ANFAS y Cruz Roja de Navarra.

Nicolás Iribas Sánchez de Boado. Ex 12 noviembre 2007 Opinión
Estos días venimos asistiendo en Navarra a la constatada necesidad de la labor de las entidades que actúan en el ámbito de los denominados Servicios Sociales a favor de los más desfavorecidos. Ámbito éste, sin embargo, de fronteras difusas y aun cuestionables puesto que la superación de facto de los conceptos de asistencialismo o beneficencia en esta materia hace que quede muy en entredicho cuál sea su verdadera delimitación.

De una parte, se ha iniciado la difusión por parte de ANFAS de una campaña de llamamiento a la colaboración ciudadana para el sostenimiento y consecución de los nobles fines de esta entidad. Ello con la vista siempre puesta en el horizonte de la atención a las personas con discapacidad intelectual y sus familias. No cabe duda de que es éste un sector de la sociedad particularmente vulnerable. Su atención a través de una callada pero muy eficaz labor por parte de profesionales y multitud de personas voluntarias, todos ellos anónimos, encierra toda una filosofía vital de entrega personal, altruismo y humanismo.

Por otra parte, el Gobierno de Navarra ha venido a fijarse en Cruz Roja Navarra para el reconocimiento público de su excelsa labor con la alta distinción que supone la Medalla de Oro de Navarra 2007 -ANFAS ya lo fue en el año 1.999-. Tratar de glosar aquí los logros que una institución como Cruz Roja Navarra ha venido alcanzando sería cuando menos presuntuoso. Esta más que centenaria entidad ha escrito desde el siglo XIX verdaderas páginas de heroica entrega que, al igual que en el caso de ANFAS, únicamente por consideración a sus semejantes es capaz de llevar a cabo el ser humano.

Tanto en uno como en otro caso, nos encontramos ante paradigmas de actuación que oxigenan la atmósfera social, a menudo cargada de individualismo, búsqueda del yo y de un éxito personal o colectivo mal entendido, que a menudo no conduce sino al vacío. Ello hace que casi diariamente nos veamos salpicados por hechos noticiosos que abren telediarios y portadas de periódicos, y que dan pie a que muchos analistas, y la sociedad en su conjunto, tratemos de encontrar una explicación racional a la barbarie, al menosprecio de la persona por sus semejantes, al absurdo. Es entonces cuando acudimos a la búsqueda de deficiencias en el sistema educativo, social, etc. Todo ello planteado como algo ajeno al individuo como persona y de modo abstracto, como si estuviese desligado de la persona y su dignidad. El comportamiento humano no parece susceptible de ser diseñado desde laboratorios o despachos más o menos inspirados por concepciones sesudas o burocráticas.

Quizá nos cueste darnos cuenta de que los miles de voluntarios de ANFAS y Cruz Roja Navarra, entre otras tantas entidades, no se mueven por otra cosa que la consideración de la persona como eje central del sentido de la existencia humana; y ello más allá de estructuras formales, estudiosos eruditos e incluso reconocimientos públicos, aunque éstos nunca estén de más en una sociedad que, teniendo un inmenso capital en sus arraigados valores de humanismo, encuentra frecuentemente la atracción en lo excepcionalmente perverso del actuar de la persona.

Gracias y muchos éxitos, por tanto, a todas las personas que de uno u otro modo, de manera particular y a través de instituciones y entidades como las que son noticia estos días, se mueven y actúan por la persona en sí misma considerada. A buen seguro que en su labor cotidiana ya hallan una recompensa que no buscan, y que en ese desinterés encuentra posiblemente su grandeza.

Nicolás Iribas Sánchez de Boado

Ex-Director Gerente del Instituto Navarro de Bienestar Social del Gobierno de Navarra

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Esta noticia la publicamos el 6 de junio de 2017