De persona a mero ciudadano.

Marcos Andía 15 octubre 2007 Opinión
Tal como hoy cuenta Navarra Confidencial, la “inofensiva” asignaturilla de Educación para la Ciudadanía que ZP se ha sacado de la manga nos hace pasar de personas a ciudadanos. Así, como quien no quiere la cosa. Y la cosa tiene su miga. Porque mientras que el ciudadano es un producto cultural, cuyos derechos y deberes delimita en cada sociedad la legislación positiva, la persona es un concepto anterior, un presupuesto anterior al mismo derecho. Si consideramos que los derechos de la gente se derivan de la condición de ciudadanos, entonces la misma ley que reconoce un derecho puede quitarlo. Si, por el contrario, consideramos que los derechos son inherentes a la persona, entonces los derechos fundamentales de las personas son anteriores a las leyes, las leyes no pueden otorgar o denegar esos derechos arbitrariamente y las leyes deben reconocer esos derechos para ser leyes justas. Es lo que, por ejemplo, establece la famosa Declaración de Independencia de los EEUU, cuando declara que los gobiernos se instituyen para asegurar estos derechos que son previos a la propia existencia del gobierno, y que cuando un gobierno no sirve para asegurar estos derechos se hace odioso y hay que cambiarlo:

Nosotros creemos ser evidente en sí mismo, que todos los hombres nacen iguales y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables: que entre estos son los principales la seguridad de la libertad y la vida, que constituyen la humana felicidad: que para asegurar estos derechos se instituyeron entre los hombres los gobiernos, derivando sus justos poderes del consentimiento de los pueblos: que siempre que cualquiera forma de gobierno se haga destructiva de estos fines, toca al derecho imprescriptible de la sociedad alterarla, o abolirla y escablecer otra nueva, zanjando sus fundamentos sobre aquellos principios, y organizando sus poderes de la manera que juzgue mas conducente para el efecto de su seguridad y felicidad.

Educación para la ciudadanía, de hecho, recupera el viejo concepto positivista del Leviatán, que hizo crisis con el nazismo. Así, tras la Segunda Guerra Mundial, los alemanes se dieron cuenta de que, juzgados con las leyes que ellos mismos habían aprovado, los dirigentes nazis (que habían llegado al poder por las urnas) podrían ser inocentes de todos sus crímenes. Un servidor ha escuchado en persona a Gregorio Peces-Barba, defensor a ultranza de EpC, sostener que los nazis no eran malos por ser malos, sino por haber perdido la guerra.

Los alemanes, sin embargo, aprendiendo la lección de lo sucedido con el nazismo, en la nueva constitución alemana devolvieron a la persona sus “sagrados” derechos fundamentales, retirando al estado y a la legalidad positiva la capacidad de ser él quien determinara los derechos de las personas.

Artículo 1.0.
1. La dignidad del hombre es sagrada y constituye deber de todas las autoridades del Estado su respeto y protección.

2. El pueblo alemán reconoce, en consecuencia, los derechos inviolables e inalienables del hombre como fundamento (Grundlage) de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo.

3. Los derechos fundamentales que se enuncian a continuación vinculan al Poder Legislativo, al Poder Ejecutivo y a los tribunales a titulo de derecho directamente aplicable.

Pues bien, es al viejo concepto totalitario y relativista del derecho al que nos devuelve la EpC, para la que ya no somos personas sino ciudadanos. Lo malo es que no se trata de que el totalitarismo desarrollara todas estas ideas, más bien al contrario: son este tipo de ideas las que desarrollaron el totalitarismo. De ahí el peligro de volver a recuperarlas.

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