Zabaleta quiere copiar las consultas independentistas de Cataluña

Redacción 16 diciembre 2009 Noticias
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Policy of appeasement.

Zapatero llegó al poder como una auténtico icono de la conocida como política de apaciguamiento. Esta política se define como contraria al enfrentamiento y, conocida como “policy of appeasement”, vivó sus horas más bajas durante el mandato de Neville Chamberlain como Primer Ministro del Reino Unido. La política de apaciguamiento permitió a la Alemania nazi violar sistemáticamente todos los tratados internacionales firmados tras la Primera Guerra Mundial y anexionarse diversos territorios. En 1938, al bajar sonriendo del avión que le traía de firmar con Hitler los Acuerdos de Munich, Chamberlain declaró pomposamente: “paz para nuestros tiempos”. A nadie se le escapa cuáles fueron los tiempos venideros.

Una serie de noticias recientes permiten realizar un análisis retrospectivo del éxito o el fracaso del apaciguamiento como elemento característico de la política de Zapatero.

El “proceso-trampa”.

La mayor expresión de la política de apaciguamiento de Zapatero ha sido sin duda el proceso de negociación con ETA. Partiendo de una voluntad imaginaria de ETA de abandonar las armas, se aceptó una negociación política en una mesa con la ETA legal, cuyo objeto sería obtener un acuerdo político que aceptara en otra mesa paralela la ETA ilegal, a cambio de dejar las armas. Una vez más huelgan los comentarios a la luz de los acontecimientos posteriores. Aquellos que advirtieron contra las verdaderas intenciones de ETA, sien embargo, fueron entonces objeto de todo tipo de descalificaciones. Acaba de hacerse pública la ponencia mugarri en la que ETA, en respuesta a algunos movimientos en el seno de la izquierda abertzale, reafirma una vez más su apuesta por la “lucha armada”.

Los piratas somalíes.

España comenzó a familiarizarse con los piratas somalíes en el mes de abril del 2008, a  raíz del secuestro del atunero vasco “Playa de Bakio”. El barco fue asaltado y la tripulación secuestrada durante más de una semana. Según se publicó, se pagó por el rescate la suma de 1,2 millones de euros. No se tomó ninguna medida. Los barcos españoles fueron a partir de entonces objeto de distintos intentos de secuestro. Un año después el “Alakrana” era secuestrado durante 47 días. La liberación fue resultado del pago de un rescate de 2,3 millones de euros. El pago y la inacción (incluso la posterior a la liberación) se justificaron por el riesgo para la vida de los rehenes, pero cabe pensar en alguna medida que la vida de los rehenes estaba en riesgo por el pago y la inacción anteriores.

El terrorismo islámico.

Los atentados del 11M fueron explicados como una consecuencia directa del apoyo diplomático español a la guerra de Iraq. En buena lógica, la retirada inmediata de Iraq debía haberse convertido en una salvaguarda frente a futuros ataques islamistas. La expresión popular de este razonamiento cristalizó en algunas manifestaciones al grito de “esto nos pasa por un gobierno facha”. Ya entonces se puso mucho cuidado en evitar toda referencia a Afganistán, pese a ser otra guerra citada expresamente en el video reivindicativo del 11M encontrado en el piso de Leganés en el que los terroristas se inmolaron. En aquel video, grabado por los mismos terroristas que perpetraron la masacre del 11M, se citaba expresamente al nuevo ejecutivo socialista y se amenazaba a España con que“Tras comprobar que la situación no ha cambiado y después de que vuestro nuevo gobernante anunciase la apertura de su mandato con más lucha contra los musulmanes y el envío de más tropas cruzadas a Afganistán, las Compañías de la Muerte y Ansar Al Qaeda han tomado la resolución de seguir la senda de la bendita yihad y la resistencia”.

Hace sólo unas horas que la Audiencia Nacional ha condenado a penas de prisión de entre 8 y 14 años a once islamistas de origen indio y pakistaní, detenidos en 2008 por preparar un atentado en el metro de Barcelona. De haberse producido en Barcelona una masacre similar a la del 11M, nos hubiéramos preguntado de qué sirvió jugar la carta del apaciguamiento con los terroristas. Puesto que tal masacre la evitó la policía, y no la voluntad de los terroristas, nos lo preguntamos de todas formas. A estas horas, varios españoles permanecen secuestrados aparentemente por Al-Quaeda.

El Estatut.

Varias noticias recientes permiten también analizar el éxito o el fracaso de la política de apaciguamiento de Zapatero respecto a los nacionalistas. Aún en la oposición, Zapatero reprochaba a José María Aznar que el PP “crea tensión territorial y crispación entre las Comunidades Autónomas”. La política de apaciguamiento de Zapatero a este respecto dio lugar a la aprobación del actual Estatuto de Cataluña. Las concesiones, según Zapatero, eliminarían la “tensión territorial” y permitirían el encaje de los nacionalistas en España. A fecha de hoy cabe dudar de la eficacia de esta política cuando, sólo después de tres años tras su aprobación, acaban de celebrarse en Cataluña 160 referendos independentistas. Patxi Zabaleta ya ha declarado que se trata de una iniciativa “a copiar” y ha asegurado que “Euskal Herria tendrá que avanzar también en ese mismo sentido”. Si Zapatero llamaba “tensión territorial” a lo de Aznar, habría que ver cómo hubiera llamado a esto.

Paralelamente a esta política de apaciguamiento, sin embargo, es preciso señalar la extrema dureza con la que el gobierno ha tratado durante estos años a la minoría política y a quienes discrepaban de sus postulados siempre que lo hicieran sin ejercer la violencia. No es descartable que esta debilidad frente a los violentos y paralela dureza extrema contra los críticos pacíficos sea también, de algún modo, una faceta más de la política de apaciguamiento. Nos preguntamos, a modo de conclusión, si vista ya con alguna perspectiva la política de apaciguamiento (podría decirse que incluso respecto a la crisis) ha servido para resolver siquiera uno de los problemas planteados. Dejamos el interrogante abierto.

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Comentarios (1)
  1. Luis says:

    Yo sólo espero que este personaje se jubile de una vez y nos deje a los navarros es paz…¿Para qué referendos? El que quiera ver lo que piensan los navarros sólo tiene que fijarse en los resultados electorales.

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