Adolfo Pérez – Jacoiste

Redacción 1 marzo 2007 Opinión
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LA TRANSITORIA CUARTA, DE MARRAS Muchas son las voces que han opinado sobre esta disposición; unas diciendo que es un artilugio para defender la identidad de Navarra, otras diciendo que justamente la pone en riesgo. Ultimamente, incluso, el PP navarro ha propuesto su eliminación. La Transitoria Cuarta es un mecanismo excepcional para Navarra y el País Vasco que, por un lado, permite que Navarra pueda pasar a formar parte de la Comunidad Autónoma Vasca, y por otro establece como requisitos para esa incorporación la aprobación del Parlamento Navarro primero y la la de la los navarros en referendum después. Para CDN, por ejemplo, esto supone una salvaguarda que garantiza que nada se pueda decidir sobre el futuro de Navarra sin los navarros, y por tanto defienden la Transitoria. Para otros, sin embargo, su eliminación serviría para equiparar Navarra con el resto de comunidades quedando afectada entonces por el artículo 145 de la Constitución (“En ningún caso se admitirá la federación de Comunidades Autónomas”) y por el procedimiento agravado de mayorías y referendum que establece la Constitución Española para su reforma. Por consiguiente, la eliminación de la Transitoria Cuarta supondría no tanto una traslación de la capacidad de decisión fuera de Navarra como una negación de la cosa a decidir. De hecho, desaparecería cualquier previsión respecto a la incorporación de Navarra a Euskadi, la posible federación con Euskadi pasaría a ser anticonstitucional y dicha federación, para ser posible, exigiría un cambio en la actual Constitución Española. Más allá del peso que cada navarro pueda dar a lo uno o a lo otro, mi opinión es que la Transitoria Cuarta es una disposición aberrante. La razón es que se trata de una claúsula humillante para Navarra que presupone una total inversión de la historia. Según mi criterio, debiera ser o directamente eliminada o sustituída por otra en la que, restituyéndose la lógica histórica y el sentido común, fuera la Comunidad Autónoma Vasca la que, si así lo solicitara, pudiera pedir su incorporación a Navarra, para que a continuación los navarros tuviéramos que pronuciarnos primero en nuestro Parlamento y luego en referendum aceptando o rechazando dicha solicitud. Es decir, que la discusión acaso pudiera ser si las cadenas de Navarra algún día ondearían en los balcones de las actuales instituciones vascas, pero nunca si la ikurriña algún día ondeará en los balcones de las instituciones navarras. Lo contrario es, sencillamente, aberrante, y no obstante justo lo que consagra la Transitoria Cuarta. Adolfo Pérez – Jacoiste

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