Por enésima vez: el País Vasco no es Irlanda.

Marcos Andía 8 octubre 2007 Opinión
No sé ustedes, pero un servidor está ya un poco cansado de oír a los nacionalistas tratando de comparar permanentemente el País Vasco con Irlanda. Antes también les gustaba compararse con los palestinos, e incluso iban por ahí haciendo el indio con el kufiya, pero desde que Fatah y Hamas (PNV y Batasuna, si aceptamos la comparación) andan a tiros y en guerra civil para regocijo de los israelíes, el nacionalismo vasco ha decidido olvidarse de los palestinos y centrarse en el ejemplo irlandés.

Lo malo es que el ejemplo irlandés, a poco que uno se lea la declaración de Downing Street y los acuerdos de Viernes Santo, se parecen como un huevo a una castaña al caso del País Vasco. A poco que uno se lea los acuerdos, insisto.

Así, por ejemplo, partimos ya de un territorio en litigio entre dos estados independientes: Reino Unido por un lado e Irlanda por otro. Lo de Ibareche y compañía, por tanto, sólo empezaría a parecerse a Irlanda si el País Vasco fuera un territorio en litigio entre España y Francia, y el problema de Ibarreche con España fuera que Ibarreche quisiera ser francés. Pregunten a cualquier nacionalista, sin embargo, y no tendrá la más mínima duda de que el caso irlandés es clavadito, oh la la, mais oui, a lo que pasa en el País Vasco.

Otra diferencia esencial, y que impedía que el IRA se sumara al acuerdo, es que no se reconoce el derecho a la autodeterminación del pueblo irlandés. Lo que se reconoce, de hecho, es el derecho de Irlanda del Norte a no formar parte de Irlanda del Sur, y a seguir siendo parte de Gran Bretaña. En fin, que se trata de justo todo lo contrario de lo que quieren los nacionalistas de aquí. En Eire, quienes reclaman el “derecho a decidir” son los pro-británicos para no formar parte de Irlanda. O sea, que lo más parecido a la declaración de Downing Street que va a poder encontrar Ibarreche en el caso que nos ocupa es… ¡la Transitoria Cuarta!

Es más, los acuerdos alcanzados en Irlanda reconocen la legitimidad del dominio británico y la adhesión de la mayoría de la población a ese dominio.

Y aún hay, por lo menos, otra circunstancia diferenciadora de las que podríamos llamar esenciales, y es que en Irlanda todo el mundo mataba a todo el mundo. Lo cual es terrible, pero absolutamente necesario para iniciar un proceso de paz. Porque, ¿en qué consiste un proceso de paz? Pues en llegar a un acuerdo por el que tú dejas de matarme a mí a cambio de que yo deje de matarte a ti. Como aquí sólo asesinan los nacionalistas (por más que se agarren a la existencia de grupos extintos hace décadas), requisito imprescindible para iniciar un “proceso de paz” sería que previamente los no nacionalistas empezaran a asesinar nacionalistas. Por eso aquí no cabe hablar de proceso de paz sino de rendición o claudicación, y por eso lo que se exige aquí a los no nacionalistas no es que dejen de matar sino que paguen un precio político por vivir. ¿Y qué ofrecen los nacionalistas? Nada, ellos nunca ceden nada, ellos sólo ofrecen dejar de matar a cambio de que se les dé lo que piden. Como la mafia, oiga. Esto no es como Irlanda, lehendakari, ¡es como Sicilia!

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