campión”

 

El mundo nacionalista siempre ha tenido a Campión, pamplonés nacido en la calle Chapitela, como uno de los precursores del nacionalismo vasco porque, además de ser un escritor en castellano y vascuence y de haber sido concejal de Pamplona, diputado a Cortes por Navarra, senador por Vizcaya y uno de los tres -junto a Julio Altadill y Hermilio Olóriz- que diseñaron en 1910 el escudo y la actual bandera de Navarra, era fundador de la Real Academia de la Lengua Vasca, había sido presidente de Euskal Enalea, Euskal Erría y de la Sociedad de Estudios Vascos. Por eso, aunque esa nota estuviera firmada de su puño y letra, siempre han negado su autoría o, al menos, han  tratado de edulcorar su rotunda condena. Y lo han hecho a través del escritor roncalés Bernardo Estornés, fundador de la Enciclopedia Auñamendi y afiliado al PNV desde los albores de la república, que estuvo en San Sebastián durante ese verano de 1936 hasta que el 8 de septiembre huyó en una lancha camino de San Juan de Luz. Estornés, que tuvo oportunidad de visitarle en esos días aciagos, escribe “en memoria y honor a don Arturo Campión” en sus Memorias –Recuerdos y andanzas de casi un siglo- publicadas por Auñamendi en 1996, tres años antes de su muerte a los 92 años, y lo describe como “ciego hacía varios años, aniquilada la salud, diabético, con voz cascada y, sobre todo, casi centenario”.

 

Confieso que no poseo información para poder desmentir la descripción que nos hace Estornés. Pero observo que en ella, junto a una serie de valoraciones más o menos subjetivas, hay un dato objetivo fácilmente contrastable, pues dice que era “casi centenario”, lo cual es totalmente falso, porque Campión había nacido el 7 de mayo de 1854, por lo que en ese verano de 1936 tenía 82 años y le faltaban casi 18 para llegar a los 100. Esto me hace dudar del rigor de Estornés que, además, cuestiona la prisa que se dio en escribir la nota –el mismo día en que se reanudó el correo con Pamplona, cosa que parece lógica-, así como la nota en sí, su redacción y prosa y, sobre todo, ¡que es donde les duele! su “Adhesión inquebrantable a la Junta Nacional de Burgos”.

 

Como dicen los ingleses, habría que ponerse en los zapatos de Campión para tratar de entender su gesto. En ese momento pensaría estar viviendo el final de una larga y terrible pesadilla que había durado casi dos meses, en los que su hogar se había teñido de luto porque su querido sobrino Ignacio José Vila Campión y dos de los hijos de éste, uno de ellos menor de edad, habían sido asesinados en un acto que el propio Estornés califica como un “horrendo crimen”. Y para Campión, viudo y sin hijos, sus sobrinos eran toda su familia, a los que les había dedicado en su día algunas de sus más sentidas composiciones literarias.

 

Y al luto familiar se uniría el dolor y la rabia por las atrocidades que se habían cometido durante todas esas semanas previas en la ciudad, en las que tantos amigos, compañeros y conocidos habían sido asesinados, más de 60, como el político tradicionalista Víctor Pradera, el dirigente de Renovación Española Jorge Satrústegui o el concejal y jefe de la minoría monárquica en el ayuntamiento donostiarra Pedro Soraluce. Y también, en las horas previas a la firma de su nota es de suponer que habría tenido conocimiento de la terrible noticia de los fusilamientos llevados a cabo en los días previos en el fuerte de Guadalupe de Fuenterrabía, entre otros, los de Joaquín Beúnza, Honorio Maura, el conde de Llobregat o Antonio Elósegui.

 

Y, ante este cúmulo de fatalidades ¿puede sorprender que enviara su nota? Me temo que no. Por eso, mal que les pese a los nacionalistas, creo que es muy verosímil pensar que el que es tenido por “su precursor” enviara su “protesta más enérgica por el incalificable proceder del nacionalismo vasco” y expresara su “adhesión inquebrantable a la Junta Nacional de Burgos”. Gesto en el que, además, no fue la excepción ya que hubo otros con carnet del PNV, que no era el caso de Campión pues nunca militó en ningún partido, que también lo hicieron ese verano tanto en Navarra como en Álava.

 

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Esta noticia la publicamos el 18 de marzo de 2010