No es frecuente que un político tenga el valor de pedir “contención del gasto” nada menos que a una universidad pública. La razón es la respuesta de manual que una crítica semejante ofrece en bandeja, y que podemos resumir en las propias palabras que –efectivamente- utilizó como réplica el rector de la UPNA, Julio Lafuente: “cuando se financia la educación se está invirtiendo, no gastando”.

No cabe deducir de esta respuesta, sin embargo, que por tanto sea metafísicamente imposible una mala gestión en un centro universitario. O que no se pueda convertir en una carga pública un servicio redundante e innecesario ya ofrecido por el sector privado. E incluso, por qué no, que resulte exagerado tal o cual concreto capítulo presupuestario.

Parece oportuno, por tanto, defender el derecho de Miguel Sanz (más bien el deber) de predicar la contención, la necesidad y la eficiencia del gasto. También, cómo no, en el ámbito universitario. Sería preocupante de hecho, por más importante que sea su labor como lo es, que el rector tuviera otro criterio, administrando como administra dinero público.

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