Política municipal tóxica

El misterioso caso del ayuntamiento tóxico no tiene más razón de ser que el haber gastado más de lo que se podía. ¿Qué pasaría si en vez de ser un ayuntamiento fuera un ama de casa? Pues eso, lo de siempre, que si se vive por encima de las posibilidades y de las espectativas razonables de crecimiento no puede extrañar que venga el tropezón. ¿Y por qué será que se tiende a gastar más de lo debido? El problema de los ayuntamientos, de todos los ayuntamientos, es que siendo la base del entramado territorial han quedado relegados en nuestro sistema a un papel electoral y absolutamente dependiente de la mama subvencionaria. Dejaré algunas preguntillas al vuelo para la reflexión de quien corresponda: ¿cómo es posible que tengan un mismo tratamiento electoral ayuntamientos de 100.000 y de 200 habitantes?; ¿qué pinta realmente la oposición municipal en los pequeños ayuntamientos cuando el alcalde cuenta con mayoría absoluta y puede permitirse el lujo de ningunear a los opositores?; ¿por qué no hacen otra cosa los alcaldes mas que pedir y pedir?; ¿qué pasaría si en vez de tanta subvención -que invita a una ideologización de los grupos municipales- hubiera más independencia en los cargos de la política local?; ¿por qué la Cámara de Comptos -y menos mal que lo hace- advierte tan tarde?.
Desde mi punto de vista los ayuntamientos, especialmente los pequeños y medianos, ganarían mucho en dignidad y tranquilidad si fuéramos entre todos capaces de profundizar en dos líneas de reforma: primero dotar a los ayuntamientos de bienes propios, de rentas, de propiedades para que si hay gasto… haya dolor. Y segundo, una reforma del sistema electoral municipal reduciendo o incluso eliminando el papel de los partidos políticos, que siempre introducen elementos extraños a la realidad cotidiana; fomentando las candidaturas independientes, los “gobiernos de concentración municipal”, o incluso la elección por sorteo de concejales de barrio, para que el que tome las decisiones tenga que dar la cara y se lo piense antes un poco más.

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Comentarios (1)
  1. spurgus says:

    En suma: hay que quitar poder a los partidos…que son estructuras depoder y para el poder, que instrumentalizan todo para sus propios fines.Pero si nuestra gente no tiene interés en la política, no verá esta evidencia, y seguirá soportando alque propone pan y circo (aunque al fin nos lleve a la quiebra) en lugar de ayudar al que ve las cosas de verdad y las llama por su nombre.
    El problema es que el ciudadano no puede soportar la angustia de la realidad. La publicidad nos presenta en todos los medios espejos aberrantes de hombres y mujeres en espléndida, eterna juventud. Nos vende la inmortalidad y la impasibilidad: Nos ofrece sexo, placer, poder y seguridad… pero nos sabemos (cada vez más) débiles, dispersos, perdidos y aislados, como en Babel. Los programas de TV nos proporcionan evasiones cotidianas (fútbol, sexo y violencia en medidas cada vez mayores)a la vez que nos enseñan lo terrible que es todo ahí fuera. No hay pedagogía (y fíjense qué medios tenemos para tal fin), ni nada que constituya un modelo de valores humanos, porque nuestros publicistas saben que algunas morales han sido dañosas al imponerse, y se han utilizado para controlar las conciencias; y concluyen que toda moral es mala, dado que nos enfrenta al conflicto entre bien y mal. Abrogada de esta forma la distinción de bien y mal, Nadie nos puede proponer ser mejores, ser excelentes, ser hombres y ser libres, pues ello implica necesariamente la apelación ética a buscar el bien. No digo que la empresa no sea compleja, pero si la abandonamos (como nuestra sociedad ha hecho), al final solo seremos una especie masturbadora, horripilada ante su conciencia de profunda debilidad pueril, de total desorientación, y cínica para acallar la contradicción que su vida supone ante el mundo, que pide a gritos un hombre digno de tal regalo.

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