La sociedad penaliza a las mujeres que trabajan cuidando a su familia: mujer contra mujer.

Pilar Pérez y Nuria Sánchez 14 abril 2009 Opinión
La forma en la que estamos organizando las relaciones familiares no convence a las mujeres. Muchas reconocen que incide sobre su salud (estrés, ansiedad, depresión), sobre las relaciones de pareja e incluso algunas declaran que no tienen más hijos porque su trabajo se lo impide. Todos los estudios sobre la panacea de "la conciliación" acaban del mismo modo: no terminamos de reconciliarnos. Por una parte nuestra sociedad penaliza a las mujeres que trabajan cuidando a su familia:

Isabel es directora de una guardería, tiene un sueldo y derecho a pensión, a vacaciones, a días por asuntos propios, a baja por enfermedad, a ayudas por ser mujer trabajadora…

Idoia es madre, cuida de su amplia familia compuesta por marido e hijos y padres ancianos y dependientes, no tiene un sueldo, no tendrá una pensión por su labor, no tiene vacaciones, no tiene asuntos propios, no puede enfermar porque no hay quien la sustituya, no se la considera mujer trabajadora, dicen los papeles oficiales que es una "inactiva". Por ello las "ayudas familiares" no están pensadas para ella: no usa comedores escolares, no utiliza el descuento de viajes porque no viaja, no elije su horario de trabajo porque simplemente sus horarios están continuamente al servicio de los demás…

Por otra parte, la visibilidad social de unas mujeres se hace a costa de la explotación de otras:

Ester es española. Estela ecuatoriana. Ambas son madres, jóvenes, emprendedoras… Tienen muchas cosas en común, y muchas cosas que las diferencian. Estela trabaja cuidando a los hijos de Ester. Los hijos de Estela están con su abuela en una ciudad ecuatoriana. Resultado: los hijos de ambas no están cuidados por sus madres.

Apenas hace unos días salía en prensa un hecho vergonzoso: en el Servicio Navarro de Empleo había una oferta para contratar a una interna por 700 euros. A esta miseria de sueldo se le descontaba un 30% por la manutención, por lo que la persona recibía 490 euros. ¡¡¡490 euros!!!. Esto es solo la punta del iceberg de un verdadero drama, de desarraigo, explotación, humillación, dolor… que sufren estas mujeres que trabajan cuidando a ancianos que no son sus padres, y a hijos de otros, mientras los suyos están a miles de kilómetros de distancia.
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Pilar Pérez y Nuria Sánchez

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Esta noticia la publicamos el 14 de marzo de 2017