El arte de la chorrada

Javier Horno. 20 noviembre 2009 Opinión

El Departamento de Educación de Gobierno de Navarra ofreció, un año más, un concierto didáctico a los escolares: una adaptación a dos pianos de Un americano en París, de Gershwin. La obra fue interpretada por Francesca Croccolino y Silvia Sucunza; el guión, de Fernando Palacios, lo leyó el locutor Pablo Ramos.

        Nada que objetar a los intérpretes. Pero los alumnos no callaban o, literalmente, se dormían. Estuve presente en calidad de profesor y fui testigo de ello. El abajo firmante ha probado con preparar a sus alumnos para la audición de una ópera entera, para horror, supongo, de la moderna pedagogía. Los alumnos pagan su entrada y, sorprendentemente, no sólo no se aburren, sino que demuestran ser más inteligentes de lo que creemos. Las audiciones escolares, en cambio, escogieron el camino logsiano de que todo sea divertido. Incomodan la audición con historietas que nada añaden o, directamente, ofrecen emplastos como un Gershwin (Beethoven del siglo XX…) a cuatro manos.

        Fernando Palacios, director de Radio Clásica, es el cerebro de todo esto. Pedagogo inefable, lleva años aburriéndonos con la bendición del Departamento de Educación. Como en el cuento del rey desnudo, muy pocos se atreven a alzar la voz para decir que sus propuestas lindan lo ñoño y lo inútil; no te digo nada si eres funcionario. Pero cometió el acierto de subirse al carro de la pedagogía políticamente correcta. Y ahí seguirá mientras callemos, cultivando el arte de la chorrada.

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Javier Horno.

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