QUE SEA NUESTRO “CASCO VIEJO” UN “CASCO ANTIGUO” Si alguien piensa que se exagera cuando se dice que el comercio tradicional y urbano de Pamplona esta difunto, que se de un paseo por el casco viejo en un día normal. Si no se le cae el alma a los pies será, sólo, por tres razones: 1ª. No es de Pamplona y, por lo tanto, no ha se ha criado ni ha vivido entre sus calles. 2ª. No venía nunca a Pamplona con La Baztanesa, La Burundesa, La Estellesa, La Roncalesa, La Tafallesa, La Veloz; o antes con el tren Irati o el Plazaola y cualquiera de las otras muchas antiguas compañías; sólo o con su familia, a comprar y hacer recados por sus calles. 3ª Razón y ultima. No tiene alma… Muchos de estos comercios, ya desaparecidos, son y serán la historia, mas domestica e intima, de nuestra ciudad. Esa historia que ha contribuido a hacer de nosotros lo que hoy somos como navarros. Lejos de esa otra historia -la oficial- grandilocuente y transfigurada, en muchos casos, que se ha cocido entre los lejanos mentideros de Madrid y su corte. Conviene recordar que Pamplona debe, en gran parte, su supervivencia histórica como ciudad del camino de Santiago a sus burgos (que estaban, básicamente, formados por artesanos y comerciantes). La liberación en la alta dependencia y vasallaje a los antiguos nobles se debe, en toda Europa, al asentamiento y desarrollo de estos burgos (primeras ciudades más libres). Ya en otras épocas, no tan antiguas (con sucesivas monarquías, republicas y guerras en España) nuestra Diputación pudo sobrevivir, en gran manera, gracias a la contribución de aquellos comerciantes, de entonces. Muchos insignes hijos de nuestra tierra han salido de entre las paredes de algunas de esas tiendas, hoy cerradas, y tristemente abandonadas, de Pamplona. Me entristece decir que mientras en otras comunidades y ciudades cercanas se exacerba el estudio y conservación de su historia ciudadana y étnica -hasta límites que casi rayan el fanatismo-, aquí despreciamos casi todo lo que sea tradición y lo consideramos rancio y obsoleto. ¿Se mostrará en el futuro a los antiguos comerciantes urbanos en ferias y escenografías de sabor pretérito, como se hace ahora con los artesanos? No estaría de mas que algunos de esos memorables comercios, que todavía hoy conservan (aunque cerrados) sus fachadas e interiores, se declararan patrimonio de la ciudad (seria todo un, simbólico, detalle de nuestro ayuntamiento). Y a los pocos que van quedando en funcionamiento -muchos de ellos son los últimos de una larga saga familiar- ayudémosles entre todos, Ayuntamiento, instituciones y ciudadanos. Para que, ante sus jubilaciones, puedan traspasar su “saber hacer” y su nombre a las nuevas generaciones; dando reconocimiento y continuidad, así, a su inestimable servicio ciudadano. Todo ello con unas claras políticas que favorezcan la supervivencia y desarrollo de nuestro comercio urbano tradicional. Políticas que se vuelquen, claramente, a conseguir del centro de Pamplona una ciudad llena de vida y actividad ciudadana. Que nos permitan hacer de nuestro casco viejo un casco antiguo. Y no, un “gheto” para desfavorecidos. Carlos Amat

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