La vuelta a las catacumbas

Natalia Brice López 7 diciembre 2009 Cartas al director / Agenda

Año 67 d.C., bajo Nerón, el sexto emperador de Roma… Año 81 d.C., bajo Dominiciano… Año 108 d.C., bajo Trajano… Año 162 d.C., bajo Marco Aurelio Antonino…Año 2009 d.C., bajo J.L. Rodríguez Zapatero.

Las persecuciones no son cosa nueva, desde los tiempos del Imperio Romano, los cristianos han tenido que sufrirlas. Estos se recluían en las catacumbas para librarse de las torturas hasta la muerte, a las que eran sometidos cuando se les apresaba. Allí mismo celebraban el culto de manera clandestina. Pero lejos de someterlos, las persecuciones tenían como consecuencia un fortalecimiento, tanto en número como en espíritu.

Las persecuciones actuales, en los países occidentales civilizados, no son encarnizadas como las de entonces, son sibilinas e ideológicas. La que sufrimos hoy en día en España, tiene cierto paralelismo con la que se inició en 1917, con la llegada al poder en Rusia del partido comunista bolchevique. Al principio, con disposiciones legislativas y administrativas, lograron que en las escuelas se prohibiera la enseñanza de toda doctrina religiosa; la enseñanza privada de la religión a los menores sólo podía ser impartida por sus padres personalmente, en las escuelas se enseñaba el marxismo puro y duro… ¿les va sonando: retirada de crucifijos de las aulas, educación para la ciudadanía, escuela laica, dejar la religión para el ámbito privado,…? Este fue el inicio, y ¿en que acabó?…

Esta lucha contra la religión, llevada a cabo por el Gobierno soviético con las disposiciones legislativas y administrativas citadas, fue acompañada de una persecución violenta. En 1923 fueron procesados en Moscú y condenados y ejecutados el administrador apostólico de Mohilev, arzobispo Juan Cieplak, y un grupo de sacerdotes. Siguieron después los encarcelamientos, deportaciones, ejecuciones y exilio de otros sacerdotes y seglares.

¿Tenemos que temer acabar así? Probablemente no. Primero porque las medidas que se quieren tomar, no se ven abiertamente como anticristianas -aunque es evidente que lo son, al igual que en otras épocas-, sino como “libertad para todos”: es lo que se llama marketing, saber vender el producto…y segundo, porque el nivel de enfrentamiento con el que se encuentra el Gobierno es una nimiedad -incluso desde la oposición- comparado con la lucha encendida de otras épocas y, por lo tanto, no necesitan recrudecer la ofensiva. En tiempos de los romanos hubieran dicho: “pobrecitos leones, no tiene un mal cristiano que echarse a la boca”. Hombre, alguno, lo que se dice alguno hay, pero estamos tan fuera de juego que, a muchos, hasta les parece lógica esta serie de medidas en nombre de una malentendida tolerancia. Y para terminar de enrevesar la situación, parte de los que defienden desde el Gobierno estas medidas se dicen cristianos, y piensan que están completamente justificadas, aunque no se lo crean ni ellos. Pensémoslo bien… ¿cómo una sociedad en la que el 80% de los padres piden voluntariamente clase de religión para sus hijos en los colegio públicos, puede conformarse con la retirada de los crucifijos de las aulas, con la escuela laica… sin rechistar? ¡Realmente, esto es de locos!

Esta persecución -lucha ideológica cuerpo a cuerpo-, con estratégicas técnicas de desensibilización social pretende hacernos volver a las catacumbas. Y no pensemos en catacumbas incómodas, bajo tierra, y con riesgo de ser martirizados con torturas; pensemos más bien en cárceles de oro, en las podemos llegar a sentirnos como en casa, con zapatillas y batín; en cavernas de creencias sin adversidades contra la integridad física. Tal vez estas catacumbas sean las peores de la historia, y las mejor sobrellevadas.

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