3º. Curiosas Coincidencias.

Carlos Ibáñez Quintana 16 febrero 2009 Opinión

Hace unos meses Jon Juaristi ha publicado una novela titulada “Caza Salvaje”. Hace intervenir en la misma a grupos nacionalistas vascofranceses, antisemitas y pronazis. El conocido episodio de que en la Cancillería de Berlín los últimos resistentes fueron doscientos españoles mandados por un Teniente Coronel apellidado Equerra, lo adorna añadiendo que enarbolaban la “ikurriña” sabiniana. Exagera y con el disfraz que coloca, enmascara la realidad.

Los nacionalistas vascos antes de 1936 utilizaron como insignia la “euzkorratza”. Se trataba de una svástica igual que la de Hitler, solamente que girada medio ángulo recto. Posteriormente la fueron sustituyendo por una modificación. Se trata del “lauburu” símbolo empleado desde antiguo como elemento decorativo en casas del País Vascofrancés. La svástica se suaviza redondeando sus formas. Adquiere así una forma que recuerda a las hélices marinas. Hoy está muy difundida. Las mujeres y jóvenes vascas la lucen en sus cuellos en vez de las medallas religiosas. En las esquelas mortuorias sustituye con mucha frecuencia a la Cruz. Unas veces se trata de personas cuyas familias no les organizan exequias católicas. Pero otras anuncian la Santa Misa. Tremenda inconsecuencia después de haber prescindido de la Cruz.

Durante la guerra mundial las simpatías de los nacionalistas estuvieron en el bando aliado. Incluso organizaron una red de espionaje que trabajó para ellos. Un nacionalista alavés fue pasado por las armas. José Antonio de Aguirre pretendía un trato de favor por parte de las autoridades francesas y belgas y les recordaba que los vascos habían sido los primeros agredidos por los alemanes. Aludía al bombardeo de Guernica. Sin embargo….

Lo dirigentes nacionalistas Javier de Landáburu y Juan Manuel Epalza acudieron a una entrevista que les pidió el E. M. de la Wehrmacht en Paris. Me lo contó años después Juan Manuel Epalza, añadiendo que en todo momento actuaron con la autorización de José Antonio de Aguirre.

Recién salido del Penal de Puerto de Santa María, un amigo nacionalista me aseguraba que en su obra “Mi Lucha” Hitler se refería a la raza vasca como una de las puras con las que podían mezclarse los alemanes. Semejante mentira tuvo que nacer en la mente del algún compañero de prisión, a quien las horas de ocio le permitían soñar. Pero “el perro hambriento sueña con huesos”. En la obra “El Péndulo Patriótico” se menciona un documento de un nacionalista en el que espera un trato favorable por parte del Führer en gracia a una coincidencia en los principios raciales.

El nacionalista vascofrancés Eugeni Goyenetche fue represaliado por su colaboración con los alemanes.

Alguna afinidad entre el islam y el nacionalsocialismo tiene que haber cuando el Gran Mufti de Jerusalén pasó toda la guerra en Berlín y fue tratado por Hitler con gran deferencia. Con musulmanes bosnios organizaron dos divisiones de las SS. Los tártaros de crimen se pusieron del lado alemán con tal entusiasmo y eficacia que, al fin de la guerra, fueron deportados en masa a Siberia por Stalin. Los nazis que encontraron refugio en Egipto y fueron empleados como técnicos o instructores militares, se convirtieron todos al islam.

Algunos historiadores de las religiones consideran el islamismo como una derivación del arrianismo. En España los godos vitizanos, que oficialmente habían abandonado el arrianismo tres o cuatro generaciones antes, se islamizaron en masa. Ello hizo posible el afianzamiento de los moros en España, pues los invasores árabes y beréberes fueron muy pocos.

En Navarra ha actuado un grupo de izquierda “abertzale” que ha recordado a los musulmanes navarros, que los hubo. La familia de los “Banu Qasi” dominó el Valle del Ebro y tuvo su asentamiento en Tudela. El citado grupo era de Tafalla y denominaba a dicha Ciudad con el nombre de Al Tafailla.

Recientemente el sacerdote de San Sebastián Don José Antonio Pagola ha publicado un libro sobre Nuestro Señor Jesucristo que ha sido calificado como arriano por el Obispo de Tarazona y otros eminentes teólogos. No atribuimos las ideas heterodoxas a un posible nacionalismo del autor, cuyas simpatías políticas desconocemos. Desgraciadamente en todo el mundo católico se han extendido semejantes ideas. Librerías especializadas en temas religiosos venden verdadera basura juntamente con obras de buena doctrina.

Pero hemos observado que el libro se está difundiendo en ambientes nacionalistas vascos. Afines al PNV lo compran, que lo lean es otra cosa, y recomiendan su lectura. Entre ellos ya ha surgido la insidia:”Si el autor hubiera sido un teólogo de Burgos o Toledo ¿los habrían condenado?”. Para ellos basta que el autor sea vasco para, por encima de si su doctrina en sana o no, salir en su defensa.
¿Puras coincidencias? No se puede saber. El hecho es que existen. El nacionalismo es una religión. Religión falsa que es letal para la Fe católica. Lo demuestra el desastre que la Iglesia ha sufrido no sólo en el País Vasco y Navarra. También en Cataluña (¡Diócesis de Vich cuna de tantos santos sacerdotes!). En tierras más lejanas podemos contemplar lo ocurrido en Flandes y en Canadá francés.

Carlos Ibáñez Quintana.  

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