Ni lo mismo ni parecido.

Alfonso Ibáñez. Consultor Político. 16 marzo 2009 Opinión
Leo en su digital que el Sr. Viñes defiende lo ocurrido en Navarra, con el argumento de que si es buena la unión PSE-PP para Euskadi, también lo es para Navarra. 

Nada más lejos de la realidad. Como Navarro, nacido y residente en Navarra, he seguido muy de cerca todo el proceso de ruptura de UPN. Como consultor político, llevo trabajando desde el año 2001 con el PP vasco, primero con María San Gil y desde hace 4 años con Antonio Basagoiti, por lo que he vivido y participado en primera línea en la totalidad del proceso que ha llevado al actual escenario político en el País Vasco.

Y digo que nada más lejos de la realidad. En Navarra, un PSOE fuerte a nivel nacional quiso realizar, y así lo hizo, una maniobra con la doble finalidad de desgastar a su principal adversario político a la vez que le permitía crear un nuevo escenario en el que tendría más posibilidades de alcanzar el poder a nivel local. Y en este juego, sorprendentemente entró UPN. Si la finalidad de la maniobra era hacer un frente común contra las aspiraciones secesionistas de los nacionalistas, ¿Por qué el acuerdo tenía que pasar por la ruptura con el PP? ¿Por qué el PSN había optado meses antes por la opción de gobernar en Navarra con los nacionalistas como en Galicia, Cataluña o Baleares? Estas y otras consideraciones nos llevan a pensar que la finalidad no ha sido en absoluto la estabilidad, sino más bien los intereses particulares y puntuales de los socialistas. Lo que no podemos dejar de preguntarnos es por qué UPN entró en ese juego claramente suicida.

Y digo que la situación es meridianamente diferente a la del País Vasco porque allí nadie le ha exigido al PPv romper con su sigla nacional. En Euskadi el PSE podía haber desbancado del poder al PNV con fórmulas tipo a la catalana, pero finalmente las cuentas no le han permitido más que la fórmula del acuerdo con los populares. 

En Navarra, la decisión se ha tomado entre periodos electorales. Nada obligaba a provocar la ruptura del centro-derecha. En el País Vasco, lo ha sido fruto de los resultados electorales, y a nadie se le ha pedido que rompa con su formación.

En el País Vasco, esta situación ha fortalecido al Partido Popular, que por primera vez va a ser decisivo en el día a día del Parlamento Vasco.

En Navarra, la ruptura UPN-PP sólo puede traer mayor debilidad para ambas formaciones. 

Pretender equiparar ambas situaciones no deja de ser una burda manera de intentar defender una decisión, la de UPN, que a corto plazo se demostrará como un grave error.

Por algo será que en el País Vasco los nacionalistas están tremendamente cabreados y en Navarra encantados. 

No solamente no es lo mismo. Es diametralmente opuesto.

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Alfonso Ibáñez 
Consultor Político

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