No todo es economía. Soplan vientos de cambio (II)

Ricardo Guelbenzu 14 junio 2011 Opinión

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La crisis nos ha hecho más conscientes de las debilidades que crecieron bajo aquél desarrollo económico tan espectacular, damos unas cuantas pinceladas a cada una de las más relevantes.

Europa padece una fuerte descristianización. La religión siempre ha sido importante en todas las culturas. Hoy en Europa predomina la indiferencia religiosa y algo de aversión anti-cristiana, sin embargo la multiculturalidad aporta un cierto prestigio a lo exótico, al budismo en especial. Los cristianos nos enfrentamos la hostilidad de ciertos sectores, con odio al cristianismo y a los propios cristianos.

El fundamento último de los valores de una civilización siempre ha sido religioso. Hoy  en Occidente hay un vacío a ciertos valores, que por afectar a los individuos, también es un problema político. Tampoco  podemos cerrar los ojos a muchos aspectos positivos de la sociedad actual –en comparación con la de otras épocas- como la mayor igualdad entre los sexos, la mayor vigilancia frente al racismo, la creciente concienciación sobre los problemas ecológicos, etc.

Tenemos las tasas de natalidad más bajas del mundo, muchos países no tienen garantizado el relevo generacional. Se aplaza la maternidad por razones educativas y profesionales. La mentalidad hedonista ve a los hijos como una carga, como una pérdida de libertad y comodidad. Hay una incapacidad para el compromiso, como si los europeos ya no creyésemos mucho en el futuro.

La familia sobrevive en Europa a duras penas. La volatilidad de las parejas, la reticencia a contraer matrimonio, la alta tasa de divorcios, el implícito desprestigio de la familia tradicional, en contraste con los nuevos modelos publicitados como modernos, ocultan que detrás de las nuevas realidades existe mucho dolor e infelicidad.

Salvo Polonia e Irlanda, los países europeos permiten el aborto libre de iure o de facto, al menos en las primeras fases de la gestación. Salvo los movimientos pro-vida, la sociedad parece haber pasado página sobre el asunto. En USA existe una guerra cultural, entre pro-abortistas y pro-vida, siendo un eje de referencia. Europa muestra la insensibilidad moral de millones de personas, frente a este holocausto silencioso.

Lo técnicamente posible es lo cool, apenas existe desconcierto moral frente al poder tecnológico. El hombre está ahora en condiciones de poder hacer hombres, de producirlos, por así decir, en el tubo de ensayo. La tentación de ponerse a construir el hombre adecuado, la tentación de experimentar con el hombre, ya no es ninguna quimera de moralistas, es una realidad.

Hoy no interesa la verdad, el relativismo se ha convertido en la nueva religión europea. El todo es relativo, se ha convertido en la única verdad, la única norma, el único dogma. Lo políticamente correcto, proscribe cualquier alusión a valores universales, se evita cualquier crítica a otras culturas. Si te atreves a ello, serás presentado como reaccionario, fundamentalista e intolerante.

El relativismo nos ha llevado de la mano a la autoflagelación. La autocrítica siempre fue una virtud  occidental, pero hoy hemos degenerado en masoquismo. La visión del mundo y de la historia para muchos es maniquea donde los occidentales (malos) despojaron sistemáticamente a los no-occidentales (buenos). 

Todo lo anterior -hedonismo, rechazo del principio de realidad, relativismo, autoflagelación – conduce a un pacifismo simplón. El pacifismo es un sentimiento loable y una actitud con claras raíces evangélicas. Ahora bien, cuando el pacifismo se convierte en negación buenista de la realidad, la situación se torna preocupante. Para luchar por unos ideales, deberíamos primero tenerlos claros ¿Por qué? creencias estariamos dispuestos a combatir los europeos hoy.

Las Artes también están a la deriva, dando señales de debilitamiento. A comienzos del siglo XX, la música seria, la arquitectura racionalista y la pintura no figurativa, bajo el pretexto de romper cánones y explorar lenguajes nuevos huyeron de la belleza. Cuando la gente cree que la vida no tiene sentido y que tan sólo es fruto del azar, sin referencia a ningún principio superior, es normal que lo refleje en el Arte.

 

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Comentarios (1)
  1. Abrumado por el enunciado de la problemática verdad, espero con ansiedad el planteamiento de cómo pensamos encontrar los caminos de avance, ciñendonos a los vientos de cambio, por cierto, discontínuos y racheados.

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