Curas y futbolistas

Las mujeres son distintas al resto de las personas. Eso es algo tan evidente que resulta complicado de argumentar. Renuncio pues a convencer a quienes se empeñan en negar la diferencia. Nunca diré que las mujeres no puedan hacer las cosas que hacen los hombres. O viceversa. Lo único que afirmo es que, generalmente, ni a las unas ni a los otros nos apetece hacer lo que habitualmente hace la otra mitad de la humanidad. Y a veces es que no hace falta. 

Con la excusa de que se hace preciso derribar – con razón – los mitos del machismo decimonónico la vieja sabiduría natural que predica la complementariedad y la armonía entre los desiguales está cayendo día a día en el olvido. Menos mal que todavía nos quedan reductos importantes. ¿Se dan cuenta de que los mayores espectáculos de masas, como la Misa, o el fútbol, siguen en manos exclusivamente masculinas? Efectivamente, el mundo está cambiando, -otro mundo ya es posible, señores de Diario de Noticias-, pero hay cosas que permanecen, como la ley de la gravedad. Así es la vida.

 

Jerónimo Erro

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