Tres cuestiones electorales que se omiten y la propuesta fallida de la CTC

Javier F. García 20 mayo 2011 Cartas al director / Agenda

 

Los articulistas más técnicos también toman posición en la prensa diaria ante las elecciones. Lo hacen al menos indirectamente, para que no se diga que son partidistas. Citemos dos casos que personalmente tienen todo mi aprecio.

Eugenio Simón critica duramente al PSOE porque sus candidatos han declarado su renta y patrimonio ante la opinión pública. Les acusa de feas intenciones. Yo no creo que sea para tanto; no creo que por esto precisamente sean demagogos. Por algo lo dicen. No es que sea necesario el modo como han realizado esa declaración de bienes –modo que resulta innecesario-, aunque sí sea necesario el juicio de residencia a todos los cargos públicos, es decir, la declaración de bienes de ingresos al empezar el ejercicio del cargo público y al finalizarlo. Esto debiera de ser algo institucional, sin reducirlo a las auditorías cuando hay sospechas, lo que por otra parte “señala” feamente a quien las sufre. A ello añadiré la necesidad del mandato imperativo, imposible en el actual sistema, es decir, que el elector pueda demandar al elegido si no cumple sus promesas. Para lograr esto hay que cambiar no pocas cosas. De entrada, sería necesario que no hubiese “proclamas vacías de contenido”, o generalidades vagas, o promesas mil, o la vacuidad en los proyectos, todo lo cual provoca un extendido escepticismo. Las causas del abismo entre la España real y la oficial radican en el actual sistema inorgánico, donde se halaga a todo ciudadano al decirle que sabe de todo –me resisto a creer que nuestros profesores estén conformes con esto-. Si la sociedad estuviese representada a través de instituciones, la política sería más compleja y mucho más real, y los políticos estarían mucho mejor preparados. Serían profesionales en la política, no de la política. Esta afirmación tiene muchos años de historia. Sumemos a eso la ausencia hoy día de una adecuada ley de incompatibilidades, de listas abiertas etc.

En otro orden de cosas, J. Pomés centra su discurso en que hoy debemos centrarnos únicamente en la economía para salir de la crisis, y no en la política, que deberíamos dejar para otro momento. Si se refiere a la gran revolución en todos los órdenes que supondría NaBai, estoy de acuerdo. El autor muestra desear un continuismo en las instituciones, pues Navarra va saliendo de la crisis poco a poco. Sin embargo, añadiré, ¿no es verdad que una cosa no quita la otra? Creo que en Navarra, trabajando bien los temas económicos, debe rotundamente omitir no pocos males realizados y efectuar profundas mejoras en el ámbito del respeto a la vida (¿qué decir de cierto permiso solicitado para poner “abortorio” o lugar de ejecución y muerte?), el matrimonio como Dios manda, la familia incluida la numerosa (no olvidemos sino actualicemos pues ya es más que necesaria), el respeto total al derecho primario de los padres en la educación de los hijos (respeto a la objeción de conciencia a la EpC o tiranía), y el bien común (no el bien partitocrático, de grupo de presión, de privilegiados…). Es preciso modificar la política seguida por UPN en estos temas. Esto es siempre lo primero y más necesario. En estos grandes temas vertebrales, las negligencias y errores pasan factura, sin que se corrijan por ello –es más, lo estimulan- el voto a posiciones radicalmente frívolas y desmoralizadoras.

A nada conduce poner tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias. Y menos mantener un plano inclinado queriendo frenar que “la peña” (más respeto, oiga) se despeñe sin remedio. Hay que poner remedios que incluso afectan a lo institucionalmente constituido, a las formas de hacer política, y a la concepción de la misma política (por supuesto no partitocrática).

Se que nuestra Comunión carlista ha ofrecido a varios partidos extraparlamentarios (PFyV, AES, SAiN, DNyE, CTC) realizar una plataforma electoral de unos mínimos “principios no negociables”, y que, por no haber querido ellos, la CTC no se presenta a las elecciones. ¿Cómo pedir el voto si los que ofrecerían unos mínimos “principios no negociables” andan por separado? Desde luego, UPN y PP deberían taparse la cara de vergüenza por su electorado no les entiende. Si ahora era necesario la unión en unos mínimos “principios no negociables”, más lo será en adelante, pues el único mal no es el paro laboral o el “que vienen los separadores y separatistas”.

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