El Parlamento Foral aprobó ayer la iniciativa de IU sobre la Segunda República.

Redacción 15 abril 2008 Noticias
A continuación, reproducimos un discurso del 9 de noviembre de 1933 del líder socialista Largo Caballero, más conocido entre sus propios adeptos como el Lenin español, recogido por el diario “El Socialista” (fundado por Pablo Iglesias). El discurso, uno entre muchos que podríamos citar, no sólo llama la atención por su carácter poco democrático, sino por su escasa adhesión a una República que califica de “dictadura burguesa” y cuya enseña (la famosa bandera tricolor) aspira a arriar de los edificios públicos para sustituirla por la bandera roja de la revolución socialista. Menos de un año después, se produciría la intentona golpista contra la república (entonces gobernada por la derecha) de 1934.

La Monarquía cayó por el empuje de unas elecciones municipales. Mucha gente, sobre todo en el extranjero, elogió aquel sentir típico de España, que el 12 de abril se desembarazaba de los obstáculos tradicionales pacíficamente.

Pues yo os digo que este movimiento pacífico, que entonces nos pareció digno de alabanza, fue el primer error de la revolución española. Y ahora nos encontramos con que el enemigo retoña y hoy vuelve a poner en peligro la vida de la República.

No les extrañe que, si la historia se repite y es preciso volver de nuevo a un movimiento revolucionario, este no sea pacífico. Y la culpa será de ellos.

El Partido Socialista fue al Gobierno provisional en minoría… Y por eso aceptamos desde el Gobierno Provisional que se convocaran unas Cortes inmediatamente. Ese fue el segundo error de la Republica española. Fuimos a las Cortes prematuramente antes de hacer la revolución, para que luego la hubiera sancionado el Parlamento.

La candidatura que forma el frente antimarxista está compuesta por fascistas, monárquicos y los republicanos radicales y conservadores. ¿Qué diferencia hay ?pregunto- entre los unos y los otros? Ninguna.

No nos conformamos con pensar que va a haber en el banco azul dos ministros socialistas. No basta con eso para gobernar… Hay que tener todos los gobernadores socialistas. Hay que tener el Poder judicial que hoy está en manos de la burguesía.

Y todos los medios coercitivos del Estado. Es preciso tener en la mano todas las palancas del Gobierno.

Se dirá: "¡Ah, esa es la dictadura del proletariado!". Pero ¿es que vivimos en alguna democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura burguesa?

Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada.

No ocultamos que vamos hacia la revolución social. ¿Cómo? (Una voz del publico: "Como en Rusia"). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social. Y yo digo que la burguesía no aceptará una expropiación legal. Habrá que expropiarla por la violencia (Ovación). Mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia.

Ya han iniciado los enemigos la guerra y dicen por boca de Gil Robles que, si el Parlamento no les sirve, irán contra él. Pues bien, nosotros respondemos: "Vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero, si no queréis, haremos la revolución violentamente" (Gran Ovación).

Esto, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil.

Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil. ¿Qué es, si no, la lucha que se desarrolla todos los días entre patronos y obreros? Estamos en plena guerra civil. No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El día 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas.

¿Excitación al motín? No. Simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse bien para todos los acontecimientos que ocurran, y el día que nos decidamos a la acción, que sea para algo definitivo, que nos garantice el triunfo sobre la burguesía.

Si alguien intenta un golpe de Estado, salid a la calle inmediatamente. Y ese será el principio de la Republica social, en la que se realice la igualdad económica. Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no una bandera tricolor de una Republica burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista.

Quien haya seguido hasta aquí la línea de pensamiento del líder socialista, entenderá el poco sentido que tiene hoy en día pretender adscribir a los españoles del año 2008 en los discursos políticos de 1931.

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