Viñes desnortado y desmemoriado.

Carlos Sánchez-Marco 10 septiembre 2009 Opinión
José Javier Viñes, en su artículo de opinión en Navarra Confidencial (“La marcha del PP, un año después”) ha perdido el norte y pierde memoria.

Viñes pierde memoria, dice:

 “la diferencia entre UPN y el PSN se va a acortar y el entendimiento futuro lo será con más presencia del socialismo. Esto es lo que ha conseguido el PP con su marcha: debilitar a UPN y favorecer una mayor presencia o influencia del socialismo en Navarra” (…) “Cualquiera con dos dedos de frente se dará cuenta que por esta razón UPN (…) ni buscó ni quiso la ruptura de los compromisos con el PP”

El 30 de julio de 2007 Chivite (PSN) presentó en un comunicado siete «condiciones» que debían cumplirse para que «el PSN-PSOE pudiera colaborar con UPN-PP». Una de ellas era que «UPN rompa el pacto político, electoral e institucional que mantiene desde el año 1991 con el Partido Popular y en cualquier caso se desvincule de la estrategia política y electoral y del discurso provocador del Partido Popular recuperando sus esencias regionalistas y valorando la posibilidad de abandonar desde ahora la disciplina del grupo parlamentario Popular tanto en el Congreso como en el Senado». El PSN respondía de ese modo al “decálogo” presentado por el Presidente Sanz para gobernar en la Comunidad foral con un «pacto de estabilidad”.

Poco después, Sanz era elegido presidente del gobierno con la ayuda del PSN y era roto el pacto con el Partido Popular.

Viñes desnortado, dice:

“los 22 escaños de UPN se van a ver reducidos por la aparición del PP en Navarra, y que este con sus escaños nunca darán mayoría a UPN para gobernar frente al socialismo y el separatismo juntos que es su objetivo y finalidad”

Con tanto cálculo del "quesito" iniciado por el Presidente – juego al que veo gusta Viñes jugar – se perderán los debates de valores y eso permitirá al nacionalismo vasco seguir librando con éxito la batalla cultural para euskaldunizar Navarra.
 
El Presidente, a base de hacer cálculos para que UPN no pierda el timón del gobierno de Navarra, perderá la batalla cultural en la que con éxito nos aventaja ya el nacionalismo. Y así, al final, con cálculos maestros o sin ellos, UPN perderá el gobierno de Navarra de una forma u otra. 
 
Por otra parte, los cálculos del "quesito" estaban pensados por el Presidente para el supuesto de que él fuera el candidato de UPN a la Presidencia. Con otro candidato, en agosto de 2007, UPN hubiera alcanzado una clara mayoría si se hubieran celebrado de nuevo elecciones. Pero el presidente Sanz no quiso entonces dar paso a nadie. En esa elección frustrada, que no llegó a celebrarse, Sanz recibió de destacados miembros de UPN la opinión de que tanto UPN como PSN podían ir para abajo (respecto a los resultados del mes de mayo), subiendo en cambio Nabai. Por eso prefirió el Presidente que no hubiera nuevas elecciones y subir en cambio a la Presidencia de la mano del PSN. Pero quién puede dudar que con un candidato de cara nueva UPN hubiera conseguido mayoría absoluta, después de la actuación vergonzosa de PSN pactando morganáticamente un gobierno con los nacionalistas-secesionistas.
 
El futuro de UPN nunca podrá estar en formular buenos pactos postelectorales. Su futuro está en ganar la batalla cultural que libra el secesionismo nacionalista vasco. Y solamente en ello, y para ello, creó Aizpún este partido de UPN.

Habría que citar a Elia Mañu (“El Viejo Reyno, en la Encrucijada” oct. 2008):
:

“Ahora bien, el nacionalismo vasco sacó una provechosa enseñanza de la Transición: la anexión política sólo sería posible desde una previa asimilación cultural, educativa y social de la Comunidad Foral. Así las cosas, se puso manos a la obra, y desde entonces hay una guerra cultural abierta en Navarra”

“Por lo que hace al constitucionalismo navarro en el poder, comenzó a ceder en nombre del respeto, la moderación y el consenso; pero cuanto más cedía UPN, más presionaba el crecido anexionismo vasco. Navarra hizo suyo un engendro nacionalista, el batua, que aniquiló el vascuence navarro en poco tiempo, y aceptó como suyos unos usos y tradiciones que no lo eran en absoluto. Cada Gobierno foral cedió, cedió y volvió a ceder. La espiral sociocultural vasquista ganó cuerpo en los ochenta, y se hizo insoportable en los noventa: el nacionalismo cultural ha ido cobrando cada vez más fuerza en la sociedad civil y la Administración navarras, y presionado más en todos los campos.”

“Los nacionalistas tenían razón: la sociedad navarra comenzó a ver como normal y propio algo que no era ni lo uno ni lo otro. Que nadie se engañe: a los navarros se les está conduciendo lenta y mansamente hacia Euskadi desde hace treinta años. Los gobiernos de PSOE, UPN y CDN no sólo no han librado la batalla cultural contra el anexionismo, sino que, rehenes de los habituales complejos, han colaborado con lo que no es sino una ofensiva en toda regla: unos, como Sanz, a regañadientes; otros, como Juan Cruz Alli, con entusiasmo; algunos, como Urralburu, con despreocupación. Pero todos han jugado a favor del Anschluss”

“Las dos áreas más delicadas de la Administración están copadas por el abertzalismo. Desde el Departamento de Educación – en manos de CDN – se impulsa la extensión del batua hasta límites desorbitados; desde el Departamento de Cultura se fomenta y subvenciona la extensión de una cultura nacionalista puesta al servicio de la anexión”

“Miguel Sanz recoge los frutos amargos de una política que también es suya: nunca como en los últimos ocho años ha avanzado tanto el nacionalismo cultural, social y político. Hoy, los navarros son más ingenuamente proeuskaldunes que nunca, y UPN ha consentido. Así que sólo al despistado pudo sorprender que el anexionismo vasco estuviera a punto de hacerse con el poder en 2007…. y que esté frotándose las manos en esta hora”

“Hay un camino que UPN no ha seguido aún, y que no parece capaz de seguir en el futuro. El peligro que se cierne sobre Navarra no se conjura rompiendo con el PP, absteniéndose en los Presupuestos o alcanzando pactos con José Blanco o el PSN, sino librando la batalla cultural e institucional contra el nacionalismo en la sociedad navarra. Para vencer necesita deslegitimar esa ideología anexionista y antidemocrática, desmontar sus falacias históricas y culturales, denunciar la importación de una cultura ajena por completo a Navarra y que corroe sus cimientos sociales… Asimismo, ha de desabertzalizar la Administración, frenar la euskaldunización educativa y social, acabar con la impostura del batua, llevar a cabo una política cultural y educativa de signo constitucional y, sobre todo, velar por que la Constitución se cumpla en todo el territorio. Es decir, ha de hacer todo aquello que Miguel Sanz y sus semejantes tienen miedo de hacer, por sus complejos culturales e ideológicos”

Carlos Sánchez-Marco

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