Revitalizar UPN.

Santiago Cervera, diputado de UPN en el Congreso. 21 octubre 2008 Opinión
Cuando estos días se escucha la palabra gobernabilidad, poca gente se para a intentar entender qué es lo que realmente significa. Se ha convertido en un mantra, una letanía que se repite y se repite, y al final se apodera de la propia conciencia. Para colmo, seguramente cualquiera tiene su propia idea de lo que debería significar. Obvio es que no significa lo mismo para los de UPN, los del PSN o los de NaBai. Así que hablar de gobernabilidad se ha convertido en un recurso facilón, siempre al alcance de quien quiere disimular cualquier otro tipo de intenciones. 

Me atrevería a definir gobernabilidad como la acción de gobernar adecuadamente, atendiendo al interés general y a las circunstancias políticas. Dicho así, parece una enunciación pedante de aquella definición que alguien dio de la política, el arte de lo posible. Pero va mucho más allá. Procurar la gobernabilidad no es dedicarse en exclusiva a prever los apoyos o alianzas que son posibles para el mantenimiento del poder. La gobernabilidad es ante todo la capacidad de gobernar, y de gobernar bien. De ampliar las posibilidades de ser reclamado para el gobierno por parte de los ciudadanos. La consecuencia es evidente: la gobernabilidad se gana gobernando, no sólo pactando.

En las pasadas elecciones forales, UPN bajó de 23 a 22 parlamentarios, a pesar de que subió unas décimas porcentuales en voto. Ese estancamiento se produjo después de haber gobernado durante cuatro años con plena libertad, puesto que el pacto con el CDN aportaba mayoría parlamentaria y apenas tenía costo político. Además, fueron cuatro años en los que los ingresos públicos crecían sin cesar, los mejores años para el dispendio y las tantas veces mentadas "políticas sociales". Como también es sabido, las elecciones se desarrollaron después de haber puesto toda la carne en el asador denunciando la negociación de Zapatero con ETA que tenía a Navarra sobre la mesa, como se ha demostrado al filtrarse las actas de las reuniones de Loyola. Con todo ese panorama, UPN baja un parlamentario. 

La pregunta que nos debemos hacer es si alguien ha analizado el por qué de ese estancamiento. Un partido político está sujeto también a la inexorable regla de la naturaleza que dice que todo lo que no crece, decrece. UPN no creció a pesar de tenerlo todo a su favor. ¿Todo? 

Convendría revisar si la política que venimos haciendo nos permite, de verdad, ampliar nuestra base social y electoral. Primordialmente, si la agenda de nuestras ocupaciones coincide con la agenda de las preocupaciones de la gente, si somos capaces de generar propuestas solventes para los retos sociales y si además sabemos comunicarlo de manera eficaz. Asuntos tan dispares como la inmigración o la fiscalidad, a pesar de lo que afectan a la vida cotidiana de todos, han sido tratados de manera tópica y poco ambiciosa en los últimos años. En la mayor parte de las áreas de gestión pública, el motor de la acción política no es un ideario transformador, una ambición legítima por reformar las cosas, sino la mera inercia del gasto público. Incluso alguien se atrevió a gloriarse de la política social del partido, diciendo campanudamente que "a rojos no nos gana nadie". Ha quedado muy poco sitio para hablar a la sociedad desde la óptica del liberalismo y el reformismo; UPN ha practicado tal tipo política que apenas mantiene una tenue separación con el socialismo (tal como reconocía en entrevista periodística, por cierto, el empresario hotelero tan mentado últimamente).

Y precisamente lo que debiéramos estar haciendo es lo contrario de lo que hacen los citados marxistas: fortaleciendo la sociedad frente al estado; administrando con austeridad esencial, no coyuntural; liderando de manera decidida los retos que tenemos por delante, con visión estratégica; y retando diariamente a las conciencias sociales desde el discurso de la libertad, no del colectivismo. Sabido es que la mediocridad política, en el prado que mejor pace es en el de la anulación de la capacidad civil. 

La gobernabilidad, en efecto, se gana principalmente gobernando, no pintando líneas en diagramas de prospectiva facilona. Pase lo que pase en estos días cruciales para el futuro de UPN, lo que no debiéramos olvidar es que necesitamos revitalizar con urgencia nuestro proyecto político, y para ello tenemos (o tal vez, teníamos) una oportunidad en nuestro próximo congreso que será un tren que no pase dos veces por esta estación. Lo más dramático del lío en el que estamos metidos es que está drenando las fuerzas, las capacidades y el talento que necesitamos activar para intentar redefinir nuestro proyecto de compromiso con la sociedad navarra. Es letal que alguien crea que nuestra mera presencia institucional y territorial como organización política nos garantiza el éxito futuro. Lo que tendríamos que hacer es reconocer que tantos años de gobierno probablemente nos han generado unos cuantos michelines actitudinales que tenemos que reducir lo antes posible, porque de lo contario vamos camino al fracaso. Y a partir de ahí, abrir ventanas, palpar qué es lo que la sociedad nos exige, mirar el resto de mundo, e intentar revitalizar un proyecto político que hoy es tan necesario como siempre.

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Santiago Cervera, diputado de UPN en Madrid.

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