Los familiares de los presos etarras que mueren en la carretera.

Marcos Andía 26 diciembre 2007 Opinión

En primer lugar, quiero aclarar que yo lamento mucho que el padre, la madre, el hermano o la novia de un etarra encarcelado mueran en un accidente de tráfico al ir a visitarlo. Pero eso es una cosa y otra muy distinta tragar con la manipulación que se pueda llevar a cabo con una muerte en accidente de este tipo. Que no me digan que esas personas son víctimas de ningún conflicto ni ninguna represión por dos razones. Primero porque, de ser víctimas de alguien, serían una víctima más del comportamiento delictivo por el que su hijo, hermano o novio se encuentra encarcelado. Segundo, porque en este "conflicto" está muy claro quién pone las víctimas y quién pone a los asesinos. Así que no cuela inventarse cualquier cosa para crear y contabilizar víctimas que justifiquen a los asesinos. No vale contar como víctima propia a alguien que se desplaza en coche a visitar a un familiar preso. Por esa regla de tres, si el familiar de un preso falleciera al caerle una maceta desde un cuarto piso paseando por Carlos III, podríamos decir que le hubiera salvado la vida haber estado en ese momento conduciendo hacia una cárcel de Cuenca. Como no creo que nos aceptaran este argumento, tampoco tiene sentido aceptar el otro. Se trata de una contabilidad absurda e imposible y no hace falta ser Descartes para desenmascararla. Claro que, entre los entusiastas de este tipo de argumentos, no es que abunden los filósofos.

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